Archive | julio 2010

S-21, El Instituto del Horror

Prisionero de S-21 / Foto: Omar Havana

Tuol Sleng o S-21, fue un centro de interrogación, tortura y ejecución creado por los jemeres rojos en Phnom Penh, capital de Camboya, para eliminar personas consideradas enemigas del Estado de la Kampuchea Democrática. S-21 fue creada en las instalaciones del antiguo Instituto “Tuol Svay Prey”. La letra “S” significa “Seguridad” que en idioma jemer es Santesok o también Santebal. El número “21” se refiere al sector en el que estaba dividido Phnom Penh bajo los jemeres rojos en un área conocida como “Área Mayor del Ejército”.  Tuol Sleng significa en idioma jemer “colina de los árboles venenosos”.

S-21 en enero de 1979 Foto: © the Tuol Sleng Museum of Genocide

La prisión fue inaugurada poco tiempo después de la toma de Phnom Penh el 16 de abril de 1975 y fue diseñada por Kaing Guek Eav (Duch), quien fue la mayor parte del tiempo su director hasta el 7 de enero de 1979, día en el que huyó del lugar ante la invasión vietnamita de Phnom Penh. La prisión era de carácter secreto y por ella pasaron más de 17.000 personas entre 1975 y 1979.

Los prisioneros venían de diversos orígenes: en principio los miembros del depuesto gobierno o personas relacionadas con él mismo, después vietnamitas, chinos y personas consideradas por cualquier razón “enemigos de estado” y por último los mismos camaradas acusados de “atentar contra el partido“. Todo sospechoso era arrestado con su familia. Después de meses de tortura en los cuales debía confesar que en efecto era un “enemigo de estado”. La biografía de los prisioneros fue alterada en la mayoría de los casos para justificar la detención y ejecución. Los prisioneros no tenían derechos a un juicio legal, con abogado defensor y estaban completamente incomunicados del mundo exterior. Eran sometidos a sesiones de tortura hasta que confesaran aquello que los verdugos querían oír. Después de meses de interrogación y tortura, eran llevados al campo de exterminio de Choeung Ek para ser ejecutados con sus familias.

En enero de 1979 cuando las tropas vietnamitas ocuparon la desolada capital de Camboya, el descubrimiento de S-21 fue una evidencia de que el régimen de Pol Pot había realizado actos horrorosos. Por esta razón, la fuerza ocupante ordenó la transformación del lugar en un museo de los crímenes de guerra de los jemeres rojos y fue abierta a la entonces incrédula opinión internacional. Pronto el lugar atrajo periodistas, escritores e investigadores, los cuales fueron los principales encargados de registrar, microfilmas, analizar y sistematizar todas las evidencias producidas en la prisión.

Camas de tortura en S-21 / Foto: Omar Havana

Reglamento de internos

El reglamento para los prisioneros en Santebal fue diseñado por Duch y es muy estricto, estaban escritos sobre los tableros de los antiguos salones de clase convertidos en prisión.

Las principales normas generales eran las siguientes:

  1. Está absolutamente prohibido hablar o dirigir preguntas a los otros.
  2. Antes de hacer cualquier cosa, pida permiso a un guardia.
  3. Siga de manera absoluta las normas, no se haga el libre.

De manera más detallada y especialmente en los momentos de interrogación, el prisionero debía conocer las siguientes normas:

  1. Pedir lo que se responde, no altere mis preguntas.
  2. En absoluto no utilice ningún pretexto para debatir o discutir.
  3. No se haga el tonto y pretende que no entiende porque usted fue lo suficientemente valiente para oponerse a la revolución.
  4. Responda inmediatamente, no se tarde ni siquiera por un segundo.
  5. En cuanto a pequeñas faltas o fallas, ofensas morales, errores o ese error, no hable de esas cosas; no hable acerca de asuntos de la revolución.
  6. Absolutamente no grite cuando sea golpeado o electrocutado.
  7. No haga nada. Siéntese y espere órdenes. Si no hay órdenes, no realice ningún acto. Cuando se le ordene, hágalo inmediatamente y sin argumentar.
  8. No intente esconder su rostro y su traición a la revolución con el pretexto de la Kampuchea Krom.
  9. Por cualquiera de estas normas que no sea seguida en cualquier día, usted recibirá innumerables latigazos y descargas eléctricas.
  10. Cometa una violación y obtenga diez latigazos o cinco descargas eléctricas.

Una de las formas de ejecutar a los niños en los campos de exterminio.

Todas las personas que trabajan en S-21 tenían que seguir también una disciplina estricta, especialmente en su relación con los prisioneros. Los carceleros tenían absolutamente prohibido mostrar simpatías por los prisioneros, dudar en algún momento de su culpabilidad o retardar los procesos. Mientras un médico garantizaba que el prisionero sobreviviera lo suficiente para soportar la mayor cantidad de torturas hasta que “confesara” lo que se quería oír, las prisioneras eran objeto de violaciones carnales como parte de la rutina para hacerlas “confesar”.

Aunque la mayoría de las víctimas fueron camboyanos, la población de la prisión incluyó miembros de otras nacionalidades, entre ellos tailandeses, vietnamitas, pakistaníes, indios, americanos, británicos, australianos y canadienses.

Sólo sobrevivieron 12 personas, entre ellas 5 niños.

Uno de los "enemigos de estado", encarcelado en S-21. / Foto: Omar Havana

Camboya, las heridas siguen abiertas

2 Millones de personas murieron durante el periodo de los jemeres rojos. / Foto:Omar Havana

Todo un país esperaba con esperanza que hoy, 26 de Julio de 2010, marcara un antes y después en la historia de Camboya. Duch, antiguo director de la prisión S-21, era condenado a primeras horas de la mañana a 35 años de cárcel por crímenes cometidos contra la humanidad durante el periodo de horror que los jemeres rojos establecieron en el país en los años 70.

Duch, durante el juicio

Kaing Guek Eav, nació en 1942 en Choyaot, en la provincia de Kampong Thom. Fue un brillante estudiante en su época de instituto, en 1964 ingresó en el Institut de Pédagogie, dirigido por Son Sen, quien después sería el Ministro de Defensa de los jemeres rojos y inmediato superior de Duch. En 1970, y tras ser encarcelado y torturado en Prey Sar, se une a las tropas de los jemeres rojos en las montañas Cardamon. Es allí donde fue nombrado director de seguridad, y donde es bautizado como Camarada Duch. Allí dirige la prisión M-13, para posteriormente también llevar las riendas de M-99 en el distrito de Aoral.

Después de la victoria de los jemeres, Duch y sus camaradas, establecen prisiones por todo Phnom Penh, incluida la escalofriante Tuol Sleng, más conocida como S-21. En este antiguo instituto se vivieron las más horribles torturas que la historia de la humanidad conoce.

Entre 1975 y 1979, aproximadamente unas 17.000 personas fueron encarceladas en Tuol Sleng, solo 12 sobrevivieron. Duch, como ha reconocido durante el interrogatorio, supervisó la tortura y asesinato de los prisioneros. Casi 2 millones de personas murieron durante los 4 años que duró el régimen de terror de los jemeres rojos.

Tuol Sleng - S21 / Foto: Omar Havana

Hoy en Camboya, se respira una sensación de justicia a medias, de los 35 años a los que Kaing ha sido sentenciado, no cumplirá más de 19, debido a que los jueces han rebajado la condena 5 años por haber sido encarcelado ilegalmente y 11 años más por tiempo cumplido en la prisión.

Hoy era el día marcado en el calendario para reinstaurar la justicia en un país necesitado de cambios. La oportunidad de sanar las heridas de una población que sufrió los peores horrores que la historia conoce se ha perdido, la condena de Duch es escasa para los familiares de aquellos que fueron asesinados en aquel antiguo instituto.

En unos meses, Camboya volverá a tener la oportunidad de hacer justicia, cuando los antiguos lideres jemeres, Nuon Chea, antiguo hermano numero dos, Khieu Samphan, antiguo jefe de estado, Ieng Sary, antiguo ministro de exteriores y su mujer Ieng Thirith, ministra de asuntos sociales, sean juzgados por el Tribunal Camboyano.

Pol Pot, conocido como Hermano Numero Uno, y líder de los jemeres rojos, murió en 1998 sin llegar a ser juzgado……

Siguen esperando Justicia. / Foto: Omar Havana

DOS MUNDOS, UNA VIDA…

…, aunque me gustaría poder decir un mundo, muchas vidas.

Los primeros colores están dibujando el cielo mientras decenas de perros callejeros no paran de debatir en busca de su alimento, esta sería la postal del amanecer camboyano que se ve desde la ventana de mi habitación.

Son ya varios meses queriendo contar mi vuelta al mundo olvidado, pero no es fácil vivir en dos realidades tan diferentes. No faltan los pensamientos, las ideas, pero es más fuerte el sentir lo vivido en un instante que las fuerzas por transmitirlo.

Me he pasado la vida siempre a caballo entre dos mundos, para poder pensar que no son las fronteras nuestros límites, que podemos encontrar mas allá valores que solo hemos soñado, instantes solo vistos en películas, historias que jamás pueden ser creídas.

Vivo entre las conversaciones sobre el mundo desarrollado y la realidad de otro universo al cual no se le permite ser adulto. Los intereses extranjeros han sumido a Camboya en una profunda crisis de identidad, solo reflejada en sus últimas guerras por el control del templo Preah Vihear con la vecina Tailandia y su emblema nacional, el Angkor Wat. El camboyano sueña, sonríe, pero se conforma, como ellos dicen hay temas que mejor es olvidar. Un país que ha sobrevivido a los horrores peores conocidos, que se levantó después de una tremenda guerra civil, un territorio con solo doce años de historia, todo lo anterior a 1998 fue borrado, en los colegios el curso que está empezando será el primero donde contarán a los alumnos quien fue un tal Pol Pot que junto a su ejército de jemeres rojos aniquilaron casi al cincuenta por ciento de la población de este país.

Fue ya hace años cuando esta guerra terminó, un conflicto que curiosamente comenzó un 16 de abril del año que un tal Francisco Franco moría, esa fecha un tiempo después, fue nombrada el Día Universal contra la explotación infantil. Como digo, esa guerra terminó, pero el país esta viviendo su propio sufrimiento, como he leído hoy en un periódico local, aproximadamente un cuarenta por ciento de niños entre las edades de 7 y 17 años están relacionados con la actividad laboral. Una guerra olvidada solo oculta a nuestra vista por esa jungla de templos que suele representar Camboya en el recuerdo del turista en busca de la foto del niño pobre.

Niño esnifando pegamento en Siem Reap

Camboya es un país donde más de 300.000 niños (aproximadamente la población de Granada), están obligados por señores y multinacionales a hacer algún tipo de trabajo forzado. En un país donde el 45% de la población esta por debajo de los 15 años.

Sigue siendo difícil a día de hoy asumir una crisis en los países desarrollados y ver como un niño de siete años reparte el pan, para así poder sobrevivir. Es difícil ver que 16 muertes en España por la gripe A activó todas las alarmas y que cientos de niños aquí mueran por algo tan sencillo como beber agua y que pase desapercibido a la mirada del dinero.

Imagen cotidiana en las calles de Siem Reap

Tengo una vida y vivo siempre en dos mundos, aunque cambiaría todo esto para que este mundo se convirtiera en el hogar de muchas vidas diferentes. Un mundo donde un niño estaría en la escuela y no vendiendo libros a la orilla del río Mekong, soñando por el efecto de ese pegamento que tanto les gusta esnifar. Un universo donde un extranjero no pagara tres dólares por disfrutar de un cuerpo de niña con ojos exóticos, dinero que seguro ella utilizará para poder comprar la famosa jaba (la droga mas poderosa nunca creada).

¿Utopía o Reflexión ?…

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