Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

19,000 people fit into the new Barclays Center to see Jay-Z perform. This blog was viewed about 58.000 times in 2012. If it were a concert at the Barclays Center, it would take about 3 sold-out performances for that many people to see it.

Haz click para ver el reporte completo.

Unas últimas palabras para decir Gracias

Siempre me cuesta empezar a escribir, minutos buscando en la cabeza la mejor forma de mezclar palabras para comunicar un mensaje, y como era de esperar, está vez me ha vuelto a costar.

Hace unos meses rebuscando en la memoria de una infancia que casi no recuerdo, apareció la imagen de una Yashica de los años setenta que rondaba por mi casa de la que mis padres siempre decían “esta cámara saca unos fotos preciosas”. Recuerdo también como cuando estaba solo en casa, iba al cajón donde la guardaban y jugaba con esos números y letras escritos en una ruleta que no sabía que significaban, tomaba miles de fotos sin carrete, apretaba y movía esa misteriosa ruleta sin ningún sentido nada más que el de divertirme.

Han pasado más de veintinueve años desde entonces, y aunque por desgracia las cámaras de hoy no son lo que eran antes, sigo a mis casi cuarenta años dando vueltas a esas no ya tan misteriosas ruletas con la misma ilusión y ganas de divertirme como lo hacía cuando era un mocoso de pelo largo.

Desde hace casi trece años la magia que hay detrás de congelar un instante de la vida ha sido el único camino donde me he sentido libre. En ese momento en el que miro a través del objetivo, el tiempo deja de importar, los problemas desaparecen, y de repente empieza la magia de miradas que se cruzan, de llantos que atraviesan los tímpanos, de caras a las que duele mirar.  Hace trece años, de la mano de Jan, un fotógrafo de guerra inglés que no soportó los recuerdos, empecé a aprender poco a poco los secretos de mirar, de buscar más allá de lo visible. Recuerdo como siempre que caminábamos por las calles de Londres me repetía una y otra vez: “detrás de cada cristal, siempre puedes encontrar una mirada reflejada Omar, nunca te olvides”.

Jan siempre decía también: “no soporto jugarme la vida para mostrar lo que pasa en otro lado del mundo, para tener que fregar platos en este hotel para poder comer, no creo que puedo seguir mucho más tiempo así”. A los pocos meses, el suicidio fue la única salida que encontró a sus pesadillas. Desde entonces, he recorrido más de sesenta países, vivido en ocho de ellos, trabajado desde camarero a vendedor de películas porno en gasolineras españolas, desde auxiliar de vuelo a propietario de un pequeño hotel, y lo único que queda intacto de todo ello es esa pasión que nunca he perdido por fotografiar.

Sin quererlo un día, Camboya se cruzó en mi camino. Allí donde iba solo veía miradas que me hablaban, expresiones que no olvidaba, y nació mi interés por el fotoperiodismo. Sin saberlo, ya lo había hecho años antes en Cuba, cuando el Huracán Wilma truncó nuestro planes de recorrer la isla y pasé días compartiendo en la mágica Habana Vieja conversaciones llenas de esperanza mientras las olas destrozaban el mítico malecón habanero. Pero sin duda, Camboya ha sido el país donde me he dado cuenta que sin la cámara casi nada tiene sentido en mi vida.

Los vertederos de basura camboyanos supusieron ese primer paso que todos damos para que unos pocos conozcan nuestro trabajo. Esta bitácora, olvidada durante los últimos meses, fue ese segundo paso, y el camino para conocer a muchos compañeros. Pero sin duda, fue ese primer loco viaje a la frontera entre Túnez y Libia el que puso todo patas arriba. En La Maison Blanche de la capital tunecina tuve la suerte de escuchar por primera vez a la tía con más ovarios que he conocido en mi vida y desde entonces un gran amiga, la compañera Amaia López de Munaín. Con ella durante semanas, miramos a los ojos de los refugiados libios, y encontramos a esa pequeña gran familia de Yefren, un pueblo de las montañas de Nafusa, con los que descubrimos la humanidad Amazigh y la hipocresía de esas Gran Naciones Des-Unidas.

Junto a Amaia López de Munaín en la frontera Libia-Túnez. Mayo 2012. / Foto: Moussa Madi

Junto a Amaia López de Munaín en la frontera Libia-Túnez. Mayo 2012. / Foto: Moussa Madi

En Noviembre, el segundo alzamiento del pueblo egipcio me llevó a recorrer la plaza Tahrir al lado de algunos de los mejores fotoperiodistas. Recuerdo como pasé más tiempo observando al enorme Manu Brabo fotografiar que haciendo mi trabajo. En esos días en El Cairo compartí conversaciones, habitación, risas, sawarmas y a un conductor al que bautizamos como Musta-Fuck, por sus eternas conversaciones sobre masturbación en los lavabos, pero sobre todo, aprendí fotografía y vida observando a compañeros de la talla de Guillem Vallé, Fabio Bucciarelli, Cesare Quinto, Olga Rodríguez, Francesca Cicardi, Sergi Cabeza o Marc Almodóvar entre muchos otros.

En estos tres últimos años, he tenido el honor de conocer a gigantes de esta profesión, de intercambiar opiniones, pero una vez más sobre todo de continuar aprendiendo de personas como Merche Negro, Antonio Tejada, Javier Couso, Eduardo de Francisco, Laura Villadiego, Pau Llop, Ricardo García Vilanova, Lluis Hurtado, Diego Ibarra, Víctor Pozo, Ignacio Pulido, Antonio Pampliega, Shahira Amin, Baher Kamal o David Rengel entre muchos otros. De admirar el impresionante trabajo que hacen personas como Alberto Arce, Mónica Bernabé, Unai Beroiz, Zigor Aldama, Carlos Sardiña, Malika Youssouf, Juanlu Sanchez, Ignacio Escolar, Alberto Prieto, Maysun Ailena, Eloy Alonso, Samuel Rodriguez, Javier Espinosa, Samuel Aranda, Gabriel Pecot o Walter Astrada, por nombrar solo a alguno de los que he aprendido y sigo aprendiendo día tras día.

Con Manu Brabo, Cesare Quinto y Francesca Cicardi en El Cairo. Noviembre 2012 / Foto: ©Fabio Bucciarelli

Con Manu Brabo, Cesare Quinto y Francesca Cicardi en El Cairo. Noviembre 2012 / Foto: ©Fabio Bucciarelli

Dos años donde por fin he dejado de ser esa persona que siempre fui para ser quien soy, donde por fin me he liberado de una vida anclada en lo que pudo ser en el pasado y llena de objetivos futuros para pasar a disfrutar cada minuto como si fuera el último, sin duda algo que sin todas esas personas, experiencias o historias que en estos últimos años he tenido el privilegio de escuchar y vivir no hubiera sido posible.

Hoy, Camboya vuelve a ser mi realidad, un presente bastante diferente que el de cuando la dejé. Por fin empiezo a encontrar respuesta a esos miles de preguntas que han taladrado mi cabeza durante los últimos cinco años. Por fin entiendo que aparte de los problemas que he contado en esta bitácora durante los dos últimos años, también existe una sonrisa eterna llena de conformismo en un país extraño como Camboya.

Camboya ha sido sin duda mi primer paso en un camino donde todavía tengo muchísimo que aprender. Con un objetivo claro, la fotografía, es hora de dejar que sean las imágenes las que hablen sin palabras, y dejar las frases para los que saben escribir de verdad. Las palabras ya no fluyen por mi cabeza como en estos dos años donde solo quería gritar, y es hora dar un paso más hacia adelante en este duro camino del fotoperiodismo, por ello este es el último artículo de este Mundo Olvidado. En los más de dos años de vida de esta bitácora, me he sentido abrumado por la cantidad de personas que se han interesado por esta Camboya ignorada casi por completo por los medios de comunicación del mundo entero.

Mundo olvidado no hubiera podido existir sin ellos, esas personas que me han enseñado el verdadero color de la vida, los niños de la basura, los refugiados libios, las campesinos vestidos de rojo en Bangkok, los jóvenes egipcios, las mujeres Amazigh…tampoco hubiera podido existir sin vosotros, más de 140.000 visitas en menos de tres años, algo impensable cuando comencé este blog hablando de los camisas rojas tailandeses, y para mi ha sido un autentico placer compartirlo con vosotros. De corazón, GRACIAS A TODOS.

Nos veremos muy pronto desde cualquier otro rincón de este Mundo Olvidado……

Vertederos de Basura de Siem Reap, Camboya / Foto: ©Amit Padhiar

Vertederos de Basura de Siem Reap, Camboya / Foto: ©Amit Padhiar

El virus EV71 podría ser la causa de la “misteriosa muerte” de docenas de niños camboyanos

Aunque todavía es pronto para afirmar que el virus EV71 es el culpable de la misteriosa muerte de al menos sesenta niños camboyanos en las últimas semanas, los últimos avances en las investigaciones sobre la que fue bautizada por la OMS como “misteriosa enfermedad” parecen indicar que la enfermedad de boca, manos y pies es la causa principal.

El EV71 es una dolencia común de la infancia, para la cual no existe vacuna / Foto: ©Omar Havana

El EV71 es una dolencia común de la infancia, para la cual no existe vacuna / Foto: ©Omar Havana

El Instituto Pasteur analizó muestras tomadas de 24 pacientes, de las cuales 15 dieron positivos del Enterovirus tipo 71, según confirmaba el doctor Philipe Buchy via email, “tendremos más resultados el próximo martes miércoles” finalizaba.

El EV71 es una dolencia común de la infancia, para la cual no existe vacuna. Los síntomas se tratan de forma aislada, pero no existe terapia para la enfermedad, siendo altamente contagioso. Los niños son los más vulnerables. Ataca principalmente a los menores de 6 años, y con mayor frecuencia a los menores de 2 años. Raras veces afecta a los adultos, que generalmente cuentan con las defensas suficientes para rechazar la infección. Pero aunque pueden no presentar síntomas, pueden ser portadores del virus e infectar a otras personas.

La Organización Mundial de la Salud advertía tan solo hace unos días del descubrimiento de una enfermedad desconocida que estaba afectando sobre todo  a los niños en Camboya, en un comunicado de prensa la OMS junto al Ministerio de Salud camboyano anunciaban el pasado 4 de Julio que 61 niños habían muerto debido a esta extraña enfermedad, cifra que ha sido reducida a 51 en el último comunicado que la OMS ha distribuido hace tan solo unas horas. Declaraciones que según el Doctor Richner, fundador de los hospitales Kantha Bopha en Camboya, fueron precipitadas y poco profesionales, llegando a causar pánico innecesario en la población del país asiático.

Incluso las cifras que la OMS ha comunicado en su última nota de prensa no se corresponden con las dadas por el hospital Kantha Bopha, donde se han producido la mayoría de muertes por EV71, “desde abril de 2012, 66 niños han sido ingresados con síntomas similares. La mayoría, de entre 2 y 3 años de edad, sufrían encefalitis, desarrollando en las horas previas a la muerte, la destrucción total de los alvéolos pulmonares. 64 de los 66 niños murieron, en la última semana solo hemos tenido dos casos de esta enfermedad en los cinco hospitales Kantha Bopha de Camboya”.

Richner dijo que el número de afectados por la enigmática enfermedad es relativamente bajo: 34 casos en junio, en comparación con los 75,000 niños enfermos en los hospitales para pacientes externos de Kantha Bopha y los 16,000 niños hospitalizados. Sin embargo, Pieter van Maaren, de la OMS en Camboya, rechazó las acusaciones de que el organismo ha causado pánico en la población. Van Maaren Dijo que Richner fue quien declaró previamente, en una carta al gobierno, que la situación era “muy severa”.

El EV71 fue descubierto en California en 1969. La enfermedad de manos, pies y boca se contrae con mayor facilidad en verano y principios de otoño. Se transmite por el aire, al tocar objetos contagiados o por el contacto con ampollas, mucosas o heces infectadas.

La mejor forma de prevenirla es observando una buena higiene ambiental, personal y alimentaria; evitar el contacto con las personas contagiadas y mantener a los niños alejados de las multitudes.

En la última década, los mayores brotes de esta enfermedad atribuidos al virus EV71 se registraron en el Sudeste Asiático en Malasia en 1997 y en Taiwán en 1998. En 2007 China registró 80.000 casos de la enfermedad y 17 muertos.

Aunque todavía es temprano para confirmar que todas las muertes fueron por causa del EV71, este avance ha desmitificado la bautizada como “misteriosa enfermedad” que está matando a docenas de niños camboyanos en las últimas semanas.

Dos años después, la situación de las 300 personas que viven en los vertederos de basura de Angkor no ha mejorado

A tan solo unas decenas de kilómetros de los mundialmente famosos templos de Angkor, unas trescientas personas viven desde hace años las consecuencias de la extrema pobreza.

En los vertederos de basura de Anlong Pi, todas las palabras adquieren un nuevo significado. Es aquí donde hace menos de dos años un niño definió la palabra felicidad con ver salir el sol cada día, es aquí donde las sonrisas se confunden con los llantos. En Anglong Samram, el nombre que los habitantes del vertedero utilizan para llamar a su “Lago de Basura”, la vida no ha mejorado.

Mi primero contacto con ellos fue durante el verano de 2010, de aquel día recuerdo el olor de toneladas de basura que taladraba las fosas nasales hasta llegar al paladar. Desde entonces, han sido muchas visitas, interrumpidas durante el último año en el que estuve con los refugiados libios o en los sucesos de la plaza Tahrir en El Cairo.

Hace tan solo una semana volví a ese lugar donde las sonrisas son eternas. Si hace dos años ya pensé que la situación era extrema, en esta última semana he podido confirmar que nada se ha hecho por mejorar la vida de estas personas.

Dos años después, la situación en el vertedero de Anlong Pi es cercana a lo inhumano. La enorme acumulación de basura ha duplicado la capacidad del vertedero, produciéndose  nuevas reacciones químicas y biológicas entre los constituyentes de la materia orgánica e inorgánica. Los productos tóxicos resultantes son arrastrados por el agua de la lluvia contaminando el suelo y las aguas subterráneas, o emitidos a la atmósfera (en forma de gases) contaminando el aire. Como resultado del considerable incremento de basura muchas de las personas que conocí en mis primeras visitas han enfermado de gravedad.

   Una trabajadora de los vertederos busca metales y plástico / Foto: © Omar Havana

Una trabajadora de los vertederos busca metales y plástico / Foto: © Omar Havana

 

La consecuencia más notable de estas nuevas combustiones que hace dos años no tenían lugar es el aire que los habitantes de Anlong Pi respiran cada día, aire que se ha convertido en un  alto riesgo para la salud de las mas de trescientas personas que allí siguen trabajando a diario. Un aire compuesto por gas metano, resultante de los procesos de fermentación en ausencia de oxígeno de la materia orgánica que supone el 50% de las emisiones de gases producidas en los vertederos, por cloruro de vinilo por benceno, por tricloroetileno y por cloruro de metilo de efectos tóxicos o cancerígenos.

De los 300 habitantes del vertedero de Angkor, más de 100 son niños / Foto: © Omar Havana

De los 300 habitantes del vertedero de Angkor, más de 100 son niños / Foto: © Omar Havana

Al considerable empeoramiento de la calidad del aire, se unen varios nuevos factores que poco a poco convierten la vida en este lugar en no apta para ningún ser humano. En las últimas semanas la llegada de turistas a los vertederos se ha visto incrementada considerablemente, estos turistas confunden la pobreza extrema con una de las atracciones turísticas que Camboya ofrecen sin darse cuenta del riesgo para la salud mental de los habitantes de Anlong Pi.

Mientras tanto, la mayoría de los habitantes del vertedero siguen corriendo descalzos sobre millones de toneladas de basura, con el considerable riesgo de cortes, infecciones y heridas de diferente gravedad que difícilmente podrán ser tratadas. Y por si esto no fuera suficiente, de los cuatro pozos de agua que Somali Na, una camboyana residente en Hong Kong, donó hace un año y medio a los vertederos, uno de ellos ha sido robado por algún desalmado que ha privado a los habitantes de Anlong Samram de agua potable, lo que fuerza a la mayoría a tener que hervir el agua que los otros dos pozos en servicio dan, ya que la acumulación de basura ha hecho que el agua del subsuelo sea prácticamente imbebible.

Dos años después los habitantes del vertedero de Anlong Pi necesitan ayuda urgente, en un país como Camboya donde el 36% de la población vive con meno de un dólar al día, y millones de dólares son donados todos los años a fines humanitarios, unas simples botas con las que cubrir los pies descalzos de los habitantes del vertedero o un mascara para la protección del aire cancerígeno que se ven obligados a respirar diariamente mejorarían considerablemente la existencia de las trescientas personas que siguen caminando sobre basura en busca de una vida digna.

Casi todos los habitantes del vertedero trabajan largas horas totalmente descalzos / Foto: ©Omar Havana

Casi todos los habitantes del vertedero trabajan largas horas totalmente descalzos / Foto: ©Omar Havana

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