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El virus EV71 podría ser la causa de la “misteriosa muerte” de docenas de niños camboyanos

Aunque todavía es pronto para afirmar que el virus EV71 es el culpable de la misteriosa muerte de al menos sesenta niños camboyanos en las últimas semanas, los últimos avances en las investigaciones sobre la que fue bautizada por la OMS como “misteriosa enfermedad” parecen indicar que la enfermedad de boca, manos y pies es la causa principal.

El EV71 es una dolencia común de la infancia, para la cual no existe vacuna / Foto: ©Omar Havana

El EV71 es una dolencia común de la infancia, para la cual no existe vacuna / Foto: ©Omar Havana

El Instituto Pasteur analizó muestras tomadas de 24 pacientes, de las cuales 15 dieron positivos del Enterovirus tipo 71, según confirmaba el doctor Philipe Buchy via email, “tendremos más resultados el próximo martes miércoles” finalizaba.

El EV71 es una dolencia común de la infancia, para la cual no existe vacuna. Los síntomas se tratan de forma aislada, pero no existe terapia para la enfermedad, siendo altamente contagioso. Los niños son los más vulnerables. Ataca principalmente a los menores de 6 años, y con mayor frecuencia a los menores de 2 años. Raras veces afecta a los adultos, que generalmente cuentan con las defensas suficientes para rechazar la infección. Pero aunque pueden no presentar síntomas, pueden ser portadores del virus e infectar a otras personas.

La Organización Mundial de la Salud advertía tan solo hace unos días del descubrimiento de una enfermedad desconocida que estaba afectando sobre todo  a los niños en Camboya, en un comunicado de prensa la OMS junto al Ministerio de Salud camboyano anunciaban el pasado 4 de Julio que 61 niños habían muerto debido a esta extraña enfermedad, cifra que ha sido reducida a 51 en el último comunicado que la OMS ha distribuido hace tan solo unas horas. Declaraciones que según el Doctor Richner, fundador de los hospitales Kantha Bopha en Camboya, fueron precipitadas y poco profesionales, llegando a causar pánico innecesario en la población del país asiático.

Incluso las cifras que la OMS ha comunicado en su última nota de prensa no se corresponden con las dadas por el hospital Kantha Bopha, donde se han producido la mayoría de muertes por EV71, “desde abril de 2012, 66 niños han sido ingresados con síntomas similares. La mayoría, de entre 2 y 3 años de edad, sufrían encefalitis, desarrollando en las horas previas a la muerte, la destrucción total de los alvéolos pulmonares. 64 de los 66 niños murieron, en la última semana solo hemos tenido dos casos de esta enfermedad en los cinco hospitales Kantha Bopha de Camboya”.

Richner dijo que el número de afectados por la enigmática enfermedad es relativamente bajo: 34 casos en junio, en comparación con los 75,000 niños enfermos en los hospitales para pacientes externos de Kantha Bopha y los 16,000 niños hospitalizados. Sin embargo, Pieter van Maaren, de la OMS en Camboya, rechazó las acusaciones de que el organismo ha causado pánico en la población. Van Maaren Dijo que Richner fue quien declaró previamente, en una carta al gobierno, que la situación era “muy severa”.

El EV71 fue descubierto en California en 1969. La enfermedad de manos, pies y boca se contrae con mayor facilidad en verano y principios de otoño. Se transmite por el aire, al tocar objetos contagiados o por el contacto con ampollas, mucosas o heces infectadas.

La mejor forma de prevenirla es observando una buena higiene ambiental, personal y alimentaria; evitar el contacto con las personas contagiadas y mantener a los niños alejados de las multitudes.

En la última década, los mayores brotes de esta enfermedad atribuidos al virus EV71 se registraron en el Sudeste Asiático en Malasia en 1997 y en Taiwán en 1998. En 2007 China registró 80.000 casos de la enfermedad y 17 muertos.

Aunque todavía es temprano para confirmar que todas las muertes fueron por causa del EV71, este avance ha desmitificado la bautizada como “misteriosa enfermedad” que está matando a docenas de niños camboyanos en las últimas semanas.

Dos años después, la situación de las 300 personas que viven en los vertederos de basura de Angkor no ha mejorado

A tan solo unas decenas de kilómetros de los mundialmente famosos templos de Angkor, unas trescientas personas viven desde hace años las consecuencias de la extrema pobreza.

En los vertederos de basura de Anlong Pi, todas las palabras adquieren un nuevo significado. Es aquí donde hace menos de dos años un niño definió la palabra felicidad con ver salir el sol cada día, es aquí donde las sonrisas se confunden con los llantos. En Anglong Samram, el nombre que los habitantes del vertedero utilizan para llamar a su “Lago de Basura”, la vida no ha mejorado.

Mi primero contacto con ellos fue durante el verano de 2010, de aquel día recuerdo el olor de toneladas de basura que taladraba las fosas nasales hasta llegar al paladar. Desde entonces, han sido muchas visitas, interrumpidas durante el último año en el que estuve con los refugiados libios o en los sucesos de la plaza Tahrir en El Cairo.

Hace tan solo una semana volví a ese lugar donde las sonrisas son eternas. Si hace dos años ya pensé que la situación era extrema, en esta última semana he podido confirmar que nada se ha hecho por mejorar la vida de estas personas.

Dos años después, la situación en el vertedero de Anlong Pi es cercana a lo inhumano. La enorme acumulación de basura ha duplicado la capacidad del vertedero, produciéndose  nuevas reacciones químicas y biológicas entre los constituyentes de la materia orgánica e inorgánica. Los productos tóxicos resultantes son arrastrados por el agua de la lluvia contaminando el suelo y las aguas subterráneas, o emitidos a la atmósfera (en forma de gases) contaminando el aire. Como resultado del considerable incremento de basura muchas de las personas que conocí en mis primeras visitas han enfermado de gravedad.

   Una trabajadora de los vertederos busca metales y plástico / Foto: © Omar Havana

Una trabajadora de los vertederos busca metales y plástico / Foto: © Omar Havana

 

La consecuencia más notable de estas nuevas combustiones que hace dos años no tenían lugar es el aire que los habitantes de Anlong Pi respiran cada día, aire que se ha convertido en un  alto riesgo para la salud de las mas de trescientas personas que allí siguen trabajando a diario. Un aire compuesto por gas metano, resultante de los procesos de fermentación en ausencia de oxígeno de la materia orgánica que supone el 50% de las emisiones de gases producidas en los vertederos, por cloruro de vinilo por benceno, por tricloroetileno y por cloruro de metilo de efectos tóxicos o cancerígenos.

De los 300 habitantes del vertedero de Angkor, más de 100 son niños / Foto: © Omar Havana

De los 300 habitantes del vertedero de Angkor, más de 100 son niños / Foto: © Omar Havana

Al considerable empeoramiento de la calidad del aire, se unen varios nuevos factores que poco a poco convierten la vida en este lugar en no apta para ningún ser humano. En las últimas semanas la llegada de turistas a los vertederos se ha visto incrementada considerablemente, estos turistas confunden la pobreza extrema con una de las atracciones turísticas que Camboya ofrecen sin darse cuenta del riesgo para la salud mental de los habitantes de Anlong Pi.

Mientras tanto, la mayoría de los habitantes del vertedero siguen corriendo descalzos sobre millones de toneladas de basura, con el considerable riesgo de cortes, infecciones y heridas de diferente gravedad que difícilmente podrán ser tratadas. Y por si esto no fuera suficiente, de los cuatro pozos de agua que Somali Na, una camboyana residente en Hong Kong, donó hace un año y medio a los vertederos, uno de ellos ha sido robado por algún desalmado que ha privado a los habitantes de Anlong Samram de agua potable, lo que fuerza a la mayoría a tener que hervir el agua que los otros dos pozos en servicio dan, ya que la acumulación de basura ha hecho que el agua del subsuelo sea prácticamente imbebible.

Dos años después los habitantes del vertedero de Anlong Pi necesitan ayuda urgente, en un país como Camboya donde el 36% de la población vive con meno de un dólar al día, y millones de dólares son donados todos los años a fines humanitarios, unas simples botas con las que cubrir los pies descalzos de los habitantes del vertedero o un mascara para la protección del aire cancerígeno que se ven obligados a respirar diariamente mejorarían considerablemente la existencia de las trescientas personas que siguen caminando sobre basura en busca de una vida digna.

Casi todos los habitantes del vertedero trabajan largas horas totalmente descalzos / Foto: ©Omar Havana

Casi todos los habitantes del vertedero trabajan largas horas totalmente descalzos / Foto: ©Omar Havana

100.000 gracias y 100.000 abrazos

Recuerdo como si fuera hoy, aquel día que no pude guardar esa voz rota dentro de mí por más tiempo, mis dedos empezaron a moverse alrededor de este teclado pulsando mil veces esos sentimientos de impotencia que una simple mirada había creado en lo más profundo de mi corazón.

Quise bautizar esta bitácora con la definición más cercana que describiera esas otras realidades que escasas veces se pueden leer en la prensa, ese que aquí hemos bautizado en un afán de ponerle estrellas a la calidad de vida como “tercer mundo”, ese mismo en el que tantos seres humanos se sienten olvidados.

Pero curiosamente no fue una de esas historias, como suele ocurrir a diario, la que hizo que este blog saltara a la primera página de google, sino una revolución que si salía en las portadas de muchos de los diarios que podemos encontrar en los quioscos. Tailandia se cubría de rojo mientras miles de personas leían a diario mis historias desde Bangkok, más preocupados por la reserva de su luna de miel en la capital tailandesa que por la sangre que en esos días se derramaba por las calles de un país en busca de democracia.

La revolución acabó y las playas tailandesas se volvieron a llenar de esos turistas en busca del paraíso “custom made”. Las historias sobre el horrible pasado de Camboya no suponían un impedimento a los millones de turistas que siguen visitando el sudeste asiático en busca de playas y la foto con el niño pobre. Y fue entonces cuando me topé con ellos a tan solo 30 kilómetros de esos magníficos templos, donde los niños de la calle corretean de turista en turista intentando vender pulseras, libros, postales o hasta su madre llegada el caso.

En medio de toneladas de desperdicio las sonrisas son honestas, las miradas penetrantes y las voces silenciosas se hacen imposibles de no escuchar. Pronto esas historias saltaron a las pantallas de ordenador de miles de vosotros, gracias a ello se consiguieron cuatro pozos de agua potable, apadrinamiento de alguna familia, y que alguna organización haya comenzado a prestar ayuda a esas cientos de almas olvidadas de las que incluso la Comisión de Derechos Humanos para Asia ha decidido escuchar. También algunos medios internacionales como ABC News o Channel 10 TV en Australia, Foreign Policy en USA, India Times, o The Voice of Vietnam decidieron escuchar las voces de aquellos seres humanos, y sus caras hayan sido publicadas en miles de diarios internacionales mediante un reportaje de la gran fotógrafa Paula Bronstein de la agencia Getty.

Miles de personas siguen viviendo en los vertederos del Mundo / Foto: Omar Havana

Casi doscientos artículos después, doy las más humildes gracias a todos los que habéis hecho que muchas voces se hayan sentido acompañadas, doy las gracias a los que habéis  escuchado los llantos de esos refugiados libios , a los que habéis sentido la calidad humana de los Amazigh, y a los que habéis gritado libertad en la Plaza Tahrir.

Y desde esta jungla de panderetas y cruzcampos que es la España en la que vivimos, solo espero poder regresar pronto a uno de esos mundos olvidados, a volver a escuchar esas otras historias que a casi nadie les interesa, a poder sentir de nuevo la necesidad de que mis dedos pulsen la realidad de esos seres humanos a los cuales ira dedicado siempre esta bitácora.

Desde este sofá tan alejado de mi mundo, os mando 100.000 gracias y 100.000 abrazos.

Tailandia sufre las peores inundaciones de los últimos cincuenta años

Hace semanas que anuncié mi retirada del fotoperiodismo profesional, sin embargo, ayer el destino me ha demostrado de nuevo que no se puede escapar de lo que llevamos incrustado en nuestra alma.

Desde hace años el sudeste asiático ha sido mi hogar, allí he compartido sonrisas y lágrimas con esos seres humanos a los que les fue robada la voz en el mismo momento de su nacimiento. La imposibilidad de seguir creciendo dentro de una profesión cada vez más alejada de la humanidad me llevó a tomar la difícil decisión de dar un cambio radical a mi vida. El próximo enero será el mes en el que pasaré a cambiar el chaleco antibalas de la humanidad por esa corbata del dinero que me aleja de lo que más amo en este mundo, la fotografía. Pero hasta entonces, vivo con impotencia los estragos de una zona del Mundo que me ha enseñado a ser la persona que soy.

El próximo martes, me subiré de nuevo en un avión con destino Tailandia y Camboya. Allí miles de seres humanos están sufriendo las peores inundaciones de la reciente historia. Se cuentan por cientos las vidas que el agua ha arrastrado hacia un final definitivo, y lo peor está aún por llegar.

Tailandia / Foto: The Nation Bangkok

Desde ayer, no he parado de contactar con medios de comunicación y amigos intentando acceder a las áreas más afectadas por esta catástrofe. Los medios siguen enfocando sus noticias en la capital Bangkok, ignorando la tragedia que se está viviendo en otras zonas que han quedado totalmente aisladas. El tráfico por carreteras se antoja imposible mientras las barcas han ocupado las calles de ciudades que hoy se asemejan a paisajes salidos del infierno de Dante.

El verde de los campos de arroz ha sido sumergido por las aguas altamente contaminadas que anegan todo tipo de vida a su paso. “Necesitamos periodistas que muestren al mundo la verdad de lo que está pasando, Tailandia no es solo Bangkok”, me comentaba ayer Nufayla desde las cercanías del puente sobre el río Kwai, mientras la escasez de alimentos empieza a pasar factura en diferentes regiones del país de las sonrisas. En Bangkok, se espera que mañana las aguas  alcancen los dos metros y medio de altura en las proximidades del río Chao Phraya, y las autoridades han recomendado evacuar varias zonas de la capital tailandesa, y para empeorar la situación se esperan lluvias torrenciales en nueve provincias del país en los próximos días, Prachuap Khiri Khan, Chumphon, Surat Thani, Nakhon Si Thammarat, Phatthalung, Songkhla, Pattani, Yala y Narathiwat.

Ayutthaya / Foto: Reuters/Sukree Sukplang

En total 26 provincias de Tailandia están afectadas por esta subida de las aguas, Sukhothai, Phichit, Phitsanulok, Nakhon Sawan, Uthai Thani, Chai Nat, Sing Buri, Ang Thong, Phra Nakhon Si Ayutthaya, Lopburi, Saraburi, Suphan Buri, Nakhon Pathom, Pathumthani, Nonthaburi, Samutsakhon, Ubon Ratchathani, Khon Kaen, Srisaket, Roi-et, Surin, Mahasarakham, Kalasin, Chacheongsao, Nakhon Nayok y Prachinburi. Más de 350 personas han perdido la vida y miles se han visto forzados a dejar sus hogares y huir hacia provincias más seguras como Chiang Mai.

Pero,” ¿a qué se debe está catástrofe sin precedentes?”, preguntan muchos. Sin duda, el ser humano una vez más es culpable en su mayor parte de la destrucción que está afectando al sudeste asiático. En un vídeo que ha recibido ya más de medio millón de visitas, se explica en forma de dibujos animados todas las causas que han llevado a que esto sucediera. Según este vídeo, la cantidad de lluvia este año ha sido similar a la de años pasados, aunque desde Septiembre las lluvias han sido mucho más abundantes. Los bosques que antiguamente servían como presas naturales han sido sustituidos por presas artificiales, con las que controlar el nivel de agua a nuestro antojo, pero como bien sabemos el hombre puede cometer errores. La lluvia procedente del norte ha supuesto que en estos momentos los terrenos tailandeses estén bajo cien mil millones de metros cúbicos de agua, y como no, estas presas artificiales han fallado. Se prevé que Tailandia no recobrará la normalidad al menos en un mes, hasta que toda esta agua no haya sido absorbida por el mar. Una situación que está complicado mucho la vida en la capital tailandesa que en estos días está recibiendo el agua de las provincias del norte.

Templo Chaiwattanaram, patrimonio de la UNESCO / Foto: Christophe Archambault/AFP/Getty Images

En pocos días, estaré sobre los terrenos inundados de Tailandia, buscando esa otra cara del desastre, esa que medios de todos los países siguen ignorando. Sea como sea, una vez más queda demostrado que el ser humano destruye todo aquello que la naturaleza se empeña en construir, y no es otro que el mismo ser humano, el que sufre estas terribles consecuencias. Nuestra avaricia una vez se ha puesto de manifiesto, y como siempre, son los más pobres los que sufren en silencio. Las aguas cesarán y Tailandia volverá a ser un país donde la sonrisa volverá a lucir, pero mientras que esto ocurre miles de personas ya no volverán a ver salir el sol. Solo nos queda aprender de nuestros errores, aunque queda constancia una vez más que el tiempo se nos ha echado encima. Mucho me temo que esta situación se repetirá con mayor frecuencia en este año 2012 que pronto comenzará, mientras a miles de kilómetros la gente sigue ignorando las voces de un planeta que pide auxilio a gritos.

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