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Unas últimas palabras para decir Gracias

Siempre me cuesta empezar a escribir, minutos buscando en la cabeza la mejor forma de mezclar palabras para comunicar un mensaje, y como era de esperar, está vez me ha vuelto a costar.

Hace unos meses rebuscando en la memoria de una infancia que casi no recuerdo, apareció la imagen de una Yashica de los años setenta que rondaba por mi casa de la que mis padres siempre decían “esta cámara saca unos fotos preciosas”. Recuerdo también como cuando estaba solo en casa, iba al cajón donde la guardaban y jugaba con esos números y letras escritos en una ruleta que no sabía que significaban, tomaba miles de fotos sin carrete, apretaba y movía esa misteriosa ruleta sin ningún sentido nada más que el de divertirme.

Han pasado más de veintinueve años desde entonces, y aunque por desgracia las cámaras de hoy no son lo que eran antes, sigo a mis casi cuarenta años dando vueltas a esas no ya tan misteriosas ruletas con la misma ilusión y ganas de divertirme como lo hacía cuando era un mocoso de pelo largo.

Desde hace casi trece años la magia que hay detrás de congelar un instante de la vida ha sido el único camino donde me he sentido libre. En ese momento en el que miro a través del objetivo, el tiempo deja de importar, los problemas desaparecen, y de repente empieza la magia de miradas que se cruzan, de llantos que atraviesan los tímpanos, de caras a las que duele mirar.  Hace trece años, de la mano de Jan, un fotógrafo de guerra inglés que no soportó los recuerdos, empecé a aprender poco a poco los secretos de mirar, de buscar más allá de lo visible. Recuerdo como siempre que caminábamos por las calles de Londres me repetía una y otra vez: “detrás de cada cristal, siempre puedes encontrar una mirada reflejada Omar, nunca te olvides”.

Jan siempre decía también: “no soporto jugarme la vida para mostrar lo que pasa en otro lado del mundo, para tener que fregar platos en este hotel para poder comer, no creo que puedo seguir mucho más tiempo así”. A los pocos meses, el suicidio fue la única salida que encontró a sus pesadillas. Desde entonces, he recorrido más de sesenta países, vivido en ocho de ellos, trabajado desde camarero a vendedor de películas porno en gasolineras españolas, desde auxiliar de vuelo a propietario de un pequeño hotel, y lo único que queda intacto de todo ello es esa pasión que nunca he perdido por fotografiar.

Sin quererlo un día, Camboya se cruzó en mi camino. Allí donde iba solo veía miradas que me hablaban, expresiones que no olvidaba, y nació mi interés por el fotoperiodismo. Sin saberlo, ya lo había hecho años antes en Cuba, cuando el Huracán Wilma truncó nuestro planes de recorrer la isla y pasé días compartiendo en la mágica Habana Vieja conversaciones llenas de esperanza mientras las olas destrozaban el mítico malecón habanero. Pero sin duda, Camboya ha sido el país donde me he dado cuenta que sin la cámara casi nada tiene sentido en mi vida.

Los vertederos de basura camboyanos supusieron ese primer paso que todos damos para que unos pocos conozcan nuestro trabajo. Esta bitácora, olvidada durante los últimos meses, fue ese segundo paso, y el camino para conocer a muchos compañeros. Pero sin duda, fue ese primer loco viaje a la frontera entre Túnez y Libia el que puso todo patas arriba. En La Maison Blanche de la capital tunecina tuve la suerte de escuchar por primera vez a la tía con más ovarios que he conocido en mi vida y desde entonces un gran amiga, la compañera Amaia López de Munaín. Con ella durante semanas, miramos a los ojos de los refugiados libios, y encontramos a esa pequeña gran familia de Yefren, un pueblo de las montañas de Nafusa, con los que descubrimos la humanidad Amazigh y la hipocresía de esas Gran Naciones Des-Unidas.

Junto a Amaia López de Munaín en la frontera Libia-Túnez. Mayo 2012. / Foto: Moussa Madi

Junto a Amaia López de Munaín en la frontera Libia-Túnez. Mayo 2012. / Foto: Moussa Madi

En Noviembre, el segundo alzamiento del pueblo egipcio me llevó a recorrer la plaza Tahrir al lado de algunos de los mejores fotoperiodistas. Recuerdo como pasé más tiempo observando al enorme Manu Brabo fotografiar que haciendo mi trabajo. En esos días en El Cairo compartí conversaciones, habitación, risas, sawarmas y a un conductor al que bautizamos como Musta-Fuck, por sus eternas conversaciones sobre masturbación en los lavabos, pero sobre todo, aprendí fotografía y vida observando a compañeros de la talla de Guillem Vallé, Fabio Bucciarelli, Cesare Quinto, Olga Rodríguez, Francesca Cicardi, Sergi Cabeza o Marc Almodóvar entre muchos otros.

En estos tres últimos años, he tenido el honor de conocer a gigantes de esta profesión, de intercambiar opiniones, pero una vez más sobre todo de continuar aprendiendo de personas como Merche Negro, Antonio Tejada, Javier Couso, Eduardo de Francisco, Laura Villadiego, Pau Llop, Ricardo García Vilanova, Lluis Hurtado, Diego Ibarra, Víctor Pozo, Ignacio Pulido, Antonio Pampliega, Shahira Amin, Baher Kamal o David Rengel entre muchos otros. De admirar el impresionante trabajo que hacen personas como Alberto Arce, Mónica Bernabé, Unai Beroiz, Zigor Aldama, Carlos Sardiña, Malika Youssouf, Juanlu Sanchez, Ignacio Escolar, Alberto Prieto, Maysun Ailena, Eloy Alonso, Samuel Rodriguez, Javier Espinosa, Samuel Aranda, Gabriel Pecot o Walter Astrada, por nombrar solo a alguno de los que he aprendido y sigo aprendiendo día tras día.

Con Manu Brabo, Cesare Quinto y Francesca Cicardi en El Cairo. Noviembre 2012 / Foto: ©Fabio Bucciarelli

Con Manu Brabo, Cesare Quinto y Francesca Cicardi en El Cairo. Noviembre 2012 / Foto: ©Fabio Bucciarelli

Dos años donde por fin he dejado de ser esa persona que siempre fui para ser quien soy, donde por fin me he liberado de una vida anclada en lo que pudo ser en el pasado y llena de objetivos futuros para pasar a disfrutar cada minuto como si fuera el último, sin duda algo que sin todas esas personas, experiencias o historias que en estos últimos años he tenido el privilegio de escuchar y vivir no hubiera sido posible.

Hoy, Camboya vuelve a ser mi realidad, un presente bastante diferente que el de cuando la dejé. Por fin empiezo a encontrar respuesta a esos miles de preguntas que han taladrado mi cabeza durante los últimos cinco años. Por fin entiendo que aparte de los problemas que he contado en esta bitácora durante los dos últimos años, también existe una sonrisa eterna llena de conformismo en un país extraño como Camboya.

Camboya ha sido sin duda mi primer paso en un camino donde todavía tengo muchísimo que aprender. Con un objetivo claro, la fotografía, es hora de dejar que sean las imágenes las que hablen sin palabras, y dejar las frases para los que saben escribir de verdad. Las palabras ya no fluyen por mi cabeza como en estos dos años donde solo quería gritar, y es hora dar un paso más hacia adelante en este duro camino del fotoperiodismo, por ello este es el último artículo de este Mundo Olvidado. En los más de dos años de vida de esta bitácora, me he sentido abrumado por la cantidad de personas que se han interesado por esta Camboya ignorada casi por completo por los medios de comunicación del mundo entero.

Mundo olvidado no hubiera podido existir sin ellos, esas personas que me han enseñado el verdadero color de la vida, los niños de la basura, los refugiados libios, las campesinos vestidos de rojo en Bangkok, los jóvenes egipcios, las mujeres Amazigh…tampoco hubiera podido existir sin vosotros, más de 140.000 visitas en menos de tres años, algo impensable cuando comencé este blog hablando de los camisas rojas tailandeses, y para mi ha sido un autentico placer compartirlo con vosotros. De corazón, GRACIAS A TODOS.

Nos veremos muy pronto desde cualquier otro rincón de este Mundo Olvidado……

Vertederos de Basura de Siem Reap, Camboya / Foto: ©Amit Padhiar

Vertederos de Basura de Siem Reap, Camboya / Foto: ©Amit Padhiar

Dos años después, la situación de las 300 personas que viven en los vertederos de basura de Angkor no ha mejorado

A tan solo unas decenas de kilómetros de los mundialmente famosos templos de Angkor, unas trescientas personas viven desde hace años las consecuencias de la extrema pobreza.

En los vertederos de basura de Anlong Pi, todas las palabras adquieren un nuevo significado. Es aquí donde hace menos de dos años un niño definió la palabra felicidad con ver salir el sol cada día, es aquí donde las sonrisas se confunden con los llantos. En Anglong Samram, el nombre que los habitantes del vertedero utilizan para llamar a su “Lago de Basura”, la vida no ha mejorado.

Mi primero contacto con ellos fue durante el verano de 2010, de aquel día recuerdo el olor de toneladas de basura que taladraba las fosas nasales hasta llegar al paladar. Desde entonces, han sido muchas visitas, interrumpidas durante el último año en el que estuve con los refugiados libios o en los sucesos de la plaza Tahrir en El Cairo.

Hace tan solo una semana volví a ese lugar donde las sonrisas son eternas. Si hace dos años ya pensé que la situación era extrema, en esta última semana he podido confirmar que nada se ha hecho por mejorar la vida de estas personas.

Dos años después, la situación en el vertedero de Anlong Pi es cercana a lo inhumano. La enorme acumulación de basura ha duplicado la capacidad del vertedero, produciéndose  nuevas reacciones químicas y biológicas entre los constituyentes de la materia orgánica e inorgánica. Los productos tóxicos resultantes son arrastrados por el agua de la lluvia contaminando el suelo y las aguas subterráneas, o emitidos a la atmósfera (en forma de gases) contaminando el aire. Como resultado del considerable incremento de basura muchas de las personas que conocí en mis primeras visitas han enfermado de gravedad.

   Una trabajadora de los vertederos busca metales y plástico / Foto: © Omar Havana

Una trabajadora de los vertederos busca metales y plástico / Foto: © Omar Havana

 

La consecuencia más notable de estas nuevas combustiones que hace dos años no tenían lugar es el aire que los habitantes de Anlong Pi respiran cada día, aire que se ha convertido en un  alto riesgo para la salud de las mas de trescientas personas que allí siguen trabajando a diario. Un aire compuesto por gas metano, resultante de los procesos de fermentación en ausencia de oxígeno de la materia orgánica que supone el 50% de las emisiones de gases producidas en los vertederos, por cloruro de vinilo por benceno, por tricloroetileno y por cloruro de metilo de efectos tóxicos o cancerígenos.

De los 300 habitantes del vertedero de Angkor, más de 100 son niños / Foto: © Omar Havana

De los 300 habitantes del vertedero de Angkor, más de 100 son niños / Foto: © Omar Havana

Al considerable empeoramiento de la calidad del aire, se unen varios nuevos factores que poco a poco convierten la vida en este lugar en no apta para ningún ser humano. En las últimas semanas la llegada de turistas a los vertederos se ha visto incrementada considerablemente, estos turistas confunden la pobreza extrema con una de las atracciones turísticas que Camboya ofrecen sin darse cuenta del riesgo para la salud mental de los habitantes de Anlong Pi.

Mientras tanto, la mayoría de los habitantes del vertedero siguen corriendo descalzos sobre millones de toneladas de basura, con el considerable riesgo de cortes, infecciones y heridas de diferente gravedad que difícilmente podrán ser tratadas. Y por si esto no fuera suficiente, de los cuatro pozos de agua que Somali Na, una camboyana residente en Hong Kong, donó hace un año y medio a los vertederos, uno de ellos ha sido robado por algún desalmado que ha privado a los habitantes de Anlong Samram de agua potable, lo que fuerza a la mayoría a tener que hervir el agua que los otros dos pozos en servicio dan, ya que la acumulación de basura ha hecho que el agua del subsuelo sea prácticamente imbebible.

Dos años después los habitantes del vertedero de Anlong Pi necesitan ayuda urgente, en un país como Camboya donde el 36% de la población vive con meno de un dólar al día, y millones de dólares son donados todos los años a fines humanitarios, unas simples botas con las que cubrir los pies descalzos de los habitantes del vertedero o un mascara para la protección del aire cancerígeno que se ven obligados a respirar diariamente mejorarían considerablemente la existencia de las trescientas personas que siguen caminando sobre basura en busca de una vida digna.

Casi todos los habitantes del vertedero trabajan largas horas totalmente descalzos / Foto: ©Omar Havana

Casi todos los habitantes del vertedero trabajan largas horas totalmente descalzos / Foto: ©Omar Havana

El día que conocí al Maestro, Don Eduardo Galeano

Quince años esperando poder conocer a la persona, a ese Maestro que ha inspirado y descrito tantos momentos de mi vida. El escritor del sarcasmo, el poeta de los otros, el sabio de la ironía. Las palabras de Don Eduardo Galeano son ese espejo de realidad cruel en el cual muchos nos hemos mirado alguna vez y, como salido de la nada, pausado como su voz, aparece por ese largo pasillo mientras cientos de personas han quedado despojadas del sueño de ser atravesados por esos dardos de realidad en una sociedad necesitada de voces como la suya.

Más de cien personas quedan despojadas del sueño de escuchar a Galeano / Foto: Omar Havana. All rights reserved

Más de cien personas quedan despojadas del sueño de escuchar a Galeano / Foto: Omar Havana. All rights reserved

Dentro de su sempiterna camisa azul se adivina un corazón envejecido de experiencia, una mirada, un apretón de manos y esas palabras que llevo quince años esperando decir por fin salen de mi garganta: “Es un placer conocerle, Don Eduardo”, “el placer es mío de tenerles a todos ustedes aquí”, responde.

Con este uruguayo de pura cepa todo transcurre a cámara lenta, tan lenta que embelesa. Solo hay tiempo para un par de respuestas a las que acompaña con su inteligente sonrisa de genio picarón. A pocos metros de donde estamos, casi quinientas personas aguardan con nerviosismo su llegada, “es hora de irme, ya no puedo hacerles esperar más” afirma.

Pocas veces he visto un aforo puesto en pie rompiéndose las manos en aplausos antes de que se haya pronunciado ninguna palabra, sin duda es la mayor prueba de que el conferenciante de hoy es uno de los seres vivos más admirado de este planeta. El Maestro se acomoda en el púlpito reservado a las grandes figuras eclipsando por completo a la persona que lo presenta a la multitud, actuación innecesaria de esos que necesitan estar siempre al lado de un grande para tener su minuto de fama. Sus primeras palabras son de solidaridad, de respeto, de igualdad, “siento en el alma que se hayan quedado cientos de personas fuera, son cosas que pasan, a veces no hay más remedio, y ojalá de alguna forma les llegué el eco de esta voz, leyendo alguna página de un libro nuevo llamado Los hijos de los días”.

El Maestro, Don Eduardo Galeano / Foto: Omar Havana. All Rights reserved

El Maestro, Don Eduardo Galeano / Foto: Omar Havana. All Rights reserved

“Los hijos de los días”, es un título con un por qué, así lo dijo. Una frase que escuchó en una comunidad maya de Guatemala, “la única cultura de las Américas en la que el tiempo funde al espacio”, en la que se afirma que son los días los que se echaron a caminar y ellos nos hicieron a nosotros, y que son de ellos, los días, de los que nace cada historia, “porque nosotros, digan lo que digan, estamos hechos de historias, y mis historias cada día son más cortas”. Y sin elevar el tono, con una cadencia en la voz suave, tranquila, pero preñada de sensatez y cordura El Maestro comienza a narrar alguna de esas historias en la que disecciona la realidad social actual en un viaje diacrónico a través de los 365 días del año.

“En 1887 nació, en Salta, el hombre que fue Salta: Juan Carlos Dávalos, fundador de una dinastía de músicos y poetas. Según dicen los decires, él fue el primer tripulante de un Ford T, el Ford a bigote, en aquellas comarcas del norte argentino. Por los caminos venía su Ford T, roncando y humeando. Lento, venía. Las tortugas se sentaban a esperarlo. Algún vecino se acercó. Preocupado saludó, comentó: Pero don Dávalos… A este paso, no va a llegar nunca. Y él aclaró: Yo no viajo por llegar. Viajo por ir”.

Transcurren los segundos, segundos que su pausada voz convierte en milenios. Pasan los minutos, que se detenga el tiempo. El Maestro continúa su viaje por ese universo de días que son sus historias, mientras, sus palabras provocan las primeras lágrimas de realidad en aquellos que lo escuchan. “La realidad pinta naturalezas muertas, las catástrofes se llaman, naturales. Como si la naturaleza fuera el verdugo y no la victima, mientras el clima se vuelve loco de remate, y nosotros también. Hoy es el Día del Medio Ambiente, hoy junio 5, un buen día para celebrar la nueva constitución de Ecuador, que en el año 2008, por primera vez en la historia del mundo, reconoció a la naturaleza como sujeto de derecho. Suena raro esto de que la naturaleza tenga derechos, como si fuera persona, en cambio, suena de lo más normal, que las grandes empresas de los Estados Unidos, tengan derechos humanos, y los tienen, tienen derechos humanos, por decisión de la Suprema Corte de Justicia desde 1886, o sea, que si la naturaleza fuera banco… ya la habrían salvado”.

Una lectura pausada, rítmica, envuelve a los asistentes en un silencio de expectativas, de la espera por escuchar a un escritor, a una persona, contando una historia. “En 1492 los nativos descubrieron que eran indios; descubrieron que vivían en Latinoamérica; descubrieron que estaban desnudos; descubrieron que existía el pecado; descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro siglo; y que ese dios había inventado la culpa y el vestido, y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja”.

Historias cortas y dardos envenenados lanzados a una sociedad que según el propio Galeano dentro de unos años estará llena de viejos con el pene duro y viejas con enormes tetas, aunque nadie recordará para que se usan. El Maestro continua su narrativa invadido por cientos de miradas desnudas ante este icono de la verdad, esporádicamente las manos explotan en aplausos llenos de admiración, mientras pocas son las caras que aun no han sido bañadas por las lágrimas del corazón.

Don Eduardo Galeano firma un ejemplar de su último libro "Los hijos de los días" / Foto: Omar Havana. All rights reserved

Don Eduardo Galeano firma un ejemplar de su último libro “Los hijos de los días” / Foto: Omar Havana. All rights reserved

“A propósito de la guerra contra el terrorismo, parece que estamos todo el tiempo en guerra contra el terrorismo, y uno se pregunta quiénes son, cómo son los terroristas. Bueno, pues en Julio primero del año 2008 hubo un terrorista menos. Porque en ese día, de ese año, el Gobierno de los Estados Unidos decidió borrar a Nelson Mandela de la lista de terroristas peligrosos contra la seguridad nacional de los Estados Unidos. Durante sesenta años, el africano más prestigioso de todos había integrado ese tenebroso catálogo. Y a mi me parece que muy serio no es, porque si este es el arquetipo del terrorista…yo no quiero burlarme ni mucho menos, porque si lo dicen quienes lo dicen, bueno…yo creo que sería más serio celebrar el día contra el terrorismo, ese 11 de Septiembre, pegando carteles por todos los rincones del mundo donde se diga, se busca a los secuestrados de países, a los estranguladores de salarios y a los exterminadores de empleo, se busca a los violadores de la tierra, a los envenenadores del agua y a los ladrones del aire, se busca a los traficantes del miedo”.

Prosiguen las palabras, continúan las historias, El Maestro no se olvida del pueblo saharaui, de las comunidades marginadas, mientras su mensaje se afila aun más, apuntando a esas otras esferas que controlan el Mundo, mientras, invita con profunda tristeza a los aquí presentes a que “adoptemos a un banquerito”. Galeano afirma que cada día está más en contra de la inflación palabraria, por eso sus historias se han convertido en ediciones corregidas y disminuidas. Bajo su peculiar microscopio de análisis realista, Galeano no deja indiferente a los cientos de personas que escuchan atentamente, los ojos húmedos de culpabilidad inocente son la prueba palpable de esta sociedad indigesta de grandes hermanos donde millones de personas siguen soñando en convertirse en la princesa del pueblo.

El final está cerca, pero el Maestro de la pausa, el genio de ingenio, el mago de la palabra guarda ese último as en la manga, esa historia que perforará la mente de los que han confundido el estado de bienestar con ese trasto loco último modelo donde las imágenes son manipuladas por “los miedos de comunicación” a golpe de publicidad y patrañas. Escuchar a Galeano es esa ducha diaria que todos deberíamos disfrutar para purificar el alma corrompida de dinero donde el camino más corto para llegar al éxito casi siempre es la mentira. El final ha llegado, sesenta minutos que parecen dos años, mientras El Maestro se alza, se despide de la Alhambra aplaudiendo a aquellos que hoy han tenido el privilegio de mirar a los ojos a uno de los pocos genios que en estos tiempos impuros de creatividad son tan necesarios y escasos.

Eduardo Galeano se despide aplaudiendo a los allí presentes / Foto: Omar Havana. All rights reserved

Eduardo Galeano se despide aplaudiendo a los allí presentes / Foto: Omar Havana. All rights reserved

“En este mundo al revés, estamos en guerra contra los pobres y no contra la pobreza. Octubre 17 Guerras Calladas, hoy es el día contra la pobreza. La pobreza no estalla como las bombas ni suena como los tiros. De los pobres sabemos todos, en qué No trabajan, qué No comen,  cuánto No pesan, cuánto No miden, qué No tienen, qué No piensan, qué No votan, en qué No creen, solo nos falta saber por qué los pobres son pobres. Será porque su desnudez nos viste, y su hambre nos da de comer”.

Enlaces Relacionados:

Fotogalería de Don Eduardo Galeano. por Omar Havana

Los hijos de los días, por Eduardo Galeano

Una Granada “indignada” estalla en la conciencia de la calle

 

El 12M ha sido esa fecha marcada desde hace meses en el calendario por los indignados de un país, España, que está tocando fondo. Cientos de miles de “indignados” españoles han vuelto a ilusionar a ese medio país que desde hace meses ve cada viernes como sus derechos están siendo fusilados.

Una vez más la Puerta del Sol, ha sido esa entrada principal al Mundo que exige un cambio inminente. Las manos al cielo de una sociedad sometida por políticas pseudo-dictatoriales de gobernantes y bancos han vuelto a ser retorcidas por un sistema donde esos hombres vestidos de azul pueden ejercer libremente su no derecho a dejar cicatrices difíciles de olvidar.

Nadie gana si no ganamos todos / Foto: Omar Havana

Nadie gana si no ganamos todos / Foto: Omar Havana

Medios de todo el Mundo se han hecho eco de las voces indignadas, desde Indonesia a Japón vía Nueva York, con escala en Perú, todos sin excepción han vuelto a acampar junto a vosotros aunque esos otros que dicen tener La Razón sigan empeñados en contar 15 mentiras. Mientras que en Madrid se hablaba con el Sol, en Granada se gritaba Carmen cuando casi diez mil indignados empezaron la marcha desde las Batallas al Triunfo.

Y sí señores, sí, esto si fue una manifestación, y no esas organizadas por sindicatos que representan sus propios intereses, no esas que acaban en mítines donde politicuchos del tres al cuarto se llenan la boca con utopías que ni ellos mismo se creen. Sí señores sí, una vez más el 15M ha demostrado que si alguien puede enderezar el rumbo de este país son ellos. Sí señores sí, que aunque el 15M sea criticado, vilipendiado, o atacado, ellos son los que gritan verdades, y sí señores sí, que aunque muchos les hayan llamado perroflautas, guarros, degenerados y otros miles de adjetivos, son ellos los únicos en este país de princesas de pueblo y panderetas capaces de volver a iluminar la apagada conciencia de una calle necesitada de voz.

El perro del flautista lleva indignado un año / Foto: Omar Havana

El perro del flautista lleva indignado un año / Foto: Omar Havana

Sé que en este momento muchos estarán pensando, ¿pero este no es el mismo Omar que el año pasado los criticó con dureza? Sí lo soy, y no he cambiado, sigo con la misma ilusión apoyando a un colectivo de ciudadanos que lograron hace un año que mi vuelta a España estuviera llena de esperanza, el mismo que criticó aquellos movimientos políticos internos que pocos vieron y que el tiempo ha demostrado que existían, el mismo que recibió amenazas de esos que se suben siempre al carro cuando este va en cabeza por decir que no era el momento de intentar legalizar la marihuana sino el momento de luchar por nuestros derechos, el mismo fotógrafo que fue confundido con un medio de comunicación, el mismo que lleva pensando que el cambio de un país no se puede hacer excluyendo o alejando aquel al que crítica sino escuchando e incluyendo a aquel que no lo apoya. El mismo que nunca criticó al movimiento pero sí a aquellos que querían controlar el movimiento Sí, señores, el mismo. Y por supuesto que sacando punta al lápiz se puede seguir criticando ciertos aspectos de un movimiento que solo lleva un año organizándose, pero como criticar a los únicos individuos a los que no les crece la nariz al hablar de futuro, ¿cómo?

Dentro de unas horas volverá a ser 15M, habrán pasado 365 días desde que una marea amarilla sorprendiera a un país más preocupado porque sus equipos de fútbol asciendan o desciendan que por luchar por esos derechos que cada viernes son robados. Mañana el Sol volverá a lucir con fuerza, y en Granada, mi Granada, Carmen se volverá a vestir de gala, a alzar sus manos al cielo y a gritar “¡que no que no, que no nos representan!

"Carmen" se volvió a vestir de gala / Foto: Omar Havana

“Carmen” se volvió a vestir de gala / Foto: Omar Havana

Todavía hay mucho camino que recorrer, aun resta mucho por conseguir, pero sin duda, sin ninguna duda, si alguien en este país lo puede conseguir sois vosotros 15M, vosotros sin olvidaros que todos, con algunas excepciones como todo en la vida, periodistas, pijos, policías, trabajadores, gente en paro, estudiantes, sobre todo estudiantes, estamos de vuestro lado, porque todos sin excepción soñamos con un país donde los bancos no desahucien, donde los políticos nos escuchen, donde los Gobiernos nos representen, donde los hombres vestidos de azul cambien las porras por abrazos y donde todo ser humano tenga el derecho a que su dignidad no se vea en paro.

Adelante 15M, adelante, y bravo por volver a ilusionar a un país que os necesita, desde que aquí os mando mi apoyo incondicional, ese mismo que desde hace 365 días nunca os he retirado a pesar de mis críticas del año pasado, palabras que no tuvieron otra intención que la de expresar los pensamientos de un “fotero indignado” con un país de equipos de primera y sociedades de tercera. Dentro de poco vuelvo a mi Mundo Olvidado, esa otra realidad donde los críos pasean entre toneladas de basura sus sonrisas eternas, pero no dudéis en ningún momento que desde ese país de rima fácil estaré con vosotros gritando ¡Resistencia!.

¡Resistencia! / Foto: Omar Havana

¡Resistencia! / Foto: Omar Havana

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