Jeat, una historia camboyana

Esta sería una tarde más en Siem Reap, húmeda, calurosa y aburrida, pero no hace dos horas, unas manos de un chaval de 13 años han hecho que la impotencia más absoluta rompa la monotonía del final de este día.

Las manos de la infancia. / Foto: Omar Havana

Jeat, es una vida más, una historia olvidada en un país donde solo en su capital Phnom Penh, más de 30.000 niños trabajan a diario, según informa el Instituto Nacional de Estadísticas, aunque muy probablemente la cifra no oficial sea aun más escalofriante. Niños que deberían estar en una escuela, almas rotas que sacrifican su futuro por la supervivencia del presente.

Jeat, a la izquierda durante un partido. / Foto: Levi Semadevi

A sus 13 años, Jeat, no mide más de 1,45 metros, ese fue el motivo por el cual, el prefirió ser utillero del equipo de fútbol que Davide Covre, un italiano afincado en Camboya desde hace casi 3 años, creó, “Siempre venia a los entrenamientos, y se sentaba a vernos, se veía en sus ojos que quería formar parte de un grupo, y sin dudarlo se lo propuse”, afirma Davide, quien nos dice que “ en los partidos, no para, anima, se enfada, y siempre esta dispuesto a ayudar en todo, es el primero en llegar y el ultimo en irse, y tan solo es el encargado de recoger las camisetas que las peñas del Granada C.F. nos regalaron y dar agua a sus compañeros”.

Jeat y Davide Covre. / Foto: Omar Havana

Nació en Svay Dang Kum, Siem Reap, en una familia humilde, segundo mayor de seis hermanos, pronto se enfrentó a la cruel realidad de un país que no da oportunidades a aquellos que más las necesitan. A sus nueve años, su padre enfermó, y desde entonces se ha visto enclaustrado en su propia casa sin poder trabajar. Jeat, dejó la escuela cuando no había superado el tercer grado, y pronto se vio encargado de cuidar a su enfermo progenitor. Su madre, vendedora de hielo a las puertas de un hospital, nos afirma que “la vida de Jeat no ha sido fácil, ella no gana mas de $1 diario, y con 6 hijos, me vi obligada a que los mayores trabajaran”.

La rutina diaria de Jeat comienza a las siete de la mañana, es aprendiz de mecánico en un “taller” en Wat Damnak. Trabaja hasta las cinco de la tarde, para al final del día, ponerse en los bolsillos 3000 riels (unos 0.50€). Lleva dos meses dedicado a la que dice es su gran pasión, las motos, y según nos confirma Mr. La, su jefe, “es un gran trabajador, hambriento por aprender, y en tan solo dos meses puede hacer todos los trabajos exteriores de reparación de cualquier motocicleta”.

¿Es esto Infancia? / Foto: Omar Havana

Al llegar la tarde, visitara a su padre, al cual ve solo unas pocas veces al mes. Jeat ya no vive en casa, con tan solo 13 años, se ha independizado, y vive en el mismo taller callejero, con las manos impregnadas de grasa, y esa camiseta que seguramente no se quita desde que empezó a trabajar. Tumbado en una hamaca, duerme a la luz de las estrellas, probablemente soñado con un futuro mejor.

Jeat, no es mas que una historia más en Camboya, muchos verán en el un claro ejemplo de explotación infantil por parte de su jefe Mr. La, pero el problema no es a pequeña escala. Jeat, no es mas que el resultado de este mundo que hemos creado donde los países desarrollados son lo que realmente están obligando a que estos niños estén trabajando y no en una escuela como deberían. En las calles de Siem Reap, su imagen reparando una de las motos, no es más que algo demasiado cotidiano, y alejado de la vista de los turistas que prefieren visitar las riquezas de un país que abandonan sin haber conocido.

Como decía el escritor ingles, G.K. Chesterton,”Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es maravillosa”, o al menos debería ser así para todos los niños.

Jeat y su madre / Foto: Omar Havana

Trabajando / Foto: Omar Havana

Jeat y Mr. La / Foto: Omar Havana

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6 responses to “Jeat, una historia camboyana”

  1. Antonio pampliega says :

    Y UNICEF??? Dónde están esos salvadores de los niños que cobran al mes 5.000 dólares? vergüenza les tendría que dar

  2. Karol says :

    En un mundo lleno de injustias y desigualdad, podemos creer que hay futuro, para estos niños? si, si la hay mientras haya personas que se preocupen por ellos y muestren al mundo lo que pasa, podemos entre todos luchar por esos niños, para que cambie su futuro, hay que hacer algo mas que expectador…..

    • Omar Havana says :

      Pero hay que hacerlo ya, siempre el discurso que la sociedad dice es que hay que cambiar las cosas, pero entre decir y hacer hay mucho camino, y al final, la única solución para esta sociedad decadente es plasmar las ideas en hechos.
      Gracias Karol por el comentario, Saludos

  3. aliena says :

    porque sera que viendo estas cosas me avergüenza ser llamado “SER HUMANO”

    • Omar Havana says :

      Sigue habiendo grandes seres humanos, los que se tienen que avergonzar son los políticos, directores de multinacionales, y gentuza así que son las que hacen que Jeat tenga que trabajar.

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