Una voz desde Tahrir

Una voz, un nombre, una persona que sigue soñando con poder gritar libertad, esa sensación que entre lágrimas me describía pocas horas después de la caída de Mubarak, esa utopía por la que arriesgó su vida buscando testimonios que contar al mundo.

Un joven bloguero egipcio que hoy, prefiere ocultar su nombre para dar protagonismo a una amiga, hoy él prefiere mantener su identidad bajo un halo de misterio, mientras me recuerda que pronto compartiremos ese “café libre”, como él lo bautizó, que me prometió cuando cayó Mubarak.

Hoy, no puedo entender sus palabras, se nota su nerviosismo, su miedo, según me cuenta sus manos no paran de temblar, probablemente debido a una reacción provocada por la inhalación de los enigmáticos gases que el ejército egipcio está utilizado contra los manifestantes.

Hoy, mi amigo solo me pide que yo solo sea el traductor de un email que una amiga suya ha escrito al mundo, unas líneas llenas de emoción, de incertidumbre, de cambios de sentido en las vidas de una juventud que vuelve a ocupar la plaza Tahrir de El Cairo.

Voces bajo el velo / Foto: Khalil Hamra

 

Una Voz desde Tahrir

Queridos amigos,

En primer lugar, hace tiempo que yo quería escribir sobre el día que pasé en frente del hospital copto en Abbasiyya. Esa terrible mañana del lunes 10 de octubre, cuando nos despertamos rodeados de pura maldad en medio de una brutal y despiadada masacre. Yo desperté en el momento en que mi amigo Ali rompió a llorar al ver a cientos de familias coptas rotas de dolor por la pérdida de sus hijos, amigos y parientes a manos de nuestras fuerzas armadas, me sentí vacía.

Poco después, quise escribir acerca de un maravilloso viaje que hice durante dos semanas a Aswan. Un viaje que confirmó lo que todos ya sabíamos, que las tribus en Egipto siguen marginadas, y que los nubios son las personas más nobles de la tierra.

Después pensé en escribir sobre las próximas elecciones y mi participación en un grupo llamado “Guarda tu voz”, que tiene como objetivo garantizar los derechos de los votantes y la creación de un bloque viable de pensamiento libre dentro del parlamento para oponerse a la legislación anti-democrática sugerida por las fuerzas no democráticas.

Pero hoy, me encuentro escribiendo de nuevo sobre Tahrir. La gente ha estado luchando desde hace cuatro días, su resistencia es admirable. El gas lacrimógeno es insoportable, por lo que nos hemos visto forzados a comprar máscaras de gas en la calle Gumhuriyya, una máscara de gas especial, porque el gas que se está utilizando en esta ocasión es 10 veces peor que el que se utilizó en enero. Nosotros también compramos los suministros médicos, ya que se han creado cinco hospitales de campaña  por los propios manifestantes y estos necesitan constantemente medicinas, agujas, jeringas, etc. Estamos también organizando puntos de encuentro para la que la pueda donar mantas, alimentos y otros suministros, para que sean transportados a Tahrir. Hemos creado equipos de rescate y comprado chalecos reflectantes, para que estos equipos de ayuda puedan siempre estar visibles para atender a los heridos.

Algunos de nosotros están en la línea del frente, otros, como yo, estamos en la parte posterior, quizás presos del miedo. Cantamos “Yasqut Hukm al A’skar” (Abajo el gobierno militar) con toda nuestra mente y con todo nuestro corazón, porque no podemos comprender lo que los militares han hecho con nosotros. Y a veces nos enfrentamos a los que por más de 60 años nos han dicho que el ejército es sagrado, cantando mi lema favorito: “. Askar Aiwa Binihtif ded el ‘” (¡Sí! Estamos cantando en contra de los militares)

En realidad no tenemos ni idea de qué demonios estamos haciendo aquí. Sólo queremos que aquellos que están en la línea del frente, que aquellos que perdieron sus ojos, aquellos cuyos pulmones hayan sido envenenados, que estén seguros. Se trata de asegurarse de que tienen suficiente gente para que no se atrevan a acabar con todos aquellos que están en primera línea luchando. Es solo una cuestión de números. Pero sin mirar más allá, todo esto que hacemos juntos es un milagro que no puedo describir, solo vivir.

Anoche, cuando mi amigo me dio un sándwich de mantequilla de cacahuete, de todas las cosas que pasaban por mi cabeza, solo pensé en lo surrealista de ese momento. No sé qué significa todo esto, pero quiero pensar que estamos en una posición mucho mejor de lo que estábamos hace dos semanas. Estamos muy cerca de declarar el principio del fin de una dictadura militar de 60 años de edad, por lo menos esto es lo que esperamos.

Estoy a punto de regresar a la plaza, pero de todos los días que he querido escribir, este es el momento perfecto, el momento donde el mundo debe saber que Tahrir es una misma voz, y que solo queremos para nuestro país lo mismo que muchas personas tienen en sus países, libertad.

Solo espero que todos estén bien y de tan buen humor como yo estoy en este momento, minutos antes de volver a soñar con un Egipto libre, es hora de volver a la plaza Tahrir.

Las palabras de este email emocionan mientras dibujan una imagen muy diferente a la que durante mucho tiempo medios y gobiernos mundiales nos han querido describir de la mujer árabe, una mujer que en muchos casos sigue escondida bajo un velo de censura, bajo una tela de machismo, prisionera de un pasado que la ha mantenido apartada de la sociedad. Pero es hoy, y a partir de hoy cuando sus voces se escuchan más que nunca y ha sido en esta primavera árabe,  cuando la lucha por los derechos de las libertades que cualquier ser humano, mujer u hombre, merece por el hecho de ser humano ha florecido más fuerte que nunca. Mujeres como la misma Shahira Amin, o como Malika Boussouf, Nadia Hindi, Meryem Demnati, Hayat Zirari, como Naima, Malak, como millones de mujeres que han decidido que esta es su primavera, que es hora de que el mundo escuche la voz que se escondía bajo el velo del silencio.

La voz de la mujer / Foto: Tara Todras-Whitehill

Mujeres valientes y humildes que como la autora de este email luchan alejadas del protagonismo, voces sinceras que sonríen cuando les afirmas que son valientes: “en realidad no. Hay personas que son mucho más valientes que yo, las personas que todavía están allí. Yo salí corriendo, cuando empecé a oler el gas, pero muchos han seguido allí, ellos sí son valientes”.

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