Regreso al Mundo Olvidado

Siempre me cuesta dejar la ciudad de la Alhambra, decir hasta la vista a esa niña de la guerra, ver esa sonrisa de despedida en la persona que me dio la vida, siempre es difícil. Son ya casi doce años diciendo “adiós, nos vemos pronto”, y cada vez es más complicado decir hasta la vista a los tuyos, a aquellos por los que tu corazón late a más velocidad todos los días.

Todo cambia cuando tu espalda se pega al respaldo del avión que te aleja de tus raíces, el vacío se convierte en un silencioso amigo de viaje por más de 15 horas, la campana suena anunciando al asistente de vuelo que el “fotógrafo pesado” de la 28K quiere otro whisky, y solo queda mirar por la ventana un paisaje lejano que lucha por la libertad de sus ciudadanos. De repente, sientes el golpe del tren de aterrizaje de ese Boeing 777 como una gran patada en el culo, probablemente el capitán estaba más dormido que yo en ese momento, un cartel enorme te anuncia la llegada al país de la sonrisa, las caras empiecen a tener un semblante más tranquilo, y unas puertas se abren ,sientes la humedad adentrándose por tus fosas nasales, y todo tu cuerpo te pide un cigarrito, mientras el taxista corrupto de turno te grita al oído: “sawadee-ka, míster, taxi 400 baht”. Bienvenido a Tailandia, Omar, “joder que calor hace”.

Esto es Bangkok, para mí la ciudad en la que se inspiró Ridley Scott para hacer Blade Runner, casi una hora de bus hasta mi guesthouse, donde ya te das cuenta que en esta parte del mundo todo es diferente, “tenemos habitaciones, pero no se las recomiendo, están dando a la calle principal, y por la noche hay mucho ruido, no podrá dormir, así que es mejor que vaya a otro lado”, me cuenta el “ladyboy” de la recepción del hotelito donde me suelo quedar. Sin dudarlo un segundo, “me la quedo, no necesito verla, me gusta”, le digo, su cara me deja leer lo que está pensando en ese momento, “este está zumbao”. Su honestidad bien vale unas horas de mi sueño, y la experiencia de estar sobre la calle más ruidosa del sudeste asiático, “Khao Sarn Road”, no me la quiero perder. Tras horas de charla para el diseño de mi nuevo tatuaje, caigo rendido unas horas. El chumba chumba de los miles de altavoces que recorren la calle son mi despertador, “joder que razón tenía el ladyboy, aquí no hay quien cojones duerma”.

Khao Sarn Road, Bangkok / Foto: Omar Havana

Estaba impaciente por entrar en mi Mundo Olvidado, sin poder pegar ojo, a las 3 de la madrugada, negocio sin parar con los taxistas corruptos que me piden 4 veces el precio que vale llevarme a la estación de autobús de Bangkok, al final uno honesto, como siempre, solo hay que esperar. No paro de reír en los más de 30 minutos que me separan de Morchit, las pegatinas de prohibiciones de este taxi me recuerdan más al gobierno de Zapatero que a un medio de transporte público, a los normales de no se puede fumar o beber, se unen el de no llevar Durian, animales y ni transportar granadas de mano y rifles de asalto, y las de por supuesto no “fornicar” mientras el conduce.

Casi 5 horas me separan de mi Camboya, ahora si toca dormir. A los pocos kilómetros de llegar a la frontera, los habituales controles del ejército, aunque esta vez se veían un poco más alterados, el conflicto a pocos kilómetros de allí se les nota en sus caras. Encuentran a uno sin identificación, algo cotidiano en todos los viajes hasta este punto de Tailandia, después de sacarlo del bus, podemos proseguir. Y de repente, todo suena más familiar, entiendes lo que hablan, lo que miran, lo que piden, Bienvenido a Camboya.

La sonrisa se transforma, aquí es eterna, las miradas se te clavan y los contrastes te anuncian la realidad de este país, Camboya es diferente. Los niños corren desnudos en las cunetas de la carretera, mientras tu taxista a más de 120km/h va adelantando a un camión, mientras un autobús pasa por el otro lado, mientras lo hace se lo narra a su mujer como los de la sexta las carreras de Fernando Alonso, y no para de mirar la nueva película de Karaoke que se ha estrenado en Phnom Penh. Al principio acojonaba, aunque uno se acaba acostumbrando, solo hay que cerrar los ojos y que pase lo que pase.

Hora y media más tarde estoy en mi casa, más tranquilo y sin el chumba chumba constante de Khao Sarn Road, consigo dormir. Ahora sí, he llegado.

La noche invita a salir a buscar caras familiares, ves a los de siempre, nada ha cambiado, Siem Reap sigue siendo esa ciudad de contrastes. Mientras disfrutas de unas frías cervezas con amigos escuchando “house” en directo en el garito de moda, los niños de la basura te anuncian su presencia. Subidos a lo más alto de los camiones que recorren las calles recogiendo los despojos de la ciudad, se llevan a la boca todo lo que van encontrando, y de repente, la cerveza empieza a saber demasiado amarga. Es hora de retirada, mientras los ladyboys te muestran sus culos apretados gritando “hello handsome man, where are you from, come with me”. El insomnio vuelve a estar presente en mí, es difícil asimilarlo todo, aún más complicado en estas cuatro paredes que desde hace un año parecen más grises que nunca.

Camiones de Basura / Foto: Omar Havana

Pero existe un lugar donde todo se para, donde la felicidad es plena, los vertederos de basura. Allí la sonrisa de los niños no te deja estar triste, allí te contagias del espíritu de niños que no pueden ser niños, allí te sientes libre, y allí se te parte el corazón. Gritan mi nombre al verme llegar, mientras una vez más me pregunto a qué sabe la basura. Me dicen que ya han construido los cuatro pozos de agua, pero que uno se ha roto, y piden como siempre un dólar, aunque saben que no lo tendrán. Recorro las casas, y veo uno de los pozos nuevos, allí una niña de cinco años limpia la ropa, mientras cuida de su hermana pequeño quien no para de llorar al ver nuestras caras.

Foto: Omar Havana

Hoy la mafia que dirige este “lago” está más presente que nunca, es domingo, día de recogida. Una mujer recorre el vertedero, cuaderno en mano, apuntando las ventas y repartiendo billetes, al otro lado, los peligrosos, esos que siempre me mirar con cara de no muchos amigos, ellos cargan las camionetas con la mercancía que los niños de la basura han recogido durante la semana. Entre ellos los chavales, siguen buscando los últimos “artículos” que poder vender, perdidos en el mar de inmundicia hunden sus pequeñas manos para poder rascar los últimos cinco céntimos de euro que poder dar a su padre.

Buscando los últimos céntimos / Foto: Omar Havana

Hace unos días llegue a Camboya a cubrir un conflicto armado que ha costado la vida a alguna decena de soldados, la lucha por el poder, la corrupción a los más altos niveles, es ese conflicto que interesa a los medios de comunicación en Europa, sangre, muerte solo eso, pero nadie ha mencionado por un segundo, el gran número de desplazados que la lucha por Preah Vihear ha causado. Aun menos hablan de estos niños de la basura, que a tan solo unos kilómetros de los grandes templos viven ajenos a todo.

El hambre, la sed, la injusticia, la corrupción, esas otras guerras silenciosas quedan ignoradas, conflictos olvidados para un mundo que sueña con tener una fotografía de niño pobre en sus carteras. Hoy he vuelto por fin a mi Mundo Olvidado, a ese donde los niños sonríen mientras la sociedad los ignora, ese donde por encima del conflicto de Preah Vihear, hay otras guerras, la del hambre, la de la injusticia,…,la de los niños de la basura.

Los Niños de la Basura / Foto: Omar Havana

Es hora de dormir….Buenas Noches Camboya, y feliz día de los enamorados….

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6 responses to “Regreso al Mundo Olvidado”

  1. nicolo says :

    Hola Omar,paso muchas veces leiendo tu comentarios y siempre quedo muy interesado.Me gustan las descripciones y siento la pasion que vos mete en esta causa.Pero mas alla de estas denuncias no encuentro una propuesta una critica concreta.No creo que el mundo pueda hoy solo pararse a mirar chicos que van creciendo en el medio de la basura y hechar el deto contra los colpable,gritar contra quien tiene responsabilidad,contra el mundo.
    Creo que cada denuncia tiene que estar una direcion para cambiar,un invito a cabiar,en lograr un cambio.
    Son cosas veras las que vos cuenta y yo entiendo la buena voluntad que vos tiene,pero me gustaria ahora,despues de todo ver las causas ,conozer el “porque” con el riesgo que llegando a saber cual es la fuente de esto mal miramos nos otros mismos en cada nuestra incoerentia,en cada cosas que pensamos y no actuamos.
    Saludos
    Tu amigo Nico

  2. Karol says :

    Hola, tiene que estar seguro que esta gente se lo agradecera, por su labor y su empeño en ayudar a estas personas, y que sepan que hay alguien que viene del otro lado del mundo para ayudarlos, contar su historia y luchar por ellos y con ellos, que a pesar de las cosas que sucedan ahi, usted no desfallesca en su labor, luche como lo hace hasta ahora, sepa que en el otro lado estan las personas que lo aprecian y que lo ayudaran, para que siga adelante, una vez mas felicidades, por su enteresa………………

  3. Karol says :

    Hola , tiene que estar seguro que esta gente olvidada se lo agradecera, que hay alguien que viene desde el otro lado del mundo, para estar con ellos ,que lucha por ellos y esta con ellos, que a pesar de todo lo que pase ahi, usted tiene que seguir con fuerza y luchar por aquellos que lo necesitan, no desfallesca en su labor y una vez mas felicidades, por su interesa hacia esta gente………………………………..

  4. Amaia López de Munain says :

    Seré mala pécora…y lo que echaba de menos éste artículo y esas sonrisas virtuales que nos han acompañado durante éstos meses. Ya son un poquito nuestras. Me he montado en el avión contigo, he sentido la humedad en el rostro e incluso he podido olfatear el ambiente del taxi. Genial descripción, como siempre. Ese 777 nos llevaba a todos.
    Feliz día de los enamorados…sobre todo de la vida!

  5. paco andaluz says :

    Hola,buenos dias,¿como estas amigo?,sabes que ,cada vez que recibo un articulo vuestro,tuyo,se me llena el corazon de alegria,pero ,se me hiela el alma al saber que, estas junto a ese mundo, y sin embargo,los de aqui lo hemos OLVIDADO, si, un mundo olvidado,para una gran mayoria de nosotro,pero no para ti,eres un gran tipo,siempre le doy gracias a la vida,por haber hecho que un dia,y por tu sentido de la justicia,fue como nos conocimos en aquella concentración de (GRANADA) solidarida con las protestas en egipto,que tan feliz me hizo el dia que mubarak se fue,bueno gracias por ser mi amigo y regresa pronto,te espero para tomar una cerveza y hablar de “eso” MUNDOS OLVIDADOS.. saludos y hasta muy pronto.Un abrazo muy fuerte compañero y amigo OMAR.

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