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2011

Desde Mundo Olvidado me gustaría agradecer a todos que este año el blog haya triplicado el número de visitas. Llevo meses lleno de palabras vacías así que prefiero que sean mis fotografías y vídeos los que resuman este año que está apunto de acabar.

Nos vemos en 2012

Un abrazo

Omar Havana

Mundo Olvidado cumple un año

Hoy escribo yo y no Omar Havana. Las lágrimas me impiden ver casi las letras, quizás la botella de whisky que casi está acabada me haya ayudado a ello. Hoy Mundo Olvidado, cumple un año, y no estoy para soplar velas.

Hoy hace un año empecé esta aventura, Omar Havana nació en de una conversación con una persona que es más que un amigo, él sin quererlo dio un plan B a  mi vida, que en esos momentos se estaba perdiendo sin yo saberlo.

Mi historia interesó rápidamente, un español en época de crisis, que según la gente se ha inventado su vida. Hace muchos años dejé mi país, y me fui a trabajar a un hotel de Gales sin saber ni decir guan, tu y zri en inglés, de donde tuve que huir a la semana con los pies ensangrentados y los bolsillos vacíos, durante varios días una estación de tren londinense fue mi casa. La fortuna hizo que en mi vida se cruzara Jan, quien con su suicidio me hizo amar la fotografía. Pase por varios lugares en Inglaterra, entre bar y botellas de absenta mi vida se solucionaba en dos segundos, hasta que se cruzaron delante de mí los ojos más bonitos que nunca he visto.

Desde ese día mi vida ha sido una aventura, Francia, Suiza, Italia, Inglaterra, Camboya como hogar, y miles de destinos turísticos con los que solo pretendía olvidar mi pasado. Ese mismo pasado que al final me quitó a quien más he querido en mi vida. Mundo Olvidado cumple hoy un año, y más de 30.000 personas han leído, y quizás hasta se hayan identificado en alguno de los más de 100 relatos que en un principio iban destinados a llamar la atención de la persona que amo.

En este año, no paro de sorprenderme con la cantidad de personas que se han identificado con las palabras de este ser humano que lo único que hace es buscar alguna emoción en su vida que supere a lo que siente por una persona que él ha perdido. Como dice Ewan McGregor en la película, El hombre que mira a las cabras, cuando un hombre es dejado por una mujer siempre dónde va, a la guerra. El caso es que yo vivía en ella, no por el país que elegí para construir un sueño imposible, Camboya, sino por la guerra que mi pasado llevaba años destrozando mi interior.

La cuestión, es que Mundo Olvidado, sin quererlo cumple un año, y vosotros aparte de haberme hecho compañía en muchos momentos de soledad en este país donde esta es la causa de muchos y graves problemas entre extranjeros, habéis devuelto a mi vida ese plan B que mi amigo Antonio Tejada creó hace unos años para mí.

Hoy Mundo Olvidado, es ese camino que he elegido, ese donde me identifico, y donde siento que mis problemas no son nada comparados con los que veo. Mucha gente me llama periodista, siempre he dicho que no lo soy. Quizás me haya colgado la etiqueta de fotoperiodista en algún momento, la única razón ha sido la de llamar la atención y de alguna forma sentirme importante en este mundo de locos.

Camboya toca a su final, han sido tres años donde personalmente he salido de un infierno de mi infancia para vivir bajo el arrepentimiento constante y sangrante de mis actos en un pasado no muy lejano. Aquí quizás por fin, he madurado, pero aquí también, he perdido esa inocencia que es tan necesaria para vivir en esta sociedad hipócrita y vacía.

Dentro de pocos días, vuelvo a esa España, país llamado desarrollado, a buscar temas que escribir en mi segundo blog, a continuar con las páginas de mi libro, a ver a mi madre y a mi abuela, a mis hermanos, y sobre todo a seguir diciendo todo aquello que ya no puedo callarme más. Siento si he roto los cojones a muchas personas, siento si he sido directo y eso ha sido interpretado como arrogante, siento si no sé ser hipócrita, lo siento, pero este soy yo, esa persona que escribe bajo el nombre de Omar Havana, y que no sabe qué coño hacer con su vida.

Escribir es mi terapia, saber que lo leéis mi recompensa, no busco dinero, solo escribo lo que veo, en realidad no sé lo que busco, pero sigo buscando en un Mundo donde la vida del ser humano no cuesta un duro, en paraísos turísticos donde niños son follados por desgraciados que presumen delante de sus esposas de las hazañas que sus supuestos viajes de negocios le han proporcionado, donde hijos de puta abren organizaciones para así tener a sus víctimas más cerca. Países donde la vida cuesta cincuenta putos dólares, y donde la mujer es menos que una mierda. Naciones gobernadas por el miedo, vidas que ya no son vidas.

Hoy celebro en soledad, y con la compañía de mi Facebook que Mundo olvidado cumple un año, soy sincero llevo una botella de whisky encima, y ya no veo las letras, pero joder ese sería el estado que tendría si estuviera con vosotros en una sala en Madrid celebrando este aniversario. Sé que gracias a este blog tengo nuevos grandes amigos, los siento en cada comentario que hacéis en mi Facebook o en el blog, y gracias a ello hacéis que aquí sea todo un poco más fácil, como me dicen algunos de esa “tribu” que algunos pretende encasillarme, y en la que honestamente solo serviría para barrer el suelo, ellos lo comprenden, muchos quizás vean esto como una locura, venirse a países a tomar por culo a ver sufrimiento y pobreza, y vienes, y sobre todo aprendes, y empiezas a saber quién eres, y cuando vuelves a esos países que son la hostia, como el de ZP, todo es cemento y los niños no sonríen, y que cojones ya vale de quejarse todo el día para luego no hacer nada, y echo de menos a los niños de la basura, esos que comen lo que la crisis les deja en la basura, esos que sonríen con una bolsa de sangre en sus manos que van a cocinar, esos que me han enseñado a ser feliz. Este año, Tailandia y los camisas rojas, el puente donde cientos de personas perdieron un futuro en Phnom Penh, las mujeres quemadas por el ácido, corrupción, guerra, pero sobre todo, vosotros, los que hacéis que Camboya siga siendo el país de la sonrisa eterna, los que me habéis enseñando el sabor de la basura, los que decís a mis espaldas que quien os va ayudar el día que yo me vaya, vosotros me habéis enseñado a ser yo, por eso duele tanto saber quién he sido.

No soy bueno para expresar mi agradecimiento con palabras, quizás mis ojos hablen mejor de ello, pero sois importantes en este Mundo Olvidado, que ya no lo es, porque más de 30.000 personas lo han visitado. Gracias y feliz Aniversario.

Feliz Cumpleaños, Mundo Olvidado / Foto: Omar Havana

Españoles en la Cochinchina. Parte Final, La Guerra de Vietnam y Luis Roldán

De todos los episodios sucedidos en esta parte del Mundo, quizás sea la Guerra de Vietnam el más presente en nuestras mentes. Como no conocer la visión yanqui de este conflicto, miles de veces narrado por la industria cinematográfica americana. Una mirada patriótica, cargada de fervor e ignorancia por la mayoría de los occidentales, quienes olvidan las historia de todos aquellos vietnamitas, laosianos o camboyanos que sufrieron las consecuencias del horror americano.

Muchas de estas historias son solo recuerdos que necesitan ser olvidados, como me afirmaban los conductores de “rickshaw” de Saigón, mucho de ellos son ex combatientes vietnamitas olvidados en las fauces del capitalismo que cada día inunda más esta parte del continente asiático.

Algunas de esas historias fueron contadas por españoles….

La Guerra de Vietnam

En agosto de 1965 Franco envió una carta al presidente americano Johnson en la que le manifestaba sus simpatías por la guerra de Estados Unidos en Vietnam. Pero el dictador español también le anunciaba la derrota americana: “Política y militarmente su guerra la tienen perdida debido a que el comunismo social agrada al pueblo vietnamita ya que ofrece más posibilidades que su sistema liberal occidental” sentenció el Caudillo. La carta de Franco finalizaba con unas sorprendentes frases de admiración hacia el líder comunista Ho Chi Minh. Paradójicamente, la pesimista opinión de Franco no fue óbice para que autorizara satisfacer la petición norteamericana de que un contingente de médicos militares españoles acudieran echar una mano en aquella guerra perdida.

El 16 diciembre de 1965 el Secretario de Estado, Dean Rusk, se preparaba para apremiar a Franco. Las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, necesitaban con urgencia total que médicos españoles acudieran a la provincia de Go Cong, en pleno delta del Mekong, donde, calculaban, cubrirían las necesidades sanitarias de 60.000 personas, según se desprende del informe personal y confidencial que le entregaron a Rusk en la fecha indicada. Rusk insistió y finalmente un contingente de médicos y sanitarios militares españoles fueron reclutados para una misión que no se descubriría hasta mucho tiempo después, dando paso a la intensa historia humanitaria de los españoles en Vietnam que La Vanguardia reveló el 11 de enero de 1998.

En total participaron tres equipos. El primero partió en 1966 y regresó a finales del 67. Luego fueron relevados por otro, y éste por un tercero. Participaron 30 militares, y la presencia española en Vietnam se prolongó durante dos años, puesto que el segundo y el tercer destacamento sólo permanecieron en el país asiático seis meses. A todos ellos los reclutaron aquí y allá, en secreto. Tanto es así que varios estaban destinados en el desierto del Sáhara y unas horas después se vieron caminando en plena vegetación vietnamita acompañados del continuo tableteo de los helicópteros y del olor a napalm.

Como habían solicitado los mandos militares norteamericanos, el destino de los médicos españoles fue la localidad de Go Cong, en pleno delta del Mekong, a 45 kilómetros al sur de Saigón y a apenas a siete kilómetros de las playas del mar de la China. El local asignado fue un pequeño, deteriorado e insuficiente hospital de 150 camas aproximadamente, en estado semirruinoso y pintado de color amarillo.

Casa española en Go Cong, Vietnam

Al llegar a Vietnam, los españoles se cuidaron de distinguirse de los estadounidenses. Los vietnamitas les bautizaron “tai-ba-nha”, que significa precisamente “los españoles”. Las relaciones con la población civil fueron tan buenas que los habitantes de Go Cong nombraron a uno de los puentes que cruzaban los brazos del delta del Mekong “can tai-ba-nha”, que significa “puente de España”.

Pero, no hay que llevarse a engaño. Go Cong no era un lugar cómodo. Estaba cerca de la “ruta Ho-Chi-Minh”, por donde cruzaban los Vietcong y el delta del Mekong era uno de los lugares donde se combatía más ferozmente. Cuando los españoles viajaban a visitar enfermos, lo hacían en jeep y a toda velocidad, “por si disparaban desde entre los arrozales” en palabras del coronel Faúndez, uno de los médicos que vivió la experiencia.

El capitán Faundez y el brigada Pérez desciende de un helicóptero de la companía Air America

El “pequeño, deteriorado e insuficiente hospital” como se describe en un informe oficial del Ejército español el dispensario de Go Cong, era una de las pocas esperanzas en la zona contra el paludismo, el tétanos, la metralla y el napalm. Pero los medios eran muy escasos. Había 150 camas y la media de ingresados era de 400. Lo más frecuente era que varios pacientes compartieran cama y que debajo se acomodaran los acompañantes. Los medicamentos y el plasma eran escasos, pese a la extendida idea cinematográfica de que la logística de U.S.A. era capaz de llevar helado de postre a los combatientes en primera línea. El relato de un oficial americano revela cómo se paliaban las carencias los españoles: “Parece increíble, pero vi cómo el doctor español insertó un tubo de transfusión en su propia vena, mientras seguía operando a una mujer vietnamita que padecía un tumor”.

El comportamiento humanitario de los militares españoles fue reconocido por el enemigo de EE. UU. Ocurrió durante la fiesta del Tet. La residencia española fue atacada por el Vietcong con fuego de mortero, ametralladoras y fusil. Al día siguiente se produjo otro ataque de mortero. Un trozo de metralla hirió a uno de los oficiales españoles y mató a ocho vietnamitas que hacían de guardia en el centro. En el informe sobre el incidente consta que tras estos hechos, soldados del Vietcong detuvieron los vehículos en los que se viajaban por la región los médicos de la misión española y les pidieron perdón por los daños, porque la guerra no iba contra ellos. Había razones para la disculpa: el 70 por ciento de la población atendida en la misión española eran Vietcong.

El entonces teniente médico Antonio Velázquez, hoy general en la reserva, tras una defensa de sacos terreros y junto a un soldado vietnamita en el delta del Mekong. 1969

El 30 de abril de 1975, el Vietcong tomó Saigón y puso fin a treinta años de conflagración bélica, primero con los franceses y luego con EE. UU. Fue una guerra extraña, la primera guerra post moderna, donde nadie sabía muy bien dónde estaba el frente y en la que los soldados americanos no tenían las ideas muy claras de por qué estaban allí. Drogas, rock, ficción y terror en la jungla, la guerra de una época que marcó con sangre a la sociedad estadounidense. Fue el conflicto de tres presidentes, de la eclosión de los hippies, del movimiento de derechos civiles, de Jimi Hendrix, de MC5, de The Doors (“This is the end… My o­nly friend”) y de grandes manifestaciones pacifistas.

Fue la primera guerra televisada: las familias estadounidenses podían ver morir a sus hijos casi en directo en los telediarios. Hasta el cine recreó con profusión el conflicto del Sudeste Asiático, y por ello conocemos los burdeles de Saigón o la tragedia del regreso a casa de soldados de los que nadie quería saber nada. Unos ex combatientes que a la humillación de la derrota tenían que unir un rechazo social que no comprendían. Vietnam fue también un conflicto en que las fuerzas armadas de EE. UU. no tuvieron el control de los medios de comunicación (nunca volvieron a cometer tal error), y no supieron evitar que centenares de periodistas se mezclaran con sus soldados y enviasen al resto del mundo crónicas y fotos nada alentadoras. Vietnam continúa siendo hoy una cicatriz dolorida para U.S.A. Quizás por eso, en el imaginario colectivo norteamericano se sigue buscando respuestas a través del cine y la literatura.

Mientras las historia de los médicos españoles en el delta del Mekong son ignoradas por la mayoría de los que solo conocen esta guerra a través de películas como “Platoon” o “La Chaqueta Metálica”.

El primer grupo de españoles que llego a Vietnam en 1966 estaba compuesto por:

Comandante Medico Argimiro García Granados, Capitanes Manuel Vázquez Labourdette (del Cuerpo de Intendencia, encargado de la parte administrativa y logística), Médicos José Linares Fernández, Luciano Rodríguez González, Francisco Faúndez Rodríguez, Teniente Practicante Manuel García Mejias, Subtenientes Practicantes José Bravo López-Baños, Francisco Pérez, Brigadas Practicantes Ramón Gutiérrez de Teran, Joaquín Baz Sánchez, Juan Pérez Gómez, Juan Outon Barahona.

Los Doce de la Fama

En los últimos años, el sudeste asiático se ha convertido en el destino preferido de millones de turistas, en busca de unas vacaciones baratas en lugares paradisíacos. Playas donde el sexo es la moneda de intercambio, bares repletos de mochileros “puestos hasta las trancas” de cócteles y chupitos, o mercados repletos de todo tipo de viajero en busca de la ultima ganga que llevar de vuelta a casa, son imágenes comunes de esta parte del Mundo con una historia cargada de violencia e intereses.

De los últimos visitantes españoles, quizás llame la atención Luis Roldán. El 28 de Febrero de 1.995 el ex-director de la Guardia Civil fue entregado a la policía española en el aeropuerto de Bangkok, la capital de Tailandia, la entrega fue efectuada con una documentación falsa del gobierno de Laos que nada sabía de su extradición, por mediación de Francisco Paesa.

Muchos son los españoles que visitan la Cochinchina, un nombre que en nuestra tradición se usaba para definir a aquellas personas que estaban muy lejos de nosotros, “es que te vas a la Cochinchina”, me solía decir mi abuela cuando empezaba a viajar por esta zona del Mundo. Personas anónimas o famosas, como Rafa Nadal quien estuvo no hace mas de dos semanas en Bangkok por primera vez, disputando el torneo de la capital tailandesa, o como el individuo Coto Matamoros, quien no hace muchos meses, apareció en un programa de telebasura española, previo pago de una buena suma de dinero, afirmando no haber estado en Phuket ( Tailandia) de putas, aunque este tipo de periodismo de otro color se lo dejamos para que otros los cuenten en sus llamadas “crónicas periodísticas”, en “Mundo Olvidado” preferimos hablar de la historia de aquellos españoles que ayudaron en cierto modo a la construcción de esta parte del Mundo, como los médicos españoles que habitaron en el delta del Mekong durante la guerra de Vietnam, o como los aventureros españoles que hace ya casi 500 años, como hacemos los españoles expatriados en esta zona en la actualidad, llegaban a las costas de la Cochinchina en busca de un “Nueva Vida”.

Me gustaría cerrar esta serie de “Españoles en la Cochinchina”, con una frase del doctor Faúndez, uno de los cuatro médicos de aquella primera expedición, “Cuando llegamos a Saigón (el 8 de septiembre de 1966) aquello era un hervidero. Las bombas caían continuamente sobre la ciudad, los coches volaban y el ruido era ensordecedor. Pero la gente andaba por la calle como si tal cosa. Intentaban hacer su vida normal. Se habían acostumbrado”. A sus 70 años, un jubilado Faúndez afirmaba, “¿Recuerda aquella escena de Apocalypse Now? ¿El despegue de los helicópteros con la música de Wagner? Lo veíamos todo el tiempo. Era exactamente igual. La labor que teníamos era imposible de acometer. La población civil sufría un porcentaje elevadísimo de tuberculosis crónicas, casos que no merecían la pena desde el punto de vista americano. Enfermos de paludismo, disentería y hepatitis compartían las camas, a veces dos y tres personas, con civiles heridos por las minas, y comían lo que sus familias les llevaban. Los niños con paludismo cerebral llegaban por docenas. Aunque los tratamientos existían, esos críos entraban ya en coma. Morían a montones. A veces, también ingresaban Vietcong. Un día trajeron a uno, de 30 años. Le habían atado con alambres los pulgares de los pies. Su hermano ciego le visitaba. Se sentaban en la cama, espalda contra espalda, y hablaban. De vez en cuando, uno lloraba”.

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Tenemos que remontarnos a 1936 para volver a encontrar alguna nueva relación entre España y la Cochinchina. Años de dominación francesa en la zona, declarada como la “Indochina Francesa”.

 

Mapa de Indochina

 

En ese maldito 36 para nuestro país, año del fracasado intento de Golpe de Estado del 17 de Julio que dio lugar a la Guerra Civil Española, los republicanos crearon una falsa embajada de Siam en la calle Juan Bravo nº 12 de Madrid, que servia de señuelo para atrapar falangistas, y donde un “conocido estafador”, Antonio Verardini Díez, comandante del Ejército Popular, se hacía pasar por embajador para atraer a personas de buena posición económica a las que supuestamente iba a dar asilo, pero a quienes, en realidad, asesinaba y robaba. Esta casa de la calle Juan Bravo era conocida como la “checa de los servicios”.

Al compás de las guerras fratricidas de la península, aumentaban las filas de la Legión Francesa. El gobierno francés se aprovechó de los exiliados españoles para sus intereses militares fuera del viejo continente y de paso evitó los problemas que pudieran generar dentro de su territorio. Políticamente, la Legión Francesa sirvió de pago en la “Cuádruple Alianza”. Durante la Primera Guerra Mundial, los nacionalistas catalanes vieron en ella un instrumento útil para sus objetivos independentistas y miles de españoles engrosaron los batallones de la Legión. El último alistamiento masivo, aunque condicional, lo constituyó el contingente republicano al concluir la Guerra Civil.

La Batalla de Dien Bien Phu

De los republicanos españoles que pasaron a Francia terminada la Guerra, unos 15.000 se alistaron en la legión extranjera, algunos de ellos terminada la Segunda Guerra Mundial fueron llevados a combatir en Vietnam y estuvieron en la batalla de Dien Bien Phu. Algunos, como Robert Pujol, pasaron a Indochina, y en Dien Bien Phu luchó y cayó prisionero el legionario José Cortés. Otro ejemplo es Antonio Palanco Pérez, un onubense de Valverde del Camino, alistado en 1950, que tras su estancia de dos años en Indochina, regresó a Argelia, donde consideró que la vida de instructor legionario era muy monótona y solicitó volver por otros dos años… En total, serían más de mil los españoles que estuvieron a lo largo de la campaña militar en Indochina, más de mil historias, unas trágicas y otras heroicas, pero todas apasionantes…

 

Los primeros heridos y muertos en Diên Biên Phu del II/1° RCP (Regimiento de Cazadores Paracaidistas). Fecha 04/54.

 

Con la derrota francesa en Dien Bien Phu en 1954, la Indochina Francesa fue borrada del mapa, creándose cuatro estados independientes: Camboya, Laos, Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. Se calcula que unos doscientos españoles lucharon en Dien Bien Phu, la mayoría pertenecía al 2ª Batallón Extranjero de Paracaidistas del comandante Liensenfelt. Se conoce la existencia de algunos desertores entre nuestros compatriotas, españoles que se unieron a luchar con las tropas del Viet Minh de Ho Chi Minh (quien, a modo de curiosidad, hablaba un casi perfecto español).

 

2ª Batallón Extranjero de Paracaidistas en Dien Bien Phu

 

En un ejemplar de la revista de Interviú, a principios de los ochenta, apareció un reportaje sobre un español, canario, ex legionario, que había luchado en Dien Bien Phu y que después de la guerra no había regresado con los franceses y terminó instalándose en el norte de Tailandia, según informa Joaquín Mañes Postigo en su libro “Españoles en la Legión Extranjera Francesa”.

 

Españoles en la Legion.../ Autor: Joaquín Mañes

 

Como informa Mañes en su libro, durante la guerra de Vietnam, se repatriaron unos dieciséis españoles, ya desertores o prisioneros del Viet Minh, que al finalizar la guerra en 1954, optaron por quedarse allí, integrándose en ese entorno, casándose y teniendo hijos. El coste de la operación lo asumió la CIA para obtener información. El caso más sorprendente fue el del médico Ripoll, quien luchó en la guerra como legionario destinado en una antena quirúrgica de campaña y después se instaló en Phnom Penh, capital de Camboya, asociándose con una de las esposas del rey Norodom Sihanouk para montar una clínica.

El “Doctor” Ripoll

El Doctor Ripoll Fonte, catalán, veterano de la Legión Extranjera y Cruz de Guerra Francesa, fue de los últimos en salir de Hanoi antes de que se convirtiera en la capital del Vietnam del Norte. Se instaló como médico en la capital de Camboya, Phnom Penh, donde hizo muchos y buenos contactos. Amigo del General Camboyano Susten Fernandez, Comandante de la Región Militar Sur y posteriormente Jefe del Estado Mayor del Ejercito Camboyano.
El General Fernandez era un militar católico, no muy habitual en Camboya, y amante de todo lo hispano, varias veces había viajado a España, lo que mas le sorprendió es la cantidad de Fernandez que había, su apellido era de lo más raro del mundo en su país. Sus antepasados habían llegado a Camboya a finales de siglo XVI desde Filipinas, en una expedición española que pretendió conquistar el país jemer.

Dien Bien Phu, supuso la primera gran victoria para las tropas del “tío Ho” como le llaman cariñosamente los vietnamitas. Batalla que supuso el final de la dominación francesa de esta parte olvidada del Mundo. Pero pronto, otro de los nuevos países con ansias colonizadoras pondría sus ojos en los campos de arroz que cubren el paisaje de lo que fue la Indochina Francesa.

La Guerra de Vietnam, supuso el primer gran fracaso del capitalismo americano. Una guerra sin sentido, que muchos años después sigue sumando victimas. Una guerra recordada millones de veces por las películas de gran presupuesto de Hollywood, pero olvidada para las miles de personas que han perdido la vida desde su final, victimas de las minas y restos de bombas esparcidos por toda la zona.

Un capitulo mas de la historia de la humanidad con presencia española, como veremos en la última parte de “Españoles en la Cochinchina”.

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