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Tailandia sufre las peores inundaciones de los últimos cincuenta años

Hace semanas que anuncié mi retirada del fotoperiodismo profesional, sin embargo, ayer el destino me ha demostrado de nuevo que no se puede escapar de lo que llevamos incrustado en nuestra alma.

Desde hace años el sudeste asiático ha sido mi hogar, allí he compartido sonrisas y lágrimas con esos seres humanos a los que les fue robada la voz en el mismo momento de su nacimiento. La imposibilidad de seguir creciendo dentro de una profesión cada vez más alejada de la humanidad me llevó a tomar la difícil decisión de dar un cambio radical a mi vida. El próximo enero será el mes en el que pasaré a cambiar el chaleco antibalas de la humanidad por esa corbata del dinero que me aleja de lo que más amo en este mundo, la fotografía. Pero hasta entonces, vivo con impotencia los estragos de una zona del Mundo que me ha enseñado a ser la persona que soy.

El próximo martes, me subiré de nuevo en un avión con destino Tailandia y Camboya. Allí miles de seres humanos están sufriendo las peores inundaciones de la reciente historia. Se cuentan por cientos las vidas que el agua ha arrastrado hacia un final definitivo, y lo peor está aún por llegar.

Tailandia / Foto: The Nation Bangkok

Desde ayer, no he parado de contactar con medios de comunicación y amigos intentando acceder a las áreas más afectadas por esta catástrofe. Los medios siguen enfocando sus noticias en la capital Bangkok, ignorando la tragedia que se está viviendo en otras zonas que han quedado totalmente aisladas. El tráfico por carreteras se antoja imposible mientras las barcas han ocupado las calles de ciudades que hoy se asemejan a paisajes salidos del infierno de Dante.

El verde de los campos de arroz ha sido sumergido por las aguas altamente contaminadas que anegan todo tipo de vida a su paso. “Necesitamos periodistas que muestren al mundo la verdad de lo que está pasando, Tailandia no es solo Bangkok”, me comentaba ayer Nufayla desde las cercanías del puente sobre el río Kwai, mientras la escasez de alimentos empieza a pasar factura en diferentes regiones del país de las sonrisas. En Bangkok, se espera que mañana las aguas  alcancen los dos metros y medio de altura en las proximidades del río Chao Phraya, y las autoridades han recomendado evacuar varias zonas de la capital tailandesa, y para empeorar la situación se esperan lluvias torrenciales en nueve provincias del país en los próximos días, Prachuap Khiri Khan, Chumphon, Surat Thani, Nakhon Si Thammarat, Phatthalung, Songkhla, Pattani, Yala y Narathiwat.

Ayutthaya / Foto: Reuters/Sukree Sukplang

En total 26 provincias de Tailandia están afectadas por esta subida de las aguas, Sukhothai, Phichit, Phitsanulok, Nakhon Sawan, Uthai Thani, Chai Nat, Sing Buri, Ang Thong, Phra Nakhon Si Ayutthaya, Lopburi, Saraburi, Suphan Buri, Nakhon Pathom, Pathumthani, Nonthaburi, Samutsakhon, Ubon Ratchathani, Khon Kaen, Srisaket, Roi-et, Surin, Mahasarakham, Kalasin, Chacheongsao, Nakhon Nayok y Prachinburi. Más de 350 personas han perdido la vida y miles se han visto forzados a dejar sus hogares y huir hacia provincias más seguras como Chiang Mai.

Pero,” ¿a qué se debe está catástrofe sin precedentes?”, preguntan muchos. Sin duda, el ser humano una vez más es culpable en su mayor parte de la destrucción que está afectando al sudeste asiático. En un vídeo que ha recibido ya más de medio millón de visitas, se explica en forma de dibujos animados todas las causas que han llevado a que esto sucediera. Según este vídeo, la cantidad de lluvia este año ha sido similar a la de años pasados, aunque desde Septiembre las lluvias han sido mucho más abundantes. Los bosques que antiguamente servían como presas naturales han sido sustituidos por presas artificiales, con las que controlar el nivel de agua a nuestro antojo, pero como bien sabemos el hombre puede cometer errores. La lluvia procedente del norte ha supuesto que en estos momentos los terrenos tailandeses estén bajo cien mil millones de metros cúbicos de agua, y como no, estas presas artificiales han fallado. Se prevé que Tailandia no recobrará la normalidad al menos en un mes, hasta que toda esta agua no haya sido absorbida por el mar. Una situación que está complicado mucho la vida en la capital tailandesa que en estos días está recibiendo el agua de las provincias del norte.

Templo Chaiwattanaram, patrimonio de la UNESCO / Foto: Christophe Archambault/AFP/Getty Images

En pocos días, estaré sobre los terrenos inundados de Tailandia, buscando esa otra cara del desastre, esa que medios de todos los países siguen ignorando. Sea como sea, una vez más queda demostrado que el ser humano destruye todo aquello que la naturaleza se empeña en construir, y no es otro que el mismo ser humano, el que sufre estas terribles consecuencias. Nuestra avaricia una vez se ha puesto de manifiesto, y como siempre, son los más pobres los que sufren en silencio. Las aguas cesarán y Tailandia volverá a ser un país donde la sonrisa volverá a lucir, pero mientras que esto ocurre miles de personas ya no volverán a ver salir el sol. Solo nos queda aprender de nuestros errores, aunque queda constancia una vez más que el tiempo se nos ha echado encima. Mucho me temo que esta situación se repetirá con mayor frecuencia en este año 2012 que pronto comenzará, mientras a miles de kilómetros la gente sigue ignorando las voces de un planeta que pide auxilio a gritos.

Yefren, en las montañas de Nafusa, suplica ayuda URGENTE

Yefren, ciudad situada en las montañas de Nafusa, pide ayuda urgente. En la parte oeste de Libia la situación es de extrema gravedad. Desde ayer, los mensajes de auxilio cubren el cielo de este pueblo libio, hogar de mi familia Amazigh.

Desde allí, los mensajes son desesperados, “no hay esperanza, no tenemos ayuda, ¿dónde está el mundo?”, gritan sin parar los allí supervivientes de esta nueva guerra. Desde hace semanas, la población de esta ciudad Amazigh denuncia la ausencia de la OTAN, allí las tácticas de las tropas gadafistas están llevando al exterminio total de seres humanos, se envenenan sus pozos, se mata al ganado, y ya no queda casi comida ni agua. Ayer fue destruida la planta eléctrica principal de esta parte olvidada de Libia, y como me informaba LibyaAlHurraTV hace tan solo unos minutos, “se está cometiendo un genocidio al que parece que los países occidentales vuelven la vista”.

Desde hace semanas, Amaia y yo venimos denunciando lo que allí sucede, pero que son dos periodistas freelance en un mundo lleno de mercenarios de la información. Primero informamos de la situación de los refugiados en ese campo de Remada controlado por el ACNUR, allí, según nos informaban los pocos doctores y enfermeros voluntarios que como pueden ayudan a los miles de refugiados allí “protegidos” y como nuestros propios ojos pudieron ver, sucedería una catástrofe humana de seria gravedad en cuestión de pocas semanas si no se ponía remedio a una situación oculta por este organismo de Naciones Unidas. La respuesta de los grandes medios fue clara, no interesa.

Desde la frontera entre Túnez y Libia informamos del uso de niños y mujeres como escudos humanos en las montañas de Nafusa, de los continuos ataques de las tropas de Gaddafi, de muerte, de exterminio. La respuesta de los grandes medios también fue clara, no interesa.

Hoy son las voces anónimas de esas montañas, esas “personas libres” Amazigh quienes suplican esta ayuda, hoy ha comenzado esa cuenta atrás mortal que llevamos semanas queriendo sacar a la luz, pero sigue sin interesar. Solo hace unos minutos he acabado de hablar por Skype con algunas de las personas que conocí en Tataouine, hoy sus sonrisas tenían el sonido de las lágrimas, hoy han perdido la esperanza.

Muerte y más muerte en las montañas de Nafusa / Foto: Amaia Lopez y Omar Havana

Hoy es el rojo de la sangre de esos “luchadores de la libertad” las que cubren de color las calles de esta población Amazigh, entre ellos un primo de mi amigo, de mi hermano, de ese hombre tranquilo que nos enseñó el verdadero significado de la palabra “humanidad”. Hace tan solo unas horas, las tropas de Gaddafi han rodeado por completo Yefren, impidiendo el suministro de la poca ayuda que llega allí desde el comienzo de esta guerra. El apagón producido por la destrucción de la planta eléctrica ha hecho cundir el pánico entre los pocos seres humanos que allí quedan vivos. Hoy son los más pequeños, esos mismo que corrían hace poco montados en sus triciclos por las calles exigiendo que Gaddafi se fuera, los que ya no pueden más, según me dicen “están más traumatizados que nunca, el pánico les ha atrapado, y han dejado de ser niños, de tener vida”.

En un comunicado que me ha hecho llegar uno de los “luchadores por la libertad” de las montañas de Nafusa, nos confirman la extrema gravedad de la situación:

“Hay una destrucción masiva y bombardeos a gran escala noche y día. El número de muertos y heridos es enorme. No tenemos hospitales, y no hay ayuda humanitaria de ninguna clase. La gente de aquí está sometida a un asedio constante, todo está destruido, incluso todos los animales han muerto. Lo suministros médicos están completamente agotados, todos estamos sufriendo mucho, y los ancianos están muriendo por esta razón. El asedio es inhumano, los ancianos mueren y no tenemos leche para los bebés. Los pozos de agua están vacíos, todo está vacío. Hay fuego por todos lados. Personas, animales, todos estamos muriendo por el bombardeo que estamos sufriendo. No hay hospitales, no hay doctores, no tenemos suministros. Los heridos están muriéndose por sus heridas, desangrándose hasta morir. Algunos tienen gangrena  ya que no hay doctores que puedan tratarlas. No nos queda esperanza, no tenemos ayuda, aquí ya no hay nada. ¿Dónde está el Mundo? ¿Dónde están todas las organizaciones humanitarias? ¿Dónde está la conciencia humana? ¿Dónde está la Cruz Roja? ¿Dónde está médicos sin fronteras? Hay mucha gente muriendo aquí, muchos mueren de hambre cada día. Aquí está sucediendo un exterminio masivo de seres humanos. Esto es insoportable. Este es el Infierno en la Tierra. Suplicamos ayuda al Mundo. Estamos al borde de una inminente catástrofe humanitaria. Hacemos un llamamiento por ¡AYUDA de cualquier tipo, por asistencia, porque nos den una solución para esto! Parece que no pertenecemos a este Mundo, como si fuéramos de otro Planeta. Os hemos suplicado ayuda tantas veces, os hemos pedido ayuda tantas veces. Pero el Mundo está sordo, no escucha nada. Es como si fuéramos de otro Planeta, no del Planeta Tierra.

Todo el Mundo nos ha defraudado, todos nos han dejado tirados, nos han dejado MORIR, como si no fuéramos seres humanos. ¿Por qué hemos sido ignorados? ¿Cuánto tiempo más podremos durar así? Llevamos meses bajo asedio constante. La gente aquí ya no tiene agua, no hay electricidad, no hay medicinas, NO TENEMOS COMIDA. Los misiles nos llegan día y noche. El fuego permanece día y noche también.

Hoy siete personas han sido heridas, y tres mártires han perdido la vida. La batalla no cesa. No tenemos comunicación de ninguna manera. Nadie puede llamar a nadie incluso dentro de la ciudad. Ahora mismo, todo está a oscuras. No tenemos gasolina, así que tampoco podemos escapar de aquí. La situación es horrible y empeora cada segundo que pasa. Hacemos culpable al Mundo por no venir a ayudarnos”

Estas son las palabras desde las Montañas de Nafusa, en Libia. Una zona olvidada por la OTAN, una zona olvidada por los medios de comunicación, una zona que está siendo aniquilada por Gaddafi, una zona donde tienen el hogar esos seres humanos con los que compartí unas semanas de mi vida, una zona que pide al mundo AYUDA.

Señores, aquí dejo de ser periodistas, señores aquí me convierto en un ser humano que habla desde la total impotencia, señores aquí os pido por favor que no volváis la mirada hacia otro lado, señores, aquí va nuestra denuncia, por enésima vez.

La cuenta atrás ha comenzado, por favor, miremos hacia las montañas de Nafusa, por favor, medios de comunicación, desvíen un poco la mirada hacia esta parte olvidada de Libia, por favor, no les dejemos morir.

Comunicado de audio desde las Montañas de Nafusa

“A la comunidad internacional le pido ayuda absoluta”

Este vídeo, grabado en los dos últimos días, muestra una entrevista con uno de los auxiliares médicos del campamento de refugiados Remada, en la frontera entre Túnez y Libia. La situación es catastrófica en este campamento, responsabilidad de ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados.

No hay especialistas, ni médicos generalistas y enfermeros suficientes, carecen de vehículos y de material sanitario. La gran mayoría de enfermos han de ser derivados, muchos, al hospital de Tataouine. Según este enfermero, pueden aguantar así 15 o 20 días más, después la situación puede empezar a considerarse dramática debido a las altas temperaturas y a las deficiencias del sistema de saneamiento.

Remada, el oasis olvidado de una Guerra

El campo de refugiados de Remada se encuentra en la frontera entre Túnez y Libia, tan solo unas decenas de kilómetros separa la guerra de armas y dinero con la guerra silenciosa que viven 3000 seres humanos “protegidos” por el ACNUR. Carecen de sanidad, los alimentos escasean, y el agua es un lujo en peligro de extinción. Si la comunidad internacional no actúa de inmediato, la situación pasará de ser grave, a la extrema gravedad en tan solo unos pocos días.

Lloramos todo el día / Foto: Omar Havana

Alejado de la sangre y de la muerte que tanto gusta a los consumidores adictos a las noticias impactantes, este oasis de esperanza y desesperación rezuma miedo por los cuatro costados, muchos de estas mujeres y niños han dejado atrás a sus hijos, a sus hermanos, a sus padres, ellos siguen luchando en las montañas de Nefusa, donde menos de una centena de esos “luchadores” bereberes permanecen rodeados por las tropas mercenarias del dictador Gaddafi. Allí según nos cuentan, los cuerpos inertes cubren las calles de vida, allí las armas del pasado se enfrentan a esas armas vendidas por las naciones que hoy acabar con un régimen que no hace mucho tiempo apoyaban. Allí, esos hijos, esos padres viven al borde de la muerte, los suministros no llegan, y morir de hambre es el único futuro para estas familias.

En Remada sus madres ocultan sus caras, sus hijos juegan con el trauma psicológico como pelota improvisada de fútbol. En Remada, todos temen que sus imágenes lleguen a manos de aquellos que podrán identificarles, razón suficiente para que la vida de sus seres queridos sea exterminada de raíz.

3000 personas piden ayuda, mientras los auto-proclamados “protectores de los refugiados”” desayunan en mesas de lujo. Se repite la historia una vez más, estas “Naciones Desunidas” se preocupan más de enseñar la cara bonita de una labor que carece de sentimientos que de proteger a esos seres humanos indefensos que han perdido todo en nombre del petróleo.

“Yo pido ayuda para el pueblo libio, AHORA, no podemos esperar, es cuestión de semanas que esta situación de gravedad se convierta en una catástrofe humanitaria”, nos comenta un doctor italiano, voluntario en el campo de Remada durante tres días.

“Necesitamos más ayuda de las Naciones Unidas”, confiesa una profesora libia, mientras las lágrimas inundan su cara de temor por su hijo, quien sigue luchado en las montañas de Nefusa.

La comunidad internacional debe de reaccionar, hay otro lado en las guerras, no todo son aviones pilotados a distancia, no todo son ventas de bombas de racimo, hay otro lado, sí señores, hay otro lado. El lado humano de este ser cada día más inhumano, el lado al cual la mayoría evita mirar, ese lado que no sale en portadas de periódicos, ese lado que no fabrica el dinero que tanto gusta a los Gobiernos, ese lado llamado SOLIDARIDAD.

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