Archive | julio 2011

Olvidados

Los olvidados de la guerra de Libia

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“El temor a la guerra es peor que la guerra misma.” Séneca

La voz de los refugiados de Libia en Tataouine: entrevista con el Dr. Fathi

Hace menos de dos meses su mensaje conmovió a los allí presentes, su sonrisa era un halo de esperanza a la extrema gravedad en la que vivían los refugiados de su país, Libia, acogidos en la ciudad de Tataouine. Sin su ayuda seguramente todo hubiera sido mucho peor, armado solo con su humanidad y su corazón, el Dr., Fathi coordinaba a los miles de refugiados que llegaban a la ciudad tunecina de Tataouine como si de un experto se tratara.

Ha pasado el tiempo y su sonrisa sigue siendo la imagen de una Libia libre, de un sueño que según sus propias palabras está más cerca que nunca. Durante los meses que la Guerra de Libia lleva durando, sus palabras han animado a las almas desterradas de las montañas de Nafusa, en el club de deportes de Tataouine sigue ayudando a todos los que llegan, e incluso mientras que sus hijos siguen luchando en la ciudad de Yefren, Fathi es el ejemplo donde muchas de las organizaciones de ayuda al refugiado deberían mirar, aprender, escuchar, “para ayudar a un refugiado no creo sea necesario ser europeo, árabe, o de donde sea, la ayuda proviene del corazón, de los sentimientos hacia todas las personas y hacia sus necesidades, solo basta con ayudarles siendo un ser humano, y si no es así tenemos un problema con las segundas intenciones con las que se ayuda, algo que por desgracia ocurre en la mayoría de los casos”.

Dr. Fathi (derecha) junto a algunos refugiados libios en Tataouine / Foto: Omar Havana

El trabajo empieza a dar frutos después de meses de casi total ausencia, la ayuda de algunos comienza a llegar a los que se supone va destinada, “la situación de los refugiados ahora es mucho mejor, muchos de ellos fueron acogidos por los familias tunecinas, y algunas organizaciones, la mayoría libias procedentes de diversos países como Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Irlanda o Francia, ahora están haciendo un gran trabajo, también hay organizaciones tunecinas que funcionan muy bien, pero organizaciones como ACNUR no hacen lo suficiente, están mejorando, y hacen lo que pueden, pero no llegan al nivel que deberían, por ejemplo las F.A.O. están empezando a dar pan a los refugiados, son cosas menores que lo que podemos esperar de ellos, pero están mejorando”, confiesa el Dr. Fathi.

ACNUR, esa organización creado por Naciones Unidas para ayudar a los refugiados ha sido desde el comienzo de esta guerra el ejemplo a no seguir, como el mismo doctor nos cuenta la situación en sus campos ha mejorado, aunque quizás no lo suficiente, “el problema es su mentalidad, ellos pueden asistir a personas solo refugiadas en los campos, pero no a los refugiados acogidos por las familias, que son la mayoría de los que han huido a Túnez. He hablado con ellos, y les he dicho repetidas veces que deben cambiar su táctica, sus métodos para aproximarse a los refugiados, esto es una nueva experiencia para ellos. ACNUR debería afrontar esta situación positivamente, deberían ser más creativos, en esta época debemos amoldarnos a situaciones nuevas, no podemos decir que esto es lo que solemos hacer, o no podemos hacer algo diferente porque no es nuestra manera de trabajar, ellos deben cambiar, y no refugiarse en sus antiguos métodos, ellos no son flexibles para amoldarse a cada situación, no son positivos acerca de encontrar una solución a cada problema, solo siguen las pautas que marcan para cualquier conflicto, sea donde sea, y cada conflicto es diferente”.

De todos los campos creados en la frontera tunecina, sin duda el financiado por el emirato de Qatar en la ciudad de Tataouine es el ejemplo a seguir, allí los refugiados disponen de tres comidas al día, de agua suficiente, de confortables tiendas, de ayuda, pero sobre todo como el mismo Fathi confirma “el campo de Qatar está haciendo un increíble trabajo en la seguridad, sus estándares son mejores que en los demás campos, pero también su presupuesto es el adecuado para su trabajo, pero desafortunadamente aquí en Túnez, también hay organizaciones que no están bien establecidas, no están financiadas lo suficiente, son humildes y no pueden proveer la ayuda que ellos desearían dar. Su problema no es la ausencia de ganas de ayudar, sino la ausencia de dinero, pero no podemos echarles la culpa, por ejemplo, Qatar es un país rico, y basados en ese punto ellos lo hacen muy bien”.

El próximo mes de agosto comienza el Ramadán, a esto se une que Tataouine es una de las zonas más pobres de Túnez y vive del turismo y en estas fechas aquellas familias que viven en países extranjeros regresan a sus hogares para celebrar el Ramadán con sus allegados, esto sin duda complicará la situación de los miles de refugiados que todavía son acogidos en hogares tunecinos de la ciudad. Muchas familias libias están volviendo a sus hogares destruidos en las vecinas montaña de Nafusa, regreso que en las próximas semanas podría aumentar debido a la situación descrita anteriormente, “mi mensaje al mundo es que debería mirar al problema con cuidado, Túnez es un país que sigue en busca de democracia, especialmente la parte sur del país vive cerca de la pobreza, pero tiene un corazón enorme, la comunidad internacional debería ver esto y ayudarles antes de que caigan de nuevo, apoyando a las familias, no con intermediarios, sino directamente, para que así puedan continuar su misión. Nosotros suponemos un peso enorme para ellos, así que por favor, que la comunidad internacional mire esta situación lo antes posible”, afirma el Dr. Fathi, “es importante que la comunidad internacional no deje que los tunecinos tengan el peso extra de nuestra presencia, esto está haciendo que Túnez vaya hacia atrás en su lucha por alcanzar la democracia después de tantos años de Gobierno de Ben Ali, la situación actual no ayuda a alcanzar ese objetivo. Cualquier colaboración para que Libia se establezca rápido en la transición, ayudará tanto a Túnez como a Libia, ambos estamos conectados, somos países vecinos y lo que pasa en uno de los países se refleja en el otro”, prosigue el doctor.

Sus lágrimas narrando las horrendas violaciones perpetradas por los soldados de Gaddafi conmovieron a todos los que pudieron ver el vídeo publicado por las juventudes libias hace un mes, hoy su cara sigue reflejando el horror que viven muchas familias libias por una situación que va más allá del entendimiento racional de cualquier ser humano que se digne a llamarse así, “hemos escuchado esto y está claro que lo han hecho, no quiero hablar acerca de cada ciudad, pero algunas han permitido que las fuerzas de Gaddafi entren allí, siendo poblaciones que apoyan a Gaddafi y han violado a nuestras mujeres, ellos usan la fuerza para humillar a las personas, no me importa si son pro o anti Gaddafi, no tengo palabras para esto, pero muestra que estos mercenarios no son seres humanos, no me importan si son Libios o de donde sean, ya que no luchan por nada noble, sino para humillar a la gente, es asqueroso, así humillan nuestra existencia y cuando eso sucede las personas afectadas pierden todo sentido de la humanidad para siempre, dejan de ser seres humanos, se convierte en esclavos del horror”, afirma Fathi, mientras su cara refleja el dolor que sufre mientras pronuncia esas palabras.

Mientras mantenemos esta conversación, llegan noticias de un posible avance de las tropas de Gaddafi a la población de Nalut, lugar específico en el tránsito de ayuda a los rebeldes. A pocos kilómetros de allí, en la ciudad de Yefren, los dos hijos de Fathi dirigen el centro de medios de comunicación que han establecido en esa población. Desde allí, llevan semanas denunciando la falta de agua, electricidad, medicinas y ayuda. Hace tan solo unas semanas lanzaban un comunicado de prensa donde suplicaban a la OTAN la creación de un corredor humanitario, pero mientras los bombardeos se concentran en la capital, las montañas de Nafusa sigue siendo el lugar olvidado de esta guerra por la comunidad internacional, llama la atención sin embargo la opinión de este padre alejado de sus hijos desde hace dos meses, “Gaddafi está en Trípoli, y al final es solo él el que importa. Acabar con él es mejor que acabar con miles de vidas inocentes. Que los bombardeos se concentren allí para mí significa que la OTAN solo va a por Gaddafi, lo que creo que es bueno, aunque también los pocos bombardeos que ha habido en Nafusa han ayudado a que los rebeldes se aproximen a la capital. No podemos decir que no han ayudado, sí lo han hecho, quizás no como hubieran debido hacerlo, pero aunque haya sido en menor medida debemos agradecer a la OTAN lo que está haciendo por el pueblo libio y por los habitantes de Nafusa”.

Hogares en Nafusa / Foto: Omar Havana

Hace tan solo unos días, Luis Moreno-Ocampo, fiscal jefe del Tribunal Penal Internacional, ha ordenado el arresto de Gaddafi, mientras los rebeldes se aproximan cada día más hacia Trípoli, y la OTAN intensifica sus bombardeos en la capital de Libia, razones que llevan a muchos refugiados a soñar con un final cercano a la guerra que destruye su país, quizás nadie pueda responder a la pregunta de cuándo terminará este horror, pero mientras a millones de seres humanos libios se les ha robado su libertad, ellos siguen siendo los propietarios de sus sueños, algo que ni la peor de las guerras les puede arrebatar, “nunca podremos tener una respuesta directa acerca del final de esta Guerra, incluso si se le preguntara al hombre más poderoso de este planeta, Barack Obama, pero pienso que estamos cerca del final de todo. Ahora Gaddafi está acorralado, no puede huir del país, ya que Ocampo está detrás de él. Los más cercanos a él, están pensando huir de su lado, ahora no pueden poner sus vidas en las manos de un criminal, todos quieren escapar. Desde el principio los rebeldes están luchando por una causa, por dignidad, por libertad, por democracia, sin embargo las fuerzas de Gaddafi solo luchan por dinero, y ahora ya casi no les queda, y si luchas por dinero al final pierdes la paciencia, ya que solo sueñan con gastar ese dinero. Nosotros no perderemos la esperanza nunca, nosotros luchamos por algo más allá de la vida, nosotros luchamos por nuestra libertad, afirma Fathi, “ya no hay marcha atrás para Gaddafi, ojalá lo arresten, es un criminal. No me importa que lo maten o lo detengan, queremos acabar esta guerra ya, pero sí me gustaría saber cómo ha conseguido manipular a la gente, él ha utilizado drogas, lavados de cerebro, hemos visto videos de sus soldados donde no parecen personas estables o normales, está claro que están bajo los efectos de las drogas, y me gustaría saber cómo Gaddafi ha conseguido eso”.

Rebeldes libios en las montañas de Nafusa / Foto: Omar Havana

La entrevista con este ser humano llega a su fin, debe regresar al club de deportes donde le espera una leyenda del fútbol libio, Fawzi al Issawi, ambos han conseguido organizar el primer campeonato de fútbol para los niños libios refugiados en la ciudad de Tataouine, no sin antes expresar su profundo agradecimiento hacia el pueblo tunecino, “me gustaría que las familias tunecinas tuvieran la recompensa que merecen, lo que han hecho es histórico, deberíamos traducir esto en algo que les ayudara de verdad, no basta con un gracias y adiós, sino continuar con la lucha para que ellos también alcancen la democracia y no dejarlos aparte una vez que todo esto acabe”.

Los olvidados de la guerra de Libia

Alguien dijo una vez que la primera víctima de cualquier guerra siempre es la verdad, en Libia no es diferente. Muchas historias son ignoradas por aquellos que creen saber la verdad de lo que ocurre por el solo hecho de haberlo escuchado en televisión o de haberlo leído en un periódico. Pero como en cada guerra, son muchas las realidades que siguen en la oscuridad, vidas que solo interesan durante las primeras semanas de cualquier conflicto. Como decía el gran Ryszard Kapuscinski, “si no hay sangre no interesa”, una frase que define a la perfección las noticias que llegan diariamente a los oídos de esas personas que viven alejadas de las bombas, pero en esta guerra también hay seres humanos a los que el líquido de la vida les hierve el cuerpo de impotencia bajo el abrasante sol del desierto tunecino, ellos son los olvidados, ellos son los desplazados, ellos son los desterrados, ellos son los refugiados.

Ellos son las víctimas silenciosas del conflicto libio. Esta guerra está teniendo un fuerte impacto no solo en los ciudadanos libios, sino también en más de dos millones y medio de inmigrantes, según cifras publicadas por el IOM en marzo de este año. Con una política de fronteras abiertas, Libia fue durante mucho tiempo un atractivo destino para muchos trabajadores del mundo árabe, del África Subsahariana, o incluso de otros países desarrollados. Durante la última década, el país se convirtió en un “atractivo socio” en la lucha contra los indocumentados que intentaban buscar un futuro mejor en países europeos.

De los más de un millón de personas que han dejado Libia desde el comienzo de la guerra, casi 600.000 son inmigrantes de diferentes nacionalidades. Una vez que han cruzado la frontera que les separa de la guerra, estas personas son clasificadas como “ciudadanos de tercera clase”, incluyendo no solo a aquellas personas que quieren volver a sus países de origen, sino también a aquellos reconocidos como refugiados o a aquellos que solicitan asilo. Casi 300.000 de estas personas han cruzado la frontera hasta la vecina Túnez desde el pasado mes de febrero, la mayoría de los cuales ya has sido repatriados a sus países de origen, sin embargo, todavía más de 4000 personas, mayoritariamente de países del África Subsahariana, no serán ayudados a volver a sus hogares por diferentes razones como guerras, dictaduras o persecuciones políticas. Según cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, a día de hoy se han registrados 980 personas con el estatus de refugiado y otras 1339 han solicitado asilo en otros países.

Algunos sudaneses se preparan para ser repatriados / Foto: Omar Havana

Mientras tanto la situación es tan desesperada para muchos de ellos, que prefieren arriesgar sus vidas cruzando el mar Mediterráneo en barcazas sobrecargadas con destino las costas de Malta o Italia. Desde el comienzo del conflicto, más de 18000 personas han llegado a las costas de Lampedusa en Italia, la mayoría provenientes de Trípoli, allí muchos esperan en los centros de recepción italianos a que el Gobierno de este país y las Naciones Unidas encuentren una solución para sus vidas, aunque más de 1800 de estos seres humanos nunca tendrán la oportunidad de ver de nuevo sus hogares, el fondo del mar será para siempre ese lugar donde han encontrado la paz que soñaban cuando embarcaron hacia la libertad.

Tanto en Italia como en el campo de refugiados de Choucha, en el sur de Túnez, todos estos seres humanos permanecen confinados en campos o centros de tránsito por un periodo indefinido de tiempo, su libertad de movimiento se ve severamente restringida, pareciéndose más a detenidos que a seres humanos que se han visto forzados a huir del horror de la guerra. Esta situación está teniendo un severo impacto en la salud física y mental de estas personas, incluyendo mujeres embarazadas, víctimas de tortura, víctimas de tráfico humano o niños de muy corta edad.

Algunos de los marfileños en Choucha / Foto: Omar Havana

En el campo de refugiados de Choucha, situado en medio del desierto tunecino, la situación es insostenible, los allí desplazados soportan diariamente temperaturas que superan los cuarenta grados centígrados, y las tormentas de arena son frecuentes, lo que hace que sus existencia sea casi imposible. Aquí la higiene sigue siendo el gran problema a superar, tanto las letrinas como las duchas son insuficientes, el agua escasa, y el alimento lo menos parecido a algo que pudiéramos considerar comestible, aquí la vida de más de 3000 personas discurre rodeada de la basura que día tras día se va acumulando en el terreno que ocupa este campo. En Choucha, no hay médicos especializados, y aquellos que necesitan de atención sanitaria de este tipo están bajo la supervisión del ejercito tunecino, cuya numerosa presencia en este lugar, hace que se asimile más a un campo de concentración que a uno donde los seres humanos deberían ser tratados como tales. Por si esto fuera poco, el pasado 22 de Mayo, un fuego arraso parte del campo, dejando seis muertos y decenas de heridos, a lo que siguieron fuertes disturbios entre los refugiados de diferentes nacionalidades que integran Choucha, enfrentamientos que se agravaron cuando el ejército tunecino abrió fuego indiscriminadamente contra los allí acogidos.

La comida se acumula en el suelo de Choucha como símbolo de protesta / Foto: Omar Havana

Separados por nacionalidades, miles de personas conviven en este campo, donde la tensión racial se masca, ciudadanos de países en guerra conviven con otros de los países contra los que sus hermanos o familiares están luchando, los odios entre los marfileños, nigerianos, eritreos, sudaneses o somalíes son cada día más patentes, todos acusan al vecino, todas se sienten discriminados, todos temen por su seguridad, y son muchos ya, los que prefieren regresar a Libia, donde la mayoría serán tratados como mercenarios al servicio de Gaddafi debido al color de su piel. Entre ellos se encuentra un joven llamado Emmanuel, él dejó su país, el Congo,  hace casi diez años para buscar un futuro mejor en la industria del petróleo tunecina, hace dos meses se vio obligado a dejar atrás todo lo que había conseguido con el sudor de su frente, hoy sus posesiones se reducen a un par de calzoncillos, un pantalón y una revista de National Geographic que ha leído cientos de veces:

“Cuando llegué a Choucha, me sentí bienvenido, estaba lleno de esperanza. Pero ahora solo me pregunto, cuánto tiempo más podre durar bajo estas condiciones. He estado aquí dos meses, y todos estamos sometidos a un durísimo estrés diariamente. Muchos han perdido a miembros de sus familias, otros se han visto forzados a abandonar todas sus pertenencias y sus documentos. Ya casi todos los que estamos aquí, estamos perdiendo nuestras mentes, solo queremos que nos saquen de este campo tan rápido como puedan, queremos trabajar, queremos seguir viviendo, pero aquí no hay nada, aquí no somos seres humanos vivos, aquí somos mendigos que suplican por un poco más de comida, el mundo se ha olvidado de nosotros”.

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