Remada, el oasis olvidado de una Guerra

El campo de refugiados de Remada se encuentra en la frontera entre Túnez y Libia, tan solo unas decenas de kilómetros separa la guerra de armas y dinero con la guerra silenciosa que viven 3000 seres humanos “protegidos” por el ACNUR. Carecen de sanidad, los alimentos escasean, y el agua es un lujo en peligro de extinción. Si la comunidad internacional no actúa de inmediato, la situación pasará de ser grave, a la extrema gravedad en tan solo unos pocos días.

Lloramos todo el día / Foto: Omar Havana

Alejado de la sangre y de la muerte que tanto gusta a los consumidores adictos a las noticias impactantes, este oasis de esperanza y desesperación rezuma miedo por los cuatro costados, muchos de estas mujeres y niños han dejado atrás a sus hijos, a sus hermanos, a sus padres, ellos siguen luchando en las montañas de Nefusa, donde menos de una centena de esos “luchadores” bereberes permanecen rodeados por las tropas mercenarias del dictador Gaddafi. Allí según nos cuentan, los cuerpos inertes cubren las calles de vida, allí las armas del pasado se enfrentan a esas armas vendidas por las naciones que hoy acabar con un régimen que no hace mucho tiempo apoyaban. Allí, esos hijos, esos padres viven al borde de la muerte, los suministros no llegan, y morir de hambre es el único futuro para estas familias.

En Remada sus madres ocultan sus caras, sus hijos juegan con el trauma psicológico como pelota improvisada de fútbol. En Remada, todos temen que sus imágenes lleguen a manos de aquellos que podrán identificarles, razón suficiente para que la vida de sus seres queridos sea exterminada de raíz.

3000 personas piden ayuda, mientras los auto-proclamados “protectores de los refugiados”” desayunan en mesas de lujo. Se repite la historia una vez más, estas “Naciones Desunidas” se preocupan más de enseñar la cara bonita de una labor que carece de sentimientos que de proteger a esos seres humanos indefensos que han perdido todo en nombre del petróleo.

“Yo pido ayuda para el pueblo libio, AHORA, no podemos esperar, es cuestión de semanas que esta situación de gravedad se convierta en una catástrofe humanitaria”, nos comenta un doctor italiano, voluntario en el campo de Remada durante tres días.

“Necesitamos más ayuda de las Naciones Unidas”, confiesa una profesora libia, mientras las lágrimas inundan su cara de temor por su hijo, quien sigue luchado en las montañas de Nefusa.

La comunidad internacional debe de reaccionar, hay otro lado en las guerras, no todo son aviones pilotados a distancia, no todo son ventas de bombas de racimo, hay otro lado, sí señores, hay otro lado. El lado humano de este ser cada día más inhumano, el lado al cual la mayoría evita mirar, ese lado que no sale en portadas de periódicos, ese lado que no fabrica el dinero que tanto gusta a los Gobiernos, ese lado llamado SOLIDARIDAD.

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