Más Allá del Paraíso

Nunca hubiera creído que solo dos meses después de ver por primera vez a esas personas vestidas de color índigo, me darían el honor de bautizarme con el nombre de Nia, cuyo significado hmong es plata. Desde que vi la mirada de aquella niña semidesnuda cuando bajaba por el río Mekong a su paso por Laos, esta amable tribu cautivó mi atención.

Son varios los lugares donde mantuve contacto con ellos, en ciudades como Luang Prabang o Phonsavan en Laos, Mae Sai en Tailandia, pero sin duda Sapa, en Vietnam me atrapó desde el principio. Un lugar de una belleza insuperable.

La belleza de Sapa / Foto: Omar Havana

Sapa y los Hmong

A pocos kilómetros de la frontera china y cercana a Dien Bien Phu, lugar de la famosa batalla entre tropas vietnamitas y francesas de 1954, en la que el padre de mi amigo senegalí Paul, luchó, y situada a 1600 metros de altura, en  un valle rodeado de montañas como el Fansipan, el pico más alto de Vietnam con 3143 metros,  esta ciudad respira amabilidad por parte de las diferentes etnias que la componen, Hmong, Dzao, Tay, Zai y por supuestos los antipáticos vietnamitas del Norte, que viven amenazando constantemente a las mujeres de las diferentes tribus que intentan vender sus souvenirs a los turistas.

Mujer Hmong / Foto: Omar Havana

Pero de todos ellos, son los hmong quienes se apoderaron de una parte de mi corazón que desde entonces sigue con ellos en aquella pequeña cabaña, donde compartimos tantas noches bebiendo vino de manzana a la luz de la hoguera. Esta etnia, conocida en China desde hace cientos de años con el nombre de Miao, componen un total de tres millones de personas repartidas por diferentes puntos de la geografía asiática, como China, Vietnam Laos, Tailandia y Birmania. La primera presencia de personas hmong en la zona de Sapa data del año 1848. Con una economía basada en la agricultura y agrupados en clanes, habitan en pequeños poblados donde un máximo de cuatro generaciones de la misma familia, encabezados siempre por una figura masculina, conviven en paz y consenso, como mis ojos pudieron presenciar tantas veces.

Khu, mi hermana Hmong / Foto: Omar Havana

Aunque ni este remoto punto de Vietnam, ha podido resistir a la tentación del dinero fácil de los turistas. Cientos de agencias venden los tours desde Hanoi, a unos precios que parecen asequibles a la mayoría, pero que esconden una triste historia detrás, como me contaba mi hermana hmong, Khu, “siempre que los turistas contratan un tour en Hanoi, nosotras hacemos de guía, y lo que no saben los extranjeros es que alguno de ellos pagan más de cien dólares, de los cuales nosotras tenemos suerte si nos quedamos dos”.

Niñas como Cha, con 7 años, huérfana de padre y madre, y que cada día caminaba más de siete kilómetros desde su poblado en la falda de la montaña, hasta el centro de Sapa para intentar encontrar un turista al que acompañar a las cercanas cascadas de agua o a cualquier lugar por unos pocos dongs vietnamitas.

Cha / Foto: Omar Havana

Turistas que al llegar la noche, se refugiaban en los restaurantes y hoteles a degustar una gran cena y descansar en una gran cama, después de un día en el que para algunos cómo escuche una vez en el autobús que bajaba desde Sapa, no era más “una caminata, si lo se me quedo en casa”, con aquella guía que no tendría mas de 13 años y a la que seguramente sacaron mil fotos para enseñar a los amigos, y la que no cobró más de lo que se gastarán en una cerveza bien fría a su vuelta a casa hablando de la pobrecita niña.Crías que como mi hermana pequeña Kher, la niña con la voz de un ángel, 12 años y el espíritu de una mujer de 40, ascendían dos veces por semana a la cima del Fansipan, para al final no ganar más de unos 10 dólares, un viaje por el cual muchos turistas pagan 150 dólares.

Mi hermana Hmong, Kher / Foto: Omar Havana

Yon y Pan

Extranjeros que se pierden el lado oculto de una ciudad, rodeada de campos de cáñamo con el cual fabrican sus ropas y obtienen sus derivados que luego venderán a turistas en busca de un momento de placer y felicidad, instantes que no se disfrutarían igual si supieran la historia de Pan y Yon, dos niñas de 5 y 6 años que rompieron mi corazón la noche que quizás cometí la mayor locura de mi vida.

Yon / Foto: Omar Havana

Al verlas temblando de miedo, y escuchar que no podían volver a sus casas, porque habían visto a su padre borracho y a su madre vendiendo droga, y siempre que pasaba eso, como afirmaba Yon, “me pegan hasta que no aguanto más y me obligan a consumir opio para dar pena a los turistas y que así me den más dinero”. Sin pensar en las consecuencias, me llevé a las niñas a la habitación de hotel, donde ayudadas por una amiga que viajaba conmigo, y mientras que yo en la calle apoderado de la furia intentaba encontrar a sus padres, disfrutaron una noche de paz y de la primera ducha caliente de sus vidas.

Su historia es desgarradora, sus padres las obligaban a consumir drogas desde la edad de dos años, y a trabajar desde las primeras horas de la mañana hasta el anochecer para obtener unos pocos dongs de los turistas y que así sus padres pudieran comprar la droga que posteriormente, como su madre intentó la mañana siguiente conmigo, venderla en la puerta de los hoteles. Muchas noches dormían en la calle acompañadas de su hermano pequeño de tan solo 2 años de edad, mientras que sus progenitores deambulan por la ciudad como zombies.

Yon y Pan después de la ducha / Foto: Omar Havana

Sapa, quizás el paraíso para muchos turistas que lo visitan, pero siempre hay algo mas allá de ese lugar perfecto con el que siempre hemos soñado, historias anónimas y escondidas de los turistas, miradas olvidadas que gritan por cariño y atención.

Niños Hmong / Foto: Omar Havana

Khu nos muestra más allá del paraíso / Foto: Omar Havana

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6 responses to “Más Allá del Paraíso”

  1. Albert says :

    Comparto al 100 % todo lo que cuentas. En todas partes es lo mismo.
    Lo he visto en Sapa, como cuentas ,y muchos otros sitios, en Hoi An, en Siem Reap, en cualquier sitio donde hayan turistas y pobreza.
    Muchos turistas ven como moscardones pesados a esos niños que les piden dinero o que se ofrecen para hacer de guía, y los menosprecian e intentan que no les “molesten”, echándolos con malas maneras porque se piensan que les están intentando “sacar” algo de dinero que no deben darles. Sin embargo, después no tienen reparo en ir al hotel y gastarse 4 veces más de lo que les pedía ese niño, en una cerveza o un cóctel.

    Hay que ser un poco más personas, y no creerse superior a nadie. Nadie es menos otro por tener menos dinero o nivel cultural, ya que desgraciadamente en la mayoría de los casos esto depende del lugar del planeta en el que tuviste la suerte o desgracias de nacer.
    Así que hay que fomentar un turismo concienciado de la situación en que vive la gente del país que visita.

    Gracías por tus artículos. Los sigo siempre

    • Omar Havana says :

      Gracias Alberto por seguir el blog. Siem Reap, Sapa, etc etc, cada país en el mundo tiene algun lugar que está más allá del paraíso. Depende de nosotros empezar a cambiar las cosas.

      Saludos desde el Mundo Olvidado.

  2. Amaia says :

    Gracias una vez más Omar. En estos momentos me encuentro en Angola. La realidad es distinta pero igual de miserable. Leer y ver las imágenes que plasmas me da mas fuerzas para seguir a pie de cañón,
    Un abrazo.

    • Omar Havana says :

      Hola Amaia, y gracias por seguir el Mundo Olvidado. Angola, seguro que una realidad diferente, pero no deja de ser una realidad que necesita ser contada, por favor, sigue al pie del cañón y cuéntanos lo olvidado del país en el que te encuentras.

      Saludos desde el Mundo Olvidado

  3. aliena says :

    una vez mas la injusticia rompe mi alma y tu relato me hace sentir lo inutil y egoista de esta nuestra llamada sociedad del bienestar……….y tambien una vez mas me transportas a esos sitios donde siento que mi espiritu pertenece, gracias por prestame tus ojos y asi poderlo ver

    • Omar Havana says :

      Gracias por poner tus ojos en leer estas historias, aliena. Todo viaje empieza con un paso, no hace falta estar en Camboya para encontrar realidades olvidadas para mucha gente. Seguro que en tu ciudad, hay miles de historias que contar.

      Saludos desde el Mundo Olvidado

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