Archive | octubre 2011

Misrata: Vencer o Morir

Momentos de reflexión, minutos de incertidumbre, no saber reaccionar cuando algo te toca profundamente, mientras, siguen retumbando una y otra vez esas palabra: “Allah U Akbar, Allah U Akbar”, ese es el sentimiento que queda después de visionar Misrata: vencer o morir, realizado por Alberto Arce y Ricardo García Vilanova, dos compañeros, dos periodistas con mayúsculas, dos seres humanos que han arriesgado sus vidas para ser, una vez más, nuestros ojos de la guerra.

En Misrata: vencer o morir, se refleja una realidad desconocida, vidas inocentes forzadas a empuñar un fusil para alcanzar el sueño de la libertad. Este documental no puede dejar indiferente a nadie, ataca a las conciencias de todos aquellos que siguen preguntando por qué los reporteros de guerra solo reflejan la muerte; mientras ellos, seres humanos antes que periodistas, siguen batallando con palabras e imágenes para que el mundo se pregunte: ¿por qué tanta gente sigue muriendo?

Todo comienza a bordo de uno de los barcos que transportan ayuda humanitaria desde el puerto de La Valeta en Malta, allí atraviesan el bloqueo marítimo de la OTAN rodeados de kilos de spaghettis hasta llegar a su destino, Misrata. Desde su llegada los continuos bombardeos que asedian a la población de esta ciudad libia sirven como banda sonora a un documental donde ambos periodistas recorren innumerables escenarios hasta llegar a Tawarga, primera ciudad donde los rebeldes expulsan a las fuerzas de Gaddafi tras la liberación de Misrata.

Misrata: Vencer o Morir / Foto: © Ricardo Garcia Vilanova

Alejados del protagonismo típico del periodista en este tipo de documentales, Alberto y Ricardo han conseguido no solo mostrar el horror de los bombardeos, sino también el lado más humano de la guerra, ese donde el desayuno es un bocata de atún y un café con leche, ese donde el estudiante cambia las aulas por las trincheras, un mundo donde la libertad es el sueño de los que han sido prisioneros del miedo, un universo que es imposible entender si no se ha vivido, donde la juventud abraza las lágrimas de los más ancianos, donde la humanidad se refleja en cada mirada llena de pánico.

Alberto y Ricardo han conseguido que muchos se asomen al infierno de una guerra desde el calor y la comodidad de sus hogares. Pocos han sido los que han llegado a reflejar una realidad tan desconocida por la mayoría de esta forma tan cercana. James Natchwey lo consiguió en “War Photographer”; Walter Astrada nos narró los recuerdos que nunca dejan de doler; Manu Brabo demostró el coraje de alguien que por encima de todo ama su trabajo; Guillem Vallé estuvo en el momento preciso para que el mundo confirmara el final de una dictadura; Amaia López de Munain y Víctor Pozo lucharon contracorriente para que el planeta mirara hacia Costa de Marfil; Antonio Pampliega y Diego Ibarra nos mostraron la muerte en vida del infierno afgano; y en Misrata: vencer o morir, Alberto y Ricardo han luchado para que en la guerra la verdad no sea la primera víctima.

Acompañando a los rebeldes, ambos periodistas se adentran hasta líneas enemigas, viven en primera persona los saqueos y ataques de las fuerzas gadafistas, caminan junto a esos seres humanos que luchan por la libertad, y nos muestran esa cara oculta que tienen todos los conflictos. Sus grabaciones en primera línea de fuego dejan sin respiración a todos los espectadores, tienen un valor especial el momento donde queda al descubierto la inexperiencia de los rebeldes en el cuerpo a cuerpo, la entrevista realizada en el hospital-cárcel a un joven gadafista y las palabras sobre política internacional de los rebeldes libios, donde comparan a Gaddafi con ETA. Pero no todo en Misrata en vencer o morir, también hay lugar para compartir un desayuno, para reflejar esos sentimientos femeninos ocultos bajo el velo de la religión, para conocer los pensamientos de un chaval de 16 años perteneciente a las fuerzas gadafistas, para adentrarnos en el nerviosismo de aquel que arriesga su vida para informar.

Con una narración impecable, unas imágenes cuidadosamente seleccionadas, y testimonios estremecedores, este documental, sin duda, se ha ganado un puesto en la historia del periodismo de guerra. Quizás no sea valorado como debe en este país de panderetas y famosas del tres al cuarto, pero seguro que en esos otros lugares donde el periodismo no ha perdido su esencia, donde el periodista no es ninguneado por chupatintas y mequetrefes, Misrata: vencer o morir, ocupará el lugar que se merece.

Pasaran los años y la guerra de Libia será completamente olvidada, aparecerán otros conflictos, y se volverá a repetir el mismo escenario, ese donde unos pocos valientes volverán a arriesgar sus vidas para que el mundo siga informado, y ese mismo mundo volverá a preguntar: ¿por qué los periodistas siguen mostrando tantos muertos? Ese, sin duda, será el momento de volver a recordar este trabajo donde premia la vida, donde se narra el miedo, donde se respira el valor, donde se entristece el alma, donde se dan las pistas para entender que el periodismo no es solo sangre y muerte, donde dos periodistas han demostrado que en la guerra también hay humanidad. Ese, sin duda, será el momento para volver a Misrata ese lugar donde vencías o morías, pero donde también un niño de corta edad nos despide enseñándonos que la vida sin libertad es una muerte no deseada.

Misrata: Vencer o Morir / Foto: © Ricardo García Vilanova

Mientras la noche cae sobre nuestros hogares, sigo sin poder reaccionar ante las imágenes de Misrata, ellas han traído muchos recuerdos que inundan mis pensamientos, aquel hombre tranquilo con su sombrero de John Wayne, Malak con su mano vendada, Moussa con sus preguntas, esos rebeldes heridos, Naima y su “mala leche”, el hotel Mabrouk, Bright y los refugiados africanos, Fathi y sus lecciones de vida, Youssef, los empleados del hotel Sangho, las mentiras del ACNUR, el “club” de los refugiados en Tataouine, los llantos de esa profesora, el temblor de las manos de las ancianas, Azru y su sueño de convertirse en periodista, Badis narrando el secuestro de su padre, Massin y su trabajo incansable, esa túnica blanca acompañando a la ceguera de unos ojos que narraban el sufrimiento de una dictadura, ese atardecer de piedras rojas, y solo deseo que Misrata y Libia sea ese lugar donde el único lema sea “Vivir y Soñar”.

Hace tan solo unos minutos he tenido el privilegio de hablar con Alberto, él, desde Guatemala, me dice que es provocador, algo con lo que no estoy de acuerdo ya que la verdad solo provoca a aquellos que no quieren escucharla. Ricardo y él vencieron, a pesar de que en Misrata también podrían haber muerto, que mejor despedida que la respuesta del propio Alberto, a mi pregunta:

“¿qué es Misrata para ti, Alberto?”

En las trincheras de Dafnie, un día cerré los ojos, me concentré y durante varias horas, sentí que lo que veía a mí alrededor me llegaba en blanco y negro. Rodeado de tenderos, estudiantes, trabajadores del metal o taxistas que discutían sobre si atacar por la derecha o la izquierda, ya mismo o media hora más tarde a un enemigo del que no conocían ni el número ni el armamento ni la posición mientras se repartían cuatro balas por cabeza, pensé en muchos de nuestros abuelos, en el Frente de Aragón y en la revolución que se perdió en España. Me dije a mí mismo “Que la ganen. Esta hay que ganarla.” Y comencé a imaginarme también cómo babearían los cuatro irreductibles miembros del Comité Central, sentados y enfadados en sus cafés, en los cafés de siempre, tratando de que la realidad se adaptase, una vez más a sus posicionamientos, y no a la inversa. Diseñando sobre el papel la respuesta que querían escuchar de Omar y la de Mohammad y la de Ali a sus aburridas preguntas, y comenzando a definir los adjetivos con los que, como siempre, desde que se sentaron en aquel café, trataron de eliminar a los disidentes.

En Misrata confirmé algo que ya sabía. Que España no es el lugar en el que debía buscarme la vida como periodista. Aprendí a que dejase de dolerme pensar en la negativa categórica y sistemática con la que los medios españoles reciben el periodismo que les envían los freelances. Comencé a interiorizar que el problema no lo tenía yo sino ellos, que nunca tienen 300 euros para pagar una crónica desde el frente pero sí tienen miles de euros para pagar conexiones en directo vía satélite de gente que lo cuenta desde la azotea de un hotel y leyendo teletipos por internet. Aprendí también que más allá de los negociantes que tiran su dinero en periodismo basura, están los pufistas que publican tu trabajo y nunca te lo pagan y las estrellas que lo hagan bien o mal, ya han labrado su futuro en mesas bien servidas de la capital y recibirán premios por no estar, o equivocarse, o llegar tarde o copiar a los demás. Aprendí también que el periodismo se hace pese a la prensa, sin dinero y con ganas. Aprendí que Manu, Guillem, Pradilla, Ricardo, Eduardo, Omar y compañía somos más, tenemos más paciencia y nos traten como nos traten, siempre encontraremos nuestro espacio. Lejos, a ser posible, y en el extranjero, para que no nos salpiquen con su periodismo agradecido. El sano resentimiento de trinchera y la pasión por el trabajo con amigos y compañeros del metal. Eso fue Misrata para mí. Alberto Arce, Periodista y Ser Humano

Misrata: Vencer o Morir se estrenará el próximo día 10 de Noviembre en La Casa Encedida de Madrid, una cita que sin duda nadie debe perderse.

Trailer Misrata: Vencer o Morir, por Alberto Arce y Ricardo García Vilanova

Enlaces Relacionados:

Blog de Alberto Arce

Ricardo García Vilanova Photojournalist

Tailandia sufre las peores inundaciones de los últimos cincuenta años

Hace semanas que anuncié mi retirada del fotoperiodismo profesional, sin embargo, ayer el destino me ha demostrado de nuevo que no se puede escapar de lo que llevamos incrustado en nuestra alma.

Desde hace años el sudeste asiático ha sido mi hogar, allí he compartido sonrisas y lágrimas con esos seres humanos a los que les fue robada la voz en el mismo momento de su nacimiento. La imposibilidad de seguir creciendo dentro de una profesión cada vez más alejada de la humanidad me llevó a tomar la difícil decisión de dar un cambio radical a mi vida. El próximo enero será el mes en el que pasaré a cambiar el chaleco antibalas de la humanidad por esa corbata del dinero que me aleja de lo que más amo en este mundo, la fotografía. Pero hasta entonces, vivo con impotencia los estragos de una zona del Mundo que me ha enseñado a ser la persona que soy.

El próximo martes, me subiré de nuevo en un avión con destino Tailandia y Camboya. Allí miles de seres humanos están sufriendo las peores inundaciones de la reciente historia. Se cuentan por cientos las vidas que el agua ha arrastrado hacia un final definitivo, y lo peor está aún por llegar.

Tailandia / Foto: The Nation Bangkok

Desde ayer, no he parado de contactar con medios de comunicación y amigos intentando acceder a las áreas más afectadas por esta catástrofe. Los medios siguen enfocando sus noticias en la capital Bangkok, ignorando la tragedia que se está viviendo en otras zonas que han quedado totalmente aisladas. El tráfico por carreteras se antoja imposible mientras las barcas han ocupado las calles de ciudades que hoy se asemejan a paisajes salidos del infierno de Dante.

El verde de los campos de arroz ha sido sumergido por las aguas altamente contaminadas que anegan todo tipo de vida a su paso. “Necesitamos periodistas que muestren al mundo la verdad de lo que está pasando, Tailandia no es solo Bangkok”, me comentaba ayer Nufayla desde las cercanías del puente sobre el río Kwai, mientras la escasez de alimentos empieza a pasar factura en diferentes regiones del país de las sonrisas. En Bangkok, se espera que mañana las aguas  alcancen los dos metros y medio de altura en las proximidades del río Chao Phraya, y las autoridades han recomendado evacuar varias zonas de la capital tailandesa, y para empeorar la situación se esperan lluvias torrenciales en nueve provincias del país en los próximos días, Prachuap Khiri Khan, Chumphon, Surat Thani, Nakhon Si Thammarat, Phatthalung, Songkhla, Pattani, Yala y Narathiwat.

Ayutthaya / Foto: Reuters/Sukree Sukplang

En total 26 provincias de Tailandia están afectadas por esta subida de las aguas, Sukhothai, Phichit, Phitsanulok, Nakhon Sawan, Uthai Thani, Chai Nat, Sing Buri, Ang Thong, Phra Nakhon Si Ayutthaya, Lopburi, Saraburi, Suphan Buri, Nakhon Pathom, Pathumthani, Nonthaburi, Samutsakhon, Ubon Ratchathani, Khon Kaen, Srisaket, Roi-et, Surin, Mahasarakham, Kalasin, Chacheongsao, Nakhon Nayok y Prachinburi. Más de 350 personas han perdido la vida y miles se han visto forzados a dejar sus hogares y huir hacia provincias más seguras como Chiang Mai.

Pero,” ¿a qué se debe está catástrofe sin precedentes?”, preguntan muchos. Sin duda, el ser humano una vez más es culpable en su mayor parte de la destrucción que está afectando al sudeste asiático. En un vídeo que ha recibido ya más de medio millón de visitas, se explica en forma de dibujos animados todas las causas que han llevado a que esto sucediera. Según este vídeo, la cantidad de lluvia este año ha sido similar a la de años pasados, aunque desde Septiembre las lluvias han sido mucho más abundantes. Los bosques que antiguamente servían como presas naturales han sido sustituidos por presas artificiales, con las que controlar el nivel de agua a nuestro antojo, pero como bien sabemos el hombre puede cometer errores. La lluvia procedente del norte ha supuesto que en estos momentos los terrenos tailandeses estén bajo cien mil millones de metros cúbicos de agua, y como no, estas presas artificiales han fallado. Se prevé que Tailandia no recobrará la normalidad al menos en un mes, hasta que toda esta agua no haya sido absorbida por el mar. Una situación que está complicado mucho la vida en la capital tailandesa que en estos días está recibiendo el agua de las provincias del norte.

Templo Chaiwattanaram, patrimonio de la UNESCO / Foto: Christophe Archambault/AFP/Getty Images

En pocos días, estaré sobre los terrenos inundados de Tailandia, buscando esa otra cara del desastre, esa que medios de todos los países siguen ignorando. Sea como sea, una vez más queda demostrado que el ser humano destruye todo aquello que la naturaleza se empeña en construir, y no es otro que el mismo ser humano, el que sufre estas terribles consecuencias. Nuestra avaricia una vez se ha puesto de manifiesto, y como siempre, son los más pobres los que sufren en silencio. Las aguas cesarán y Tailandia volverá a ser un país donde la sonrisa volverá a lucir, pero mientras que esto ocurre miles de personas ya no volverán a ver salir el sol. Solo nos queda aprender de nuestros errores, aunque queda constancia una vez más que el tiempo se nos ha echado encima. Mucho me temo que esta situación se repetirá con mayor frecuencia en este año 2012 que pronto comenzará, mientras a miles de kilómetros la gente sigue ignorando las voces de un planeta que pide auxilio a gritos.

2011, el año del cambio

Madrugada de lunes, lágrimas de recuerdo inundan mi cara, mientras no se ni como empezar a escribir mi despedida.

Fotografiando Mi Mundo Olvidado

Todo empezó en esa primavera roja, mi segundo hogar gritaba democracia mientras los kilómetros que me separaban del país de las sonrisas eran balas de impotencia. Desde la distancia, veía como un país entero se levantaba pidiendo libertad. Los colores amarillos y rojos de sus camisas tiñeron en pocos días las calles de Bangkok de sangre. Era el comienzo de este Mundo Olvidado, en el que llevaba viviendo varios años. Pronto, mis pies cansados recorrían la ciudad roja, mientras los ojos rasgados de los tailandeses me mostraban gratitud y esperanza. Poco tardaron las miradas en transmitir miedo, disparos, fuegos y toques de queda que ocultaban una realidad de muertos todavía no aclarada.

Desde entonces, he estado allí donde un niño lloraba, donde unos pies descalzos se llenaban de heridas, donde el refugio era el único consuelo a la destrucción, donde la lucha era la única alternativa a la injusticia. Tailandia, Camboya, Birmania, Laos, Vietnam, Túnez, Libia, España, realidades tan dispares y sin embargo hermanadas por la injusticia. Una forma de mirar al mundo que arrastraré el resto de mi vida.

Han pasado dos años desde que aquellos ojos diminutos me miraban desconsolados, demasiados recuerdos amargos que han llenado mis noches de insomnio y desesperación, aunque sobre todo momentos que me han hecho ser la persona que soy hoy.

Hoy, solo queda aceptar la realidad de un Mundo que sigue mirando hacia el otro lado, conciencias escondidas tras los lujosos escritorios de redacciones y oficinas que deciden dar voz a famosos y seguir ignorando a aquellos que no son culpables de haber nacido. Hoy, no me queda otra alternativa que volver a ser esa persona que ha publicado este Mundo Olvidado escondido tras el seudónimo de Omar Havana. Hoy, es el día donde pulso la tecla de pausa en esta gran película que me ha formado como ser humano.

He batallado con publicaciones a lo largo y ancho del Mundo, y aunque con furia no siempre contenida, he ido como he podido a los lugares donde la voz era silenciada. Así, estuve al lado de esos llantos de bebé que me descubrían el drama de los refugiados en Camboya, he acompañado a los camisas rojas tailandeses en su lucha por la democracia, he mirada a esos ojos de mujer, desnudos por el ácido de los celos, he descubierto el sinsabor de la mentira de los señores de la pobreza, he convivido con la calidad humana de unos seres humanos despojados de dignidad por un dictador estrafalario, pero sobre todo he vuelto a ser un niño rodeado de toneladas de basura.

Hoy solo queda el agradecimiento a todos esos compañeros que me han enseñado lo bello de esta profesión, esos periodistas y fotógrafos que siguen jugándose la vida por contar al mundo una verdad que nadie quiere creer. A partir de hoy, ellos serán las voces de mi Mundo Olvidado, amigos y compañeros a los que admiro, y a los que siempre estaré agradecido por haber tenido la paciencia de soportar mis locuras una y otra vez.

No me queda otra que aceptar las reglas de un Mundo donde por desgracia sin dinero no se vive, y desde que empecé esta aventura pocos, por no decir ninguno han sido los medios que ha confiado en mi forma de ver la sociedad allí por donde pisaba.

Este año 2011 será recordado como el año del cambio, la sociedad poco a poco se está concienciando que de nada sirve una televisión de plasma último modelo sino se puede disfrutar con dignidad y libertad. El mundo poco a poco va descubriendo rincones donde millones de personas no tienen nada que llevarse a la boca, esquinas donde una simple diarrea supone la muerte.

En estos años he visto morir a compañeros, y siento como punzadas en el corazón que este país de panderetas y cruzcampo no se valore el trabajo de esa tribu que se la juegan día y noche para que disfrutemos calentitos en nuestros hogares las increíbles imágenes que nos llegan desde diversos rincones del Mundo. Antonio Pampliega y Diego Ibarra desde Afganistán nos siguen contando como es la muerte en vida, el gran Manu Brabo, nos hace estremecernos con sus verdades desde Libia, y la grandísima amazigh, Amaia López no para de batallar allí donde los hombres pierden la cabeza…,y sin embargo, casi nunca son escuchados.

Pero hoy soy yo, Omar Havana el que escribe el The End que tan bien recitó Jim Morrison, una experiencia que sin duda me ha hecho ser mejor persona. Son ya varios meses, donde el amplio archivo del que dispongo me está salvando de algunos apuros, aunque sin embargo, es la impotencia de no poder colgarme mi cámara al hombro lo que hace que tenga que buscarme la vida en otra profesión alejado de los artículos y fotografías.

Alguien dijo un día que fotografiar era poner el corazón y la mirada en la misma dirección, y algo es seguro, desde que Jan se suicidará, la fotografía entró en mi vida para nunca escapar. Seguiré mirando y sintiendo allí por donde vaya, dejando al viento que guíe mis pasos, y quizás el destino me haga volver algún día a tener la ilusión y el entusiasmo que me ha hecho sentir el oficio más bonito del Mundo…aunque mucho me temo que en tiempos de crisis para el Mundo, donde los “periolistos” se imponen a los periodistas será casi imposible que una persona humilde como yo pueda vivir de esto.

Solo me queda agradeceros la compañía, en muchos momentos escribir ha sido lo único que me ha salvado de la soledad de los recuerdos, y que mejor manera que un último vídeo donde resumo lo que ha sido este Mundo Olvidado.

Gracias amigos y espero que esto solo sea un hasta pronto.

Va por ti maestro…..

2011, el año del cambio / Vídeo: Omar Havana

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