Archive | septiembre 2010

El Viento Me Llevará (Le Vent Me Portera)

Por fin creo que puedo hablar de una noticia con sentido desde este Mundo Olvidado, que algunas veces me captura en la impotencia más absoluta. Una noticia que lleva años en el aire, pero que quizás hoy, suena con mucha más fuerza.

Camboya es el país, donde depende del día y de la persona que hables, uno más uno nunca serán igual a dos, para algunos será cinco, para otros un millón, pero en este país siempre las cuestiones más sencillas, son las que nunca tienen respuesta.

Mientras que se hacen planes para construir edificios de más de quinientos metros de altura, o empresas extranjeras firman contratos billonarios para la construcción de casinos por todo el país, más de un tercio de la población no tiene más que un plato de arroz al día para llevarse a la boca.

Ellos viven con menos de un dólar al día / Foto:Omar Havana

Si después de todo, alguien nos dijera que una empresa coreana está planeando invertir en Siem Reap más de un billón de dólares americanos en un proyecto que no va destinado a ayudar a ese tercio desfavorecido de la población, pensaríamos automáticamente que es otra de las injusticias de esta sociedad, pero si el dinero invertido es para la construcción de un nuevo aeropuerto, más que necesario, en Siem Reap, la noticia se recibe con los brazos abiertos. Aunque seguro que hay muchas más cosas que solucionar antes de la construcción de esta nueva ruta de entrada a los templos de Angkor.

Camboya me recuerda en cierto modo a la España de los 70, donde los españoles nos asustábamos al ver el escote de una mujer sueca en las playas de Torremolinos. El camboyano, en cierto modo, es tan inocente e ignorante como lo era la sociedad española de aquella época, no porque ellos lo hayan elegido, sino porque como sucedió en nuestro país, no interesa que ellos lo sepan. En aquellos años, España empezó a ser conocida en el mundo por el turismo, y a día de hoy nuestro país no sería lo que es, si no fuera por los millones de extranjeros que ayudaron con distintas monedas a levantar un país que empezaba a caminar por si solo.

Aeropuerto de Siem Reap / Foto: Rafael De La Torre

Camboya es el país con el complejo de templos religiosos más grande del mundo, con uno de los paisajes más espectaculares de toda Asia, con tribus, playas, historia, cultura, diversión, y sobre todo lleno de personas increíbles, y sin embargo, solo recibe algo más de dos millones de visitantes al año. Si lo comparamos con las países vecinos como Tailandia, donde solo ciudades como Phuket reciben más de tres millones de visitantes extranjeros al año, queda al descubierto que Camboya debe poner algo por su parte para que el Mundo pueda conocer todas sus riquezas.

Camboya vista desde Preah Vihear (600 metros de altura) / Foto: Omar Havana

Hasta el momento, en todo el país solo hay dos aeropuertos que conectan con el extranjero, con vuelos diarios a países como Singapur, Vietnam, o Corea del Sur entre otros, pero sobre todo a Malasia y Tailandia. Pero es curioso, que aunque compañías como Air Asia se están imponiendo en todo el continente, con precios asequibles para la mayoría, solo puedan encontrarse estas tarifas en los vuelo con destino a Phnom Penh, que curiosamente es el segundo aeropuerto del país en numero de llegadas.

Siem Reap, y más concretamente los impresionantes templos de Angkor, es para muchos de esos turistas la única razón para visitar este increíble país. Para ellos, Camboya no es más que tres días de calor y humedad, fotografiando todas las piedras que ven a sus lados, y pasando el resto de la noche inundando los bares de la famosa “Pub Street”, donde por no más de diez dólares te aseguras un buen dolor de cabeza al día siguiente.

Uno de los secretos mas bellos de Camboya / Foto:Omar Havana

En un país donde la corrupción es la moneda de cambio para todo, es normal que si Siem Reap es la ciudad interesante a los ojos del “Barang” (extranjero), también sea el centro donde hacer el dinero fácil y rápido, característica principal del camboyano, una persona empeñada solo en pensar en la próxima hora sin importarle un bledo el mañana.

Mientras que por no más de cincuenta o sesenta dólares se puede volar a/desde Phnom Penh desde/a cualquier punto del sudeste asiático, es Siem Reap, donde los turistas se encuentran la sorpresa, de que para volar desde Bangkok a la ciudad de Angkor debas pagar un precio similar al que pagan por los vuelos desde sus países de origen a Bangkok. Desde hace años, Bangkok Airways disfruta de un monopolio garantizado por el Gobierno camboyano en estas rutas ( como denunciaba el periódico The Times ). Un billete de ida y vuelta en la compañía presidida por Dr. Prasert PrasarttongOsoth (propietario también del hospital de lujo Royal Ratanak de Siem Reap), puede llegar a costar más de 350 dólares en cualquier mes del año, por un trayecto de tan solo 55 minutos de duración.

Precios inaccesibles para los mochileros que inunda el sudeste asiático en busca de aventura y diversión y que se ven obligados a realizar el trayecto de más de siete horas de carretera ( con suerte y sin timos ) que une Bangkok y Siem Reap y que puede costar no más de treinta dólares. No creo que para Camboya, mostrar la ciudad fronteriza de Poipet al turista como la primera imagen de este país, sea el mejor reclamo publicitario. Una ciudad, donde los casinos de lujo se mezclan con los niños de 12 y 13 años que cargan sus carros con más de 100 kilos de mercancía que trasladan todos hasta el lado tailandés, donde los policías si quieren te cargarán por el visado, cinco dólares de más para pagar sus cafés, y donde una madre por necesidad no tiene más remedio que intentar vender a uno de sus hijos al primer Barang que vea.

Poipet / Foto: Rafael De La Torre

Por eso creo que si esta noticia se confirma en las próximas fechas, si puede ser una piedra donde apoyar una mejora en el futuro de este país, como en su momento, lo supuso para España. La construcción de este aeropuerto, supondría un claro incremento en el número de turistas que harían de Camboya un país menos olvidado. Con vuelos diarios a varios continentes y la introducción de nuevas compañías aéreas que jueguen limpio sobre los derechos de las rutas, el país del Angkor Wat empezaría a figurar entre los destinos más deseados del Mundo.

Un proyecto todavía en el aire, y una inversión a corto plazo quizás descabellada, pero con un futuro que Camboya necesita. Los ingresos que este aeropuerto generarían supondrían una inyección de moral en una población cada vez más necesitada de un futuro menos nublado.

Un aeropuerto que hará más corta la distancia que dentro de unos meses me separará de este Mundo Olvidado, que siempre llevare en mi corazón. Es hora de buscar nuevos rincones, nuevas experiencias, y nuevas vidas olvidadas cuya historia merezca la pena contar. No se cual será mi próximo destino, pero seguro que como dice la canción que tanto me ha gustado siempre de Noir Desir, “El Viento Me Llevará”, pero mientras Eolo empiece a soplar en alguna dirección, seguiré intentando que Camboya deje de ser un País Olvidado.

Esta noche duermo mandándole todas mis fuerzas a una chica de mi equipo de tan solo 22 años. Está ingresada en estado grave, sus padres no me han dejado poder llevarla a un hospital para que  un medico acreditado la atendiera, han preferido llevársela a su pueblo natal en Kompong Thom, a 150 kilómetros de Siem Reap, donde un doctor tradicional, no hará más que echar a la suerte el futuro de esta chica. Normalmente no me gusta incluir mis historias personales en este Mundo Olvidado, pero ella, como las más de cuarenta personas que han trabajado conmigo en estos tres años, son una parte muy importante de que yo hoy pueda escribir este blog, son ellos quienes me enseñaron a caminar en Camboya.

Desde aquí toda mi fuerza Ratha.

Camboya, el “Reino de las Maravillas”

 

Cambodia "Kingdom Of Wonder". Campaña publicitaria del Gobierno Camboyano

 

El 20 de noviembre de 1989 se celebró la Convención de los Derechos de los Niños: el más poderoso instrumento legal que reconoce los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Todos los países del mundo, con excepción de Estados Unidos y Somalia, han adoptado la Convención. En la actualidad, Somalia no puede avanzar hacia la ratificación porque carece de un gobierno reconocido. Estados Unidos por su parte, lleva a cabo exhaustivos exámenes y escrutinios de los tratados internacionales antes de incorporarlos a su legislación. La Convención define como, “niño” o “niña” a toda persona menor de 18 años, a menos que las leyes de un determinado país reconozcan antes la mayoría de edad.

Aunque son solo dos, los países que no han adoptado la Convención, el día a día de las calles de las ciudades más pobres, nos deja a la luz que son muchos más los países, para los que un niño sigue siendo aquella persona, que puede ser intercambiada o explotada por esa “droga” llamada dinero.

Podemos encuadrar en dos categorías, aquellas actividades que impliquen el comercio sexual de menores en Camboya: la explotación en establecimientos o aquella basada en la oportunidad que ofrece la calle. La primera, normalmente es la preferida por los propios camboyanos o turistas asiáticos, más preocupados por ocultar la realidad de sus crímenes que de la propia gravedad de sus hechos. Mientras que son los turistas o expatriados occidentales, quienes prefieren buscar su suerte en las calles, playas o mercados de las ciudades camboyanas.

En los últimos años, Camboya ha experimentado un gran aumento en el número de turistas y residentes extranjeros, y como no podía ser de otra forma, también en el número de pederastas. Muchas son las razones para que Camboya sea uno de los paraísos para este tipo de individuos, recordemos que un 34% de la población del país vive por debajo del umbral de la pobreza. Además, los niños cada vez están más acostumbrados a acercarse a los turistas extranjeros que cada vez visitan más el país, es frecuente ver a muchos niños vendiendo pulseras en las puertas de los templos de Angkor, o incluso actuando como guías improvisados, lo que hace que el pederasta tenga muy fácil el acceso a su “presa”. Si ha esto añadimos la cultura de impunidad antes estos crímenes que reina en el país, hacen que Camboya sea un paraíso seguro para que estos individuos cometan sus mayores atrocidades sin ser molestados.

 

¨Niño de la calle" esnifando pegamento en Siem Reap / Foto: Omar Havana

 

Algunas Historias Reales (He cambiado todos los nombres de los menores para su protección).

Mao.

Tengo 10 años, vivía en Battambang con mi madre y seis hermanos. Mi padre murió al explotar una mina antipersona, y mi madre nunca ha trabajado. Desde que llegue a Siem Reap, recorro las calles en busca de limosna para ayudar a mi familia, donde casi todos los días esnifo pegamento para sentirme mejor. Siempre duermo en la calle, porque como no consigo el dinero que mi madre quiere, ella no me deja dormir en casa. Hace un año, una noche conocí a un extranjero en una gasolinera, quien me enseñó un billete de $20 y me pidió que le acompañara a su casa, donde abusó sexualmente de mi, le dije que sí, porque quería darle el dinero a mi madre.

Ratha

Tengo 16 años, y vivo con mi familia en las calles de Siem Reap. Mi padre murió hace años. Nunca he ido a la escuela, aunque me gustaría, pero llevo tres años usando drogas a menudo (pegamento). Me dice que ha mantenido relaciones sexuales con cinco o seis extranjeros por unos $10-$20 cada vez, aunque no recuerda bien el número exacto de veces, debido a que el uso continuado del pegamento ha empezado a afectar a su memoria y su salud. Con el dinero que consigo compro comida y drogas, además recojo basura por las calles de Siem Reap. Dice que seguirá con extranjeros porque es la forma más fácil de ganar dinero.

Un Caso para estudiar y reflexionar reportado por un cooperarte de una organización en Phnom Penh. (No se identifica la organización o al cooperarte para preservar la investigación que continúa).

Tres hermanos (dos niños de 14 y 12 años de edad y una niña de 9 años), estaban siendo explotados sexualmente de manera frecuente, mientras eran obligados por sus padres, dado el dinero fácil que este tipo de “negocio sucio” genera. Si los niños no conseguían el dinero que los padres les exigían, al volver a casa eran golpeados. La ONG intervino en repetidas ocasiones, incluso separando a los niños de los padres, pero sin embargo, los chavales seguían volviendo al final a su casa. Eran constantemente manipulados, con frases como que el Budismo requiere que los hijos sean buenos a sus padres o haciéndoles sentir culpables por abandonar a la familia. A pesar de los esfuerzos de la organización, quienes incluso les ofrecieron la escolarización en uno de sus centros, los niños siguen en la calle arriesgando sus vidas para llevar el dinero a sus padres.

 

Stop a la Pedofilia / Foto: Omar Havana

 

Tres historias que son solo un ejemplo de los miles de niños que son explotados todos los años en las calles de Camboya. Muchos son los lugares en Phnom Penh, donde estos “niños de las calles” son buscados por sus explotadores, como las proximidades del Palacio Real, el paseo del río, los jardines, el mercado central, en las proximidades de Wat Phnom o la mayoría de los puestos callejeros de venta de comida. Pero, la explotación infantil no es un problema exclusivo de la capital camboyana, las playas de Sihanoukville, o la mayoría de las estaciones de servicio de las principales ciudades, son lugares comunes donde estos seres “inhumanos” se aproximan a sus victimas.

Solo faltan cuatro horas para que muchos de los niños salgan de las habitaciones de algunos hoteles donde están siendo abusados. Las seis de la mañana es la hora, donde los empleados de los hoteles que permiten que estos crímenes se cometan dentro de sus paredes, expulsan a los niños después de haber aceptado una comisión por su silencio. Esa será la hora donde muchos de estos críos empezaran la jornada de trabajo, recogiendo basura por céntimos de euro, mientras que seguirán caminando las calles en busca de un futuro incierto.

El nuevo lema que el Ministerio del Turismo Camboyano ha inventado para atraer a más turistas, “Cambodia, Kingdom Of Wonder” (Camboya, el Reino de las Maravillas), sigue siendo mal interpretado por algunos desalmados, para los que Camboya no es más que el “Reino donde cometer sus más perversas fantasías”.

 

Camboya, "Reino de las Maravillas " / Fotomontaje: Omar Havana

 

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Angelia Jolie podría actuar en una nueva película sobre el Imperio Jemer

Desde hace meses, los comentarios sobre un posible retorno de Angelina Jolie a Camboya son frecuentes en las conversaciones entre los “expatriados” que viven en Siem Reap.

Angelina Jolie durante la premiere de Salt en Berlín /Foto: Xinhua/Reuters Photo

Pero solo hace unos días, en una rueda de prensa organizada en Phnom Penh, los rumores fueron confirmados por Thomas Magyar, director del proyecto, y Tony Schiena, coordinado del “Gran Imperio Jemer”, traducción literal del nombre de esta nueva película, que narrará la historia del Rey Jayavarman VII, considerado como el “Gran Rey de Camboya”.

“Great Khmer Empire”, nos contará la historia de este país durante los siglos XI y XII, años de esplendor de una de las más grandes civilizaciones que la humanidad ha conocido. Durante los más de treinta años de reinado de Jayavarman VII, se construyeron los templos de Ta Prohn, en honor a su madre (este templo ya aparece en Tomb Raider, una de las películas de Angelina Jolie), Preah Khan, Neak Pean y Bayon, una de las obras maestras de la civilización jemer y que el Rey se dedicó a si mismo. Además mejoró considerablemente Angkor Thom, que era el centro de la capital del Imperio que en aquel momento, se podía equiparar al tamaño actual de la isla de Manhattan en Nueva York.

Templo Ta Prohn / Foto: Omar Havana

La película supondrá el casi seguro retorno de la actriz americana a Camboya, país donde adoptó a su hijo Maddox durante el rodaje de Tomb Raider. Además contará con la casi segura presencia de Jet Li (Arma Letal 4 y Matrix) y John Cenna (estrella de la lucha libre americana). Su presupuesto rondará los 70 millones de dólares y se tardará unos tres años en finalizar el rodaje, que incluirá ciudades como Siem Reap y por supuesto, los famosos templos de Angkor.

Templo Bayon / Foto: Omar Havana

Seguramente, una de las mejores formas de dar a conocer al mundo la historia olvidada de una civilización capaz de construir la ciudad más grande del Mundo. Recordemos que en los años de esplendor de Angkor, más de un millón de habitantes vivían en la ciudad de Angkor Thom (Londres en los mismos años no llegaba a los 40.000 habitantes), cubriendo una superficie que se aproximaba al actual tamaño del área metropolitana de Madrid.

Una vez más, esta será una oportunidad para Camboya, de mostrar al exterior la belleza de este país, una imagen manchada por los problemas sociales que ahogan cada día un poco más al nuevo y sonriente “Imperio Jemer”.

El país que aprendió a reciclar las bombas

Los 240 kilómetros que separan Vang Vieng y Phonsavan, en Laos, supusieron para mi algo más que un simple viaje. Hasta ese momento, creía considerarme un viajero, pero fueron en esas seis horas de autobús donde me di cuenta que hasta ese momento había sido un turista más en busca de fotos que enseñar a mi regreso.

Mapa Laos

Vang Vieng es el típico pueblo de mochileros en busca de tranquilidad, diversión y sobre todo “marihuana”, cientos de turistas se pasan los días tumbados en los “salones” al aire libre de los hostales, viendo una y otra vez, los mismos capítulos de la serie “Friends”, mientras otros se animan a disfrutar de la única diversión que esta aldea perdida ofrece, el descenso en neumáticos de camión de un río cercano, un trayecto cercano a una hora, dependiendo del tiempo que pares en uno de los chiringuitos que invaden las laderas de su cauce. Una aventura que cuesta la vida a más de un turista todos los años.

Típica postal de Vang Vieng / Foto: Omar Havana

A tan solo unos pocos kilómetros de Vang Vieng, se encuentran las “peligrosas Ruta 13 y Ruta 7″, y las “Zonas Especiales Saysomboun”, donde entre los años 2003 y 2004, fueron frecuentes los ataques a autobuses y donde al menos doce personas fueron asesinadas en ese año, incluyendo dos ciudadanos suizos que circulaban en sus bicicletas.

Cansado de no hacer nada en Vang Vieng, decidí visitar la zona de la “llanura de las jarras”, a pocos kilómetros de Phonsavan, una de las regiones más bombardeadas de la historia, y atravesar una de esas carreteras “peligrosas”, la Ruta 7. Fue en ese autobús repleto de gallinas y cerdos, donde la aventura comenzó. Pocos kilómetros después, empecé a mirar a mi alrededor, buscando imágenes que capturar por el objetivo de mi cámara, todo cambió al ver a ese joven que se sentaba en mi misma fila, pero al otro lado del pasillo.

No tendría más de 25 años, aunque no fue su físico lo que me llamó la atención, sino el Kalashnikov que tenía a su derecha. Fueron minutos de pánico, yo era el único turista del autobús y aquella era una zona de guerrilla hmong. Pronto pude respirar, cuando el autobús paró durante unos minutos en uno de los bares de carretera, hasta que ese joven decidió quitarse la chaqueta, y dejar al descubierto, tres granadas de mano y dos pistolas que llevaba alrededor de su cuerpo.

Me temblaba el pulso al ver el rifle en el bus / Foto: Omar Havana ( preso del pánico )

Estuve pensando que hacer, subir de nuevo al autobús, o ese era el final de mi viaje, yo intentaba preguntar a la gente local, quién era esa persona, pero nadie me contestaba. Al final subí, y no se si por los nervios, el miedo, o la razón que fuera, empecé a disfrutar del viaje, aquello si era una aventura, y al final, no se que era más peligroso, si ese chaval con un rifle, dos pistolas y tres granadas, o aquel autobús sin ventanas que se salía en todas las curvas de la carretera. Seis horas después, por fin respiré, había llegado a Phonsavan.

Me alojé en el hotel del hijo del portavoz del Pathet Lao, movimiento político comunista que combatió contra los franceses en los años 50 y contra los americanos posteriormente. Era un adinerado hombre que había sabido sacar partido a los contactos que su padre había hecho durante la Guerra de Vietnam. Un hotel que era famoso por su decoración, toda fabricada con los restos de las bombas que la guerra secreta había dejado esparcidas por Laos, no tengo que decir que la cena resultó “explosiva”.

Restaurante del Hotel en Phonsavan / Foto: Omar Havana

Salero / Bomba en el hotel / Foto: Omar Havana

A pocos kilómetros del pueblo se encuentra la conocida “Llanura de las Jarras”, un área que contiene miles de jarras creadas hace 1500 o 2000 años, esparcidas por el suelo en la llanura de Xieng Khouang, en la principal cadena montañosa de Indochina. En el contexto de la Guerra de Vietnam, la llanura de las jarras se refiere a la llanura completa de Xieng Khouang, en lugar de los sitios culturales en si mismos.

"Llanura de las Jarras" / Foto: Omar Havana

La primera europea en estudiarlas fue una arqueóloga francesa llamada Madeleine Colani que las visitó en 1930. quien mantuvo la teoría de que el lugar está relacionado con enterramientos. Colani encontró una cueva en las proximidades que contenían restos humanos, algunos de ellos quemados. Durante la Guerra de Vietnam, esta cueva fue utilizada como fortaleza por el Pathet Lao. El área cercana está rodeada de trincheras y cráteres de bombas, y la tierra plagada de restos de metralla. El pueblo de Xieng Khouang fue destruido durante la batalla de Pathet Lao, lo que originó que en 1970, Phonsavan fuera construido.

Cueva-Fortaleza del Pathet Lao / Foto: Omar Havana

Casa con pilares peculiares / Foto: Omar Havana

En las proximidades de la llanura, se encuentras algunos de las aldeas más peculiares de todo Asia. Las bombas son parte del paisaje, y los aldeanos han aprendido el peligroso trabajo del “reciclaje de explosivos”. Es normal ver casas que utilizan los depósitos de combustible de los B-52 como improvisados pilares, es normal comer en un restaurante con cubiertos fabricados con el metal de las bombas, resulta curioso ver como los niños utilizan las bombas de fragmentación desactivadas como improvisadas pelotas. Es difícil caminar en esta zona sin posar los pies sobre una de las bombas de racimo que invaden el suelo, como yo mismo tuve la oportunidad por desgracia de experimentar.

Bomba a mis pies / Foto: Omar Havana

Todo en este lugar es diferente, la vida discurre entre los restos de una guerra, que hizo que Laos sea hoy conocido, como el país del mundo donde más bombas han sido arrojadas por habitante. El bombardeo fue superior a todos los ataques sufridos por toda Europa en conjunto durante la Segunda Guerra Mundial. Los Estados Unidos realizaron más de 10.000 misiones durante los nueve años que duró la guerra, arrojando más de un millón de bombas, el equivalente a una tonelada de explosivos por cada hombre, mujer o niño que vivía en el país en aquel momento. Mientras en Estados Unidos, dos millones de dólares al día eran “donados” al conflicto mediante los impuestos de una población que cada vez estaba más en contra de esta guerra.

Una lluvia letal de todo tipo de bombas fueron arrojadas desde los B-52 que realizaron incursiones sobre Laos en un promedio de cada ocho minutos durante nueve años. En 1973, el bombardeo se detuvo finalmente. Laos es un país lleno de cicatrices y el sufrimiento todavía no se detiene. El treinta por ciento de las bombas arrojadas se encuentran sin explotar. En el plano personal se reportan nuevas víctimas cada día. Desde el cese de los conflictos entre Estados Unidos y Vietnam, ha muerto casi tres veces más gente en Laos a causa de las bombas de racimo, que la gente que falleció en el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. En Laos hay una terrible escasez de tierra cultivable y eliminar estas bombas es un trabajo que se llevará varias generaciones.

Paisaje desde el aire ( Cráteres por todos los lados ) / Foto: AFP

Quienes han tratado de hacer el cálculo aseguran que llevaría varios siglos, quizás mil años, antes de que un programa de desactivación de explosivos sin suficientes fondos como el de Laos, logre despejar hasta el último explosivo de un territorio que ocupa una extensión la mitad de España.

Cercado con tanques de combustible de un B-52 / Foto: Omar Havana

Mientras tanto, y teniendo en cuenta que una labor tan simple como la agricultura, en esta zona se ha convertido en uno de los trabajos más peligrosos, muchos pobres encuentran en el metal oxidado, una oportunidad para fabricar prótesis bajo un programa de COPE, una de las organizaciones locales, una opción muy útil para los cientos de heridos por bombas al año. Curiosamente, el alto precio de la chatarra, incentiva el comercio de los restos de bombas, una tarea realizada por gente inexperta, y sin medios para impedir ser víctima de una detonación.

Proyecto de la organización COPE / Foto: Omar Havana

Solo unos días antes de mi visita a la aldea, uno de los niños murió a causa de una de las bombas de racimo, según me explicaba mi guía, Sousath, el chaval creyó que había encontrado una pelota en el suelo, y al cogerla explotó, no pudieron enterrarlo inmediatamente, ya que hasta varios días después no encontraron sus brazos en el tejado de una de sus casas. El niño tenía tan solo 7 años de edad.

Niños de la aldea / Foto: Omar Havana

Laos es un pequeño estado pacífico, situado entre sus más reconocidos vecinos de Tailandia, Camboya, Vietnam, Birmania y China. Un país olvidado del que pocas personas han oído hablar, que muy pocas puede identificar en un mapa, y que hace años sufrió una “guerra secreta” desconocida para la mayoría. Más de treinta años después, sus niños siguen sufriendo las consecuencias de ese sin sentido que fue la Guerra de Vietnam, quizás el mayor fracaso militar de la historia de los Estados Unidos, pero seguro que la mayor derrota para la vida de las personas que viven en este hermoso país. Laos, sin duda la “joya del Sudeste Asiático”.

Paisaje en la Ruta 7 / Foto: Omar Havana

Quiero desde aquí recordar a mi guía, sin el cual, nunca hubiera podido vivir esta aventura. Sousath, murió en 2009, con menos de 60 años. Descanse en Paz.

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