El blanco y negro del país del Angkor Wat

Si no podemos ser los primeros, seremos el mejor segundo del Mundo”. Esta podría haber sido la frase que el Primer Ministro camboyano, Hun Sen, hubiera dicho en uno de sus “mítines políticos” para explicar la noticia con la que amanecía la sociedad camboyana el pasado jueves, 2 de septiembre de 2010.

Camboya, un país donde el 34% de la población vive con menos de un dólar al día, con una esperanza de vida de 58 años, y donde solo se encuentran dos teléfonos entre cada mil personas, prepara la construcción del segundo edificio más alto del mundo.

555 metros será la altura de este rascacielos destinado a oficinas, en una ciudad, Phnom Penh, donde miles de niños duermen en la calle todos los días. Según afirmaba el Primer Ministro camboyano al diario Phnom Penh Post, “Camboya construirá el edificio de negocios más alto de Asia, será la próxima semana cuando discutiremos los costes del proyecto con los diferentes Ministros del Gobierno”.

Al mismo tiempo, en la ciudad de Siem Reap, miles de personas se ven forzadas a abandonar su hogar por una orden del propio Hun Sen, que hace meses aprobó la construcción de una nueva carretera que atraviese la ciudad de los templos de Angkor. A cambio, cada familia recibirá 300 dólares y un asentamiento en la zona de Banteay Srei a 45 Km. de Siem Reap, distancia que les obligará a dejar sus trabajos para vivir en una zona donde el único medio de subsistencia es la agricultura, uno de los trabajos peor pagados en Camboya.

El nuevo edificio de la capital camboyana, superará en 46 metros a la Torre Taipei 101, de Taiwán, hasta el momento el segundo edificio más alto del mundo. Aunque todavía lejos de los 828 metros del famoso Burj Khalifa, en Dubai, este “nuevo templo de Angkor” será la nueva referencia de una capital que pide a gritos un cambio en otro sentido. En este momento, el edificio más alto de Camboya, es la Torre del Banco de Canadá, en Phnom Penh, con 118 metros.

 

Torre del Banco de Canadá en Phnom Penh / Foto: Omar Havana

 

Se prevé que el primer peldaño de este monstruoso rascacielos costará “tan solo” 200 millones de dólares como afirma Touch Samnang, director del proyecto. Aunque según Dennis Poon, director principal de la empresa que construyó la torre de Taipei, “el total del coste del proyecto estará entre 500 y 900 millones de dólares. Se empleará un año para el diseño y cuatro para la construcción”.

 

Los edificios más altos del Mundo.

 

Parece ser que los rascacielos son la ultima moda en Asia ya que ocho de los edificios más altos del mundo están en este continente. El nuevo proyecto de Camboya solo puede ser comparable al que un día su gran amiga, la Corea del Norte de Kim Il Sung, realizó en 1989, cuando construyó en un país sin libertad, el mayor estadio de fútbol del mundo, con capacidad para 150.000 espectadores. Camboya no quiere quedarse atrás en esta lucha por enseñar el poder del país al exterior, y dentro de unos años, los turistas que visiten Phnom Penh tendrán una fotografía nueva que enseñar a su regreso, la de un edificio de 555 metros vacío y deteriorado, como por desgracia siempre ocurre en este país de locos.

 

Estadio Rungrado May Day, Corea del Norte

 

Camboya, un país de casi 15 millones de personas en el sudeste asiático, con un sueldo medio de 250 dólares al mes pero donde un niño de once años trabaja 14 horas al día recogiendo botellas de plástico de la basura por 14 céntimos de euro, y donde el Gobierno gasta casi un Billón de dólares al año en salarios, y casi 700 millones en un edificio innecesario y ridículo.

Esto es Camboya, el país del Angkor Wat, de los jemeres rojos, de la minas antipersona, y aunque parezca mentira, el país de los rascacielos, aunque en las aceras de sus puertas, los niños sigan buscando los desperdicios de una sociedad, que prefiere mirar hacia la cima de los edificios antes que directamente a los ojos de ese niño, que recorre las calles de Siem Reap en su bicicleta buscando un futuro mejor.

 

Hor, 11 años, 0,14€/día, 14 horas en bicicleta / Foto: Omar Havana

 

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9 responses to “El blanco y negro del país del Angkor Wat”

  1. vietnamitasenmadrid (@vietnamitasmad) says :

    Que razón tienes… Phnom Phen ciudad pobre, con gente malviviendo y a la vuelta de la esquina, lujo, derroche y sinrazón en forma de gigante de acero ¿?

    Un saludo

  2. aliena says :

    que viva la igualdad,,,,,,,,, la igualdad de los dirigentes porque estos si son siempre iguales, iguales de insensatos, iguales de ambiciosos, igualmente ciegos……….
    que viva la igualdad,,,,,,,,,, la igualdad de los de esos niños y de los desfavorecidos , porque siempre seran igual de pobres e igual de desfavorecidos mientra que quien deveria cuidarlos se recree mirando la maravillosa cupula de su obra y no vea sobre lo que esta construida

    • Omar Havana says :

      Aliena, así es Camboya, siempre digo la misma palabra, Camboya es “diferente”. Aunque algunas cosas se estén haciendo bien.

  3. bleid says :

    Hola Omar
    los niños recogiendo botellas de plastico es algo que me impacto mucho de Camboya asi como la cantidad de niños pidiendo que hay en Phnom phen
    La verdad que es un crimen que esos chiquillos esten deambulando por las calles en busca de plastico para poder ganarse la vida y a merced de gentes sin escrupulos
    esperemos algun dia las autoridades del pais hagan algo al respecto y miren por el futuro de esos niños que a su vez son el futuro del pais
    un fuerte abrazo

  4. Amaia says :

    Elisa Carrió dijo hace unos años que, la desigualdad no es un problema de dinero sino de voluntad política. Está claro que en Camboya como en otros lugares, el comportamiento de sus dirigentes es como el de esos pobres diablos que se empeñan en vivir por encima de sus posibilidades mientras las telarañas se adueñan de su nevera.
    Los países menos favorecidos se reparten un 20% del total de la riqueza mundial, y además ni siquiera es un reparto equitativo.
    No basta con combatir la pobreza, hay que atacar también las causas de desigualdad empezando por la cúpula mayor. Y ya que hablamos de megaconstrucciones y son tan aficionados que empiecen por aprender que una casa no se construye por el tejado, antes hay que asentar bien los cimientos. Y en éste caso, los cimientos y la base de un país son sus moradores.,

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