Archive | noviembre 2010

Vídeo de la tragedia en Camboya

Dada la importancia de este material filmado por Daphneweb, quiero compartir con vosotros, fieles lectores, los diez minutos más dramáticos en la reciente historia del país donde vivo. Camboya vivió el pasado lunes momentos catastróficos en ese puente marcado para siempre por la palabra Muerte.

Las imágenes que se muestran a continuación pueden herir la sensibilidad del espectador.

 

Luto en Camboya por los “hermanos” fallecidos

Con dos jornadas de retraso me dispongo a narrar las sensaciones vividas en los tres días que estuve en Phnom Penh. 48 horas en las cuales la triste noticia de la muerte de Litha, la chica que yacía inconsciente en la cama del hospital ruso-jemer, me ha dejado prácticamente sin palabras.

Era jueves 25 de Noviembre, un día que Camboya señaló en el calendario como jornada de luto oficial por las más de 300 víctimas oficiales de la catástrofe de Diamond Island. A primeras horas de esa triste mañana, las lágrimas del Primer Ministro Hun Sen acompañado por su esposa Bun Rany no dejaban indiferente a nadie. Algunos hacían suyo el dolor que se desprendía del rostro de Hun, para otros sin embargo, solo fueron “lágrimas de cocodrilo”.

 

El Primer Ministro Hun Sen llora a los muertos / Foto: Phnom Penh Post

 

 

Sea como fuere el sentimiento del Primer Ministro, el pueblo camboyano rindió un sentido homenaje a los fallecidos en el ya conocido como “el puente de la muerte”. Mientras autoridades, monjes budistas, ricos, pobres, estudiantes, militares y campesinos se mezclaban en largas colas para dar el ultimo adiós a sus hermanos camboyanos, la señora Then Yoeung, de 59 años, buscaba, fotografía en mano, a su hija Than Samath de 20 años desaparecida el pasado lunes, “he estado en todos los hospitales, visto uno por uno todos los cadáveres, buscando en todas las lista, preguntado a las autoridades, y ahora solo me queda preguntaros a vosotros, señores periodistas, ¿dónde esta mi hija?, me contaba con lagrimas en los ojos esta madre coraje que no parara en su empeño por al menos recuperar el cuerpo sin vida de Than Samath, su hija más pequeña, “solo me queda pensar que saltó al agua, ella no sabia nadar, y quizás el agua será su hogar desde ahora. Vengo todos los días a las proximidades del puente, y me siento a mirar al agua con la fotografía de Than en mis manos, esperando que el cuerpo de mi hija salga a flote en cualquier instante”, me comenta mientras se abraza extenuada a mi traductor.

 

La señora Then muestra la foto de su hija desaparecida ( primera a la izquierda ) / Foto: Omar Havana

 

La cifra de muertos oficiales sube y baja como si de una montaña rusa se tratara. Mientras que el pasado miércoles, las autoridades confirmaban en un comunicado de prensa la muerte de 456 personas, menos de 24 horas más tarde, la cifra oficial es de 347 víctimas, de las cuales 221 son mujeres, “la cifra ha bajado porque hemos contado algunos muertos dos veces, la investigación concluirá la próxima semana”, afirmaba Om Yeng Tieng, director en funciones de la comisión investigadora. Un numero de fallecidos muy alejado de la realidad de esta tragedia. Según la misma comisión, más de 10.000 personas podrían haberse encontrado en los instantes del suceso en el puente, lo que deja entrever que el número de fallecidos podría ser considerablemente superior a lo anunciado por el Gobierno de Hun Sen. Se desconoce el número de cuerpos que pueden yacer en el fondo del río Tonle Sap, o incluso que hayan sido arrastrados por la fuerte corriente del río Mekong, lo cual unido a que la mayoría de la población camboyana no posee un carnet de identidad o partida de nacimiento, hace casi imposible acercarse con exactitud a la cifra de muertos, que según algunas fuentes podría rondar el millar.

 

La cúpula de la policía camboyana firma en libro de condolencias / Foto: Omar Havana

 

Una tragedia que a los ojos de John, un escocés expatriado en Phnom Penh se veía venir un día antes. “el domingo pasado me encontraba en las proximidades del Monumento a la Independencia, disfrutando de un día de fiesta con mi prometida y unos niños de su poblado, cuando de repente me vi atrapado entre medio de una multitud salida como de la nada, llevaba a uno de los niños en mis hombros y temí por su seguridad. En esos momentos, le comenté a mi prometida, esto no es normal, aquí va a pasar algo, y tan solo 24 horas después, sucedió lo inevitable. Ese día no salí de casa, después de los sucedido el día anterior me dio un poco de miedo estar en la calle en medio de tanta gente. Me enteré de lo que pasó por el ruido de las sirenas. Camboya no puede continuar así, alguien tiene que parar esto”, me comentaba un indignado John. “El problema hay que solucionarlo de raíz, no basta con poner parches”, apuntillaba su prometida.

Mientras miles de compatriotas se acercaban hasta las inmediaciones de Koh Pich, cientos de familiares lloraban a sus seres queridos en la Camboya rural. 66 de los fallecidos eran de la ciudad de Phnom Penh, en la provincia de Kandal otros 66, en Takeo 33, Kampong Cham 38, Prey Veng 37, Svay Rieng 26, Pursat 4, Oddar Meanchey 1, Kampong Chhnang 6, Kratie 2, Battambang 2, Kampong Speu 20, Kampot 9, Kampong Thom 5, Siem Reap 1, Banteay Meanchey 1, Sihanoukville 1 y otros 29 cuerpos fueron retirados inmediatamente por sus familiares de los hospitales. En total 347 seres humanos, y 347 familias que nunca olvidarán lo sucedido el 22 de Noviembre del año 2010.

 

Ofrendas para despedir a sus hermanos fallecidos en el puente de la muerte / Foto: Omar Havana

 

Entre ellos Litha, una chica abandonada en el hospital entre la vida y la muerte. La mañana del viernes decidí acercarme antes de mi vuelta a Siem Reap, al hospital ruso-jemer, quería ver si esa joven inconsciente que luchaba por su vida en esa destartalada cama de hospital había abierto los ojos. Sin embargo, mirando su cama vacía entendí el drama enorme de este país donde la muerte de centenares de jóvenes ha vuelto a poner por el momento en el mapa mundial.

 

Descansa en paz, Litha / Foto: Omar Havana

 

 

Camboya y otros muchos países no pueden caer en el olvido después de sufrir catástrofes de esta magnitud, todos los meses centenares de jóvenes mueren en el país de la sonrisa eterna por otras razones como accidentes de trafico, minas antipersonas, violaciones, drogas, asesinatos, corrupción,…, esperemos que el drama de estos otros jóvenes olvidados siga poniendo en el panorama mundial a un país que grita más fuerte que nunca, ¡AYUDA!

Fotografías de la tragedia en Camboya

El Puente de la Muerte / Foto: Omar Havana

Familiares buscan a sus seres queridos en los hospitales / Foto: Omar Havana

Monjes budistas contemplan el lugar de la tragedia / Foto: Omar Havana

Una madre busca a su hijo fallecido / Foto: Omar Havana

Cientos de seres humanos ya nunca volverán a casa / Foto: Omar Havana

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Cuatro supervivientes de la tragedia camboyana

Camboya vivió el pasado lunes la peor tragedia desde la época de terror de los jemeres rojos. Centenares de camboyanos perdieron la vida en un día donde todo el país celebraba con júbilo e ilusión la festividad más importante del año.

Muchos no podrán contar nunca los momentos de pánico que se vivieron en la tarde del pasado lunes en el puente que conecta con Diamond Island. Otros sin embargo, solo quieren dejar de soñar con esos instantes en los que la diosa fortuna los escogió para seguir viviendo.

Monjes budistas miran hacia el puente de la muerte / Foto: Omar Havana

Es el caso de Peoom, un joven de 18 años que me afirma desde su cama del hospital:  “la gente empezó a tener pánico cuando se escucharon los primeros rumores sobre el posible derrumbe del puente”. Peoon, llegó con su familia a Phnom Penh desde su provincia natal de Kampong Cham el pasado viernes para disfrutar de unos días de diversión. En la tarde del jueves se acercó hasta Diamond Island para disfrutar de la música que dice, tanto le gusta. Pocas horas después, volvió a nacer. “Cuando todo empezó, me quedé atrapado en medio de mucha gente, mientras luchaba por mi vida vi a muchas personas morir, por fortuna había un hueco entre todos por el que pude escapar de la montaña humana que me rodeaba y saltar al agua desde el puente, allí estuve una hora intentando nadar como podía, aunque ya no me quedaban fuerzas. Como pude localicé a mi padre, quien no había ido a esta zona, pero cuando me vio yo ya había perdido la consciencia. Lo siguiente que recuerdo es levantarme en esta cama de hospital dando gracias por seguir vivo”, nos cuenta Peoon, con voz extenuada a causa de los graves problemas respiratorios que sufre desde el pasado lunes. Nadie del hospital le ha dicho cuando podrá volver a su casa. “Murieron muchas personas porque no había policías suficientes para ayudarnos”, concluye Peoon.

Peoon en su cama / Foto: Omar Havana

A pocos metros, me encuentro con otro de los supervivientes de este lunes negro, se llama Monlam y tiene 19 años. Ella y diez amigos llegaron el pasado sábado a la capital desde la provincia de Takeo. Con símbolo inequívocos de extenuación nos cuenta como estaba en la mitad exacta del puente cuando todo pasó, “me aplastó literalmente la gente, en unos minutos, los cuerpos de los demás, apilados uno sobre otro, me llegaban por encima de la cintura, mi hermano que estaba a unos metros, pudo tirar con mucha fuerza de mi y sacarme del montón, fue ahí cuando mi pierna se rompió. Yo estoy bien, pero nunca podré olvidar a mi amiga que murió a tan solo un metro de mí. Justo en esos momentos, su madre aparece en la habitación con cara de pocos amigos y me invita a cerrar la puerta, me susurra mientras mira sin parar en todas direcciones que “el hospital solo proporciona un plato de arroz al día a los heridos, si mi hija no paga la operación de la pierna, probablemente la perderá, porque estoy segura que nadie del Gobierno nos pagará al final las cantidades acordadas. Si es verdad que muchas personas están donando dinero, por qué no pueden ayudar a mi hija. Nosotros somos muy pobres y no tenemos dinero”.

Monlam extenuada / Foto: Omar Havana

En una habitación contigua a la de Monlam se encuentra Vannack, un huérfano de 28 años de la provincia de Kampong Cham, quien me recibe mostrándome sus “heridas de guerra”. En pocos momentos, más de diez personas se aproximan hasta la estancia del hospital donde me encuentro, son todos familiares de los ingresados, y han decidido hablar conmigo sin miedo. En ese instante, Vannack saca un sobre del bolsillo con el emblema de la Cruz Roja camboyana que contiene 50.000 rieles (unos 10 euros aproximadamente). No cuenta Vannack que “este es todo el dinero que voy a ver de ese millón de rieles que el Primer Ministro ha prometido, estoy seguro, al final a nosotros los pobres siempre nos mienten. No se que es lo que me pasa, los doctores no dicen a los pacientes las enfermedades, se limitan a llegar escribir un papel, y darme dos amoxicilinas y dos paracetamoles para todo el día. Además de los 50.000 rieles, el Gobierno me ha dado 30 sobres de noodles, 12 botes de leche y una bolsa de sal. De lo que pasó en el puente prefiero no hablar, porque cuando recuerdo lo vivido allí me pongo muy triste”.

Vannack nos enseña los "pisotones" marcados en su pecho / Foto: Omar Havana

No me hizo falta esperar mucho tiempo para comprobar que la comida no provenía del Gobierno, si no de organizaciones cristianas, quienes al mismo tiempo se sentaban al lado de los pacientes para contarles la importancia de recibir a Dios en estos momentos en sus vidas.

Donaciones del "Gobierno" / Foto: Omar Havana

Litha, la cuarta superviviente que me encuentro en mi vista al “Hospital de la amistad ruso-jemer” de Phnom Penh, yace sola en inconsciente en una habitación, con una bolsa de hielo sobre el pecho para, según el doctor que la atiende, ayudarla a respirar mejor. Varios días después de la tragedia, Litha sigue a la espera de que algún familiar venga a buscarla.

Litha yace inconsciente a la espera de algún familiar / Foto: Omar Havana

Estas son solo cuatro historias de cuatro chavales que solo querían divertirse. Cuatro seres humanos que el lunes volvieron a nacer. Cuatro mentes que nunca olvidaran los minutos de horror que vivieron en el “puente de la muerte”.

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