Jan, Un Fotógrafo Olvidado

Omar Havana nunca hubiera existido si no hubiera conocido a Jan en esa tarde de Abril en Inglaterra. Desde este Mundo Olvidado, te quiero agradecer que fueras la persona que hizo que la fotografía, hoy sea mi forma de ver este Planeta, sin ella mi vida no sería mi vida. Gracias Amigo. Esta es la historia de Jan, el fotógrafo, mi amigo.

JAN, UN FOTÓGRAFO OLVIDADO

Todavía recuerdo la sensación de incertidumbre que emanaba por todos lo poros de mi cuerpo al subirme a aquel tren con destino el futuro. Fue mi primera aventura, quizás la más loca de todas, pero al mismo tiempo nunca me he sentido tan vivo y tan libre. Con los bolsillos vacíos y una maleta llena de proyectos, empezó un viaje a lo desconocido, un tren que 10 años después sigue sin llegar a su estación de destino.

Fueron siete horas de imágenes, pensamientos, miedos, pero sobre todo de ilusión. Sabía que la llegada a la primera estación de mi futuro no sería fácil, no sabía comunicarme, no tenía dinero, pero nunca dejé de creer. Hacía varias semanas que había dejado mi país, mi familia, y mis amigos para irme a Gales. Emprendí  la huida de mi horrible realidad, nunca había visto  tan cerca mi propia destrucción, y sabía que ese tren solo pasaba una vez en la vida. Supe correr y subirme a tiempo. Una semana después me encontré otra vez huyendo, esta vez con un billete solo de ida a la estación de Euston en Londres, la cual fue mi casa durante tres días, en ese tiempo supe que existe gente compasiva, gracias a ellos pude comer una hamburguesa diaria, aprendí que había más gente desesperada como yo, con ellos compartí mis tardes, pero también supe lo que era el miedo, él dormía conmigo todas las noches. Abrazado a mi maleta, viví rodeado de indigentes, drogadictos, y borrachos. Ellos fueron mis mejores y únicos amigos en esos días.

Todavía recuerdo ese billete de cinco libras que me permitió tener dos comidas ese día y comprar un periódico donde leí un anuncio de trabajo que cambió mi vida para siempre. Era en un pueblecito al lado de un lago, un lugar que yo desconocía, pero mi única esperanza para continuar mi viaje, no tuve más remedio que subirme de nuevo a ese tren, esta vez sin pagar, con destino Ipswich. Me dijeron que allí me estaría esperando una persona, que llevaría una camiseta azul y que tendría un cartel con mi nombre, o al menos yo creí entender eso.

Al llegar a mi destino, no vi ninguna señal, pero sí una sonrisa que supo que yo era ese español que iba a servir mesas. Se llamaba Jan. Tenía un acento peculiar, que yo no podía entender, pero todavía recuerdo como tuve que escribir mi nombre en un papel para que lo entendiera, él me llamó Johnny.

Orford no era lo que me esperaba, el lago no estaba lleno de cisnes, más bien era famoso por la leyenda de un monstruo que habita en sus profundidades. Los 120 habitantes del pueblo eran veteranos de la II Guerra Mundial, pero allí estaba mi inspiración aunque yo por aquel entonces no lo sabía. Durante los tres meses que pasé allí, escuché, sobre todo escuché. No sabía hablar ingles y pasaba las noches en el único bar saboreando pintas de Guinness, mientras Jan intentaba comunicarse conmigo. El me enseñó que hay un lenguaje más importante que las palabras, me hizo ver la belleza de una imagen. Siempre supo transmitirme su mensaje.

Jan había nacido en el seno de una familia adinerada, nunca le había faltado de nada, pero era un alma rebelde, un anarquista de corazón. Una persona que un día renunció a una vida material para subirse a otro tren con destino Bucarest, su único equipaje una vieja cámara Canon, con película en blanco y negro. Había leído en algún diario sensacionalista británico que en un país llamado Rumanía el pueblo se había sublevado contra el régimen dictatorial de un tal Ceaucescu. Esa historia le cautivó, se creyó mensajero de aquel país.

Durante los días previos a la navidad del año 1989 y con posterioridad estuvo viviendo en las calles, fotografiando la voluntad de un pueblo, se sintió feliz, útil, pero sobre todo libre. Durante esos días captó imágenes de dolor, de furia, de tristeza, de impotencia pero sobre todo miradas de vació ante lo incomprensible, ojos infantiles a los que les habían robado sus sueños.

A su vuelta no supo adaptarse a un sistema donde las miradas no cuentan nada, a una realidad donde esa droga llamada dinero, era el objetivo de la vida. Eligió ser libre, trabajar para vivir, supo que lo único necesario era sentirse vivo. Quiso transmitir lo vivido en aquel país, pero nadie le escuchó. El se refugió en su interior, trabajando como limpia-platos en el mismo hotel donde yo llegué casi 10 años después.

Hizo de su cámara su mejor amiga, su compañera de noches, sabía expresarse, pero nadie le entendía. Sus imágenes siempre fueron de personas, ellas por si solas contaban la historia de sus vidas. Supo como nadie reflejar el sentimiento de olvido de esos veteranos de guerra, la dureza de la agricultura, pero sobre todo la belleza de unos ojos. Pasaba las noches revelando en su habitación y el día limpiado las sobras de comida de aquellas personas que no estaban interesadas en su mensaje. La desesperación se iba apoderando de él. Yo siempre supe que en el fondo era un alma infeliz, incomprendida, quizás por eso fuimos almas gemelas durante el tiempo que nos conocimos, porque yo me sentía así también.

El me enseñó valores que yo no sabía que existían. Nunca me olvidaré de ese 1 de Mayo del año 2001, el llamado Día de la Anarquía en Inglaterra, en las calles del Soho londinense, como entre medio de punks me explicaba lo que significaba la política. Siempre recordaré, como al salir de un bar nos vimos en medio de una carga policial, y Jan en lugar de correr, se tumbó en el suelo y empezó a fotografiar. Yo no entendía porque hacía eso, no comprendía la importancia de captar un momento, pero ya me lo empezaba a preguntar.

Volví a España por unos días, no sin antes prometer que a mi vuelta haríamos una fiesta española, llena de sangría. El día de mi llegada quiso que yo conociera sus orígenes, me llevó a la mansión de los padres, entonces no pude comprender porque había renunciado a una vida tan fácil, el podía haber estudiado fotografía, tener un estudio en propiedad, pero me dijo que lo mejor en la vida se consigue por los esfuerzos de uno mismo. Quizás fue mi mayor lección.

La fiesta española fue una noche inolvidable, todos los compañeros del hotel celebrando que estábamos juntos, riendo, Jan estaba feliz de volverse a encontrar con quizás la única persona que supo entenderle. Hacía algunos días que él había comprado dos kayaks, en los cuales salíamos de vez en cuando a navegar por el lago. Eran las 4 de la mañana quiero recordar cuando me propuso salir a navegar, la borrachera me impidió decirle que sí. No sabía que esa sería la última noche que vería a mi amigo.

La mañana siguiente, no desayunamos juntos, lo eché de menos, pero él era así, desaparecía y volvía, pero ese día su maleta estaba en el salón. Entonces supe que esta vez se había ido en busca de su felicidad. Los helicópteros de la policía encontraron su kayak en el lago, y varias horas después su cuerpo flotando a catorce kilómetros. Esa fue su manera de decir hasta la vista amigo.

Parecía que todo estaba planeado, recuerdo una carta que la policía inglesa encontró en su cuarto, había sido escrita varios meses antes de su muerte, en ella decía que cuando él se fuera, debíamos celebrar que había nacido, que no quería negro en su despedida, que él estaría mirando y que no le gustaría ver más que sonrisas. Ese día vestí rosa y amarillo. Y por primera vez estuve en una celebración de vida, durante la hora que duró su funeral, se escuchó Pink Floyd, pero sobre todo Jan consiguió su objetivo, ser escuchado. Mientras que en un fondo blanco pasaban una tras otra las miradas de esos niños rumanos, él tenia guardada una última sorpresa, una entrevista con la BBC que nunca se publicó, parecía que ya estaba hablando desde su nuevo hogar. Mientras su cuerpo nos daba el último adiós sonó su canción favorita, My Way de Frank Sinatra. Que mejor homenaje que admirar a una persona que supo vivir la vida a su manera. Tenía 34 años cuando nos dijo adiós.

Jan fue mi inspiración, mi modelo, pero sobre todo mi amigo. El día siguiente a su muerte compre mi primera Canon, desde ese día no he parado y no pararé de buscar esa mirada que Jan sabía tan bien capturar. aunque por el camino he encontrado otras miradas que cuentan esta realidad olvidada que Mundo Olvidado intenta transmitir.

Yo siempre he creído que somos energía y que no podemos ser destruidos, la muerte es solo la estación de llegada del tren de la vida. La muerte, como él me solía decir, es solo el principio de algo que nadie conoce, quizás la veamos como el final de todo, pero como mi amigo me enseñó mientras se despedía de mí, la mejor forma de decir adiós a un ser querido es recordando como fue mientras estaba vivo. Solo hay una muerte verdadera, “El Olvido”.

Se que Omar Havana tiene parte de su energía, quizás yo sea la persona que mira a través del objetivo, pero siempre sabré que Jan sigue apretando el botón de mi cámara en el momento preciso.

Como decía el novelista francés André Malraux, “No se necesitan nueve meses, se necesitan cincuenta años para hacer un hombre, cincuenta años de sacrificio, de voluntad, de… ¡tantas cosas! Y cuando ese hombre está hecho, cuando ya no queda en él nada de la infancia ni de la adolescencia, cuando verdaderamente es un hombre, no sirve nada más que para morir”.

Yo creo que ese día de mayo Jan supo que ya era un hombre.

Donde quieras que estés, Gracias Amigo / Foto:Omar Havana

6 responses to “Jan, Un Fotógrafo Olvidado”

  1. Omar Havana says :

    Gracias a todos por los comentarios. Jan seguirá apretando mientras yo pueda seguir mirando. Un abrazo, va por Jan

  2. JUAN MONZO says :

    Espero que sigas siempre en ese tren y que nos sigas contando todas esas paradas que te de la vida. Mucha suerte.

  3. Ali says :

    jo, me ha encantao. Tanto como todo lo que haces por que este mundo olvidado lo sea cada día un poquito menos.
    Desdes España.. gracias!!!

  4. Ada says :

    me ha encantado (y seguro que a él también) un besote!!!

  5. Amaia says :

    Cuantos destinos hay en una estación. Incluso el que forja nuestra propia vida. Podría decir tantas cosas. Un abrazo.

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