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Bacha Bazi, el juego con niños de Afganistán

Mientras los países occidentales siguen invirtiendo miles de millones de dólares para luchar contra los Talibanes del sur de Afganistán, una tradición ancestral empieza a resurgir con fuerza en el resto del país. Cientos de niños de corta edad llenan las calles de las ciudades afganas deambulando entre los deseos de la extrema pobreza. Con la promesa de una vida mucho mejor para ellos, señores de la guerra y hombres de gran poder en Afganistán recorren las calles en busca de estos chavales, quienes ignoran completamente el fatal destino que los espera: el Bacha Bazi o “juego con niños”.

Durante siglos, los hombres afganos han tomado a muchachos, aproximadamente de 9 a 15 años de edad, como amantes. Algunas investigaciones sugieren que la mitad de los miembros tribales pashtún en Kandahar y otras ciudades del sur son “baz bacha”, el término que define al amante jovencito que anda con un señor mayor. Literalmente significa “niño juguetón”. A esos hombres mayores les gusta presumir de ellos, “tener un chico se ha convertido en una costumbre para nosotros, quien quiera presumir, debe tener un niño”, afirmó Enayatullah en una entrevista concedida a Reuters en noviembre de 2007.

Ya hace dos siglos, el controvertido arte de los ‘bacha’ estaba visto como un ataque hacia la moralidad de las personas, como describía el diplomático americano Eugene Schuyler en una visita a Turquestán en 1872: “aquí los chicos, especialmente bien entrenados, ocupan el lugar de las chicas bailarinas en otros países del mundo. Estos ‘batchas’ , o chicos danzantes, son una institución bien reconocida en Asia Central, sobre todo en Samarkanda y Bujará, aunque en algunas regiones están totalmente prohibidos”.

Samarkanda 1905. Un grupo de músicos tocan para un niño bacha / Foto: Sergei Mikhailovich Prokudin-Gorskii

Samarkanda 1905. Un grupo de músicos tocan para un niño bacha / Foto: Sergei Mikhailovich Prokudin-Gorskii

En un país donde las mujeres permanecen ocultas bajo el burka, los chicos son los encargados de entretener a los hombres poderosos. Esta forma de esclavitud sexual, prohibida por los talibanes, se está extendiendo en la actualidad con rapidez en las regiones del Norte de Afganistán, siendo algo tan controvertido que la mayoría de los afganos se niegan a hablar de ello o incluso a reconocer su existencia, pero es normal encontrar en cualquier calle de Kabul, puestos ambulantes donde se puede comprar los últimos dvds con las actuaciones de estos niños danzantes para el disfrute de aquellos que no pueden disponer de un chico propio, como demuestra el documental “Los chicos danzantes de Afganistán”, realizado por el periodista afgano, Najibullah Quraishi.

“Lo he tenido durante los últimos tres años, desde que tenía 15. Él estaba buscando un trabajo,  así que yo le di un sitio donde estar”, dice Yawar de 38 años. “No tengo esposa. Él es como mi mujer. Me gusta olerlo, su perfume me mata. Lo visto con ropas de mujer y le digo que duerma al lado mío. Me divierto con el chico, para mí, es mi todo”, concluye.

Chico del Bacha Bazi / Foto: Najibullah Quraishi

Los poderosos señores de negocio y antiguos señores de la guerra de Baghland, provincia situada al norte del país, reclutan a niños menores de 18 años, para sexo y entretenimiento, mientras las autoridades hacen la vista gorda. Un “bacha bereesh”, es un niño al que no le ha salido todavía el vello facial, razón por la cual son los más deseados entre los más poderosos hombres de la región, quienes consideran que entre 14 y 18 años los niños están en plenitud para ejercer esta práctica, siendo 14 la edad perfecta. . “Primero seleccionamos a los chicos en el poblado, y luego intentamos engañarles para que vengan con nosotros”, afirma Allah Daad, antiguo comandante muyahidín en la provincia de Kunduz (norte de Afganistán), “algunos de ellos vienen con nosotros por dinero; les damos una paga mensual y a cambio ellos deben estar disponibles para nosotros siempre cuando queramos. No tienen por qué estar siempre con nosotros, pueden hacer otro trabajo u otra cosa, pero si los queremos deben venir inmediatamente. Si el chaval no quiere bailar o lo hace mal lo golpeamos con una barra. Tenemos que hacer esto, invertimos mucho dinero en ellos, así que tienen que bailar”, acaba Daad.

La formación de los ‘bacha’ puede durar a ver más de un año, seis meses se emplean en instruir al niño en música tradicional, dejando el tiempo restante para que el chico perfeccione el canto y el baile. Una vez formados, los “bacha bereesh” estarán listos para entretener solo a los hombres en bodas y celebraciones, dada la segregación racial que sufre la mujer en este país, donde no le está permitido tomar parte en estas celebraciones. Aquellos chicos que no sean aptos para el baile, serán llevados igualmente a las fiestas y serán utilizados en otras prácticas del bacha bazi, como la sodomía y otras prácticas sexuales, como confiesa un pederasta apodado el alemán al periodista Najibullah Quraishi. Aunque en algunas zonas de Baghland, las competiciones entre chicos pertenecientes a diferentes amos se están extendiendo rápidamente, una vez acabado esta danza, el chico se ve normalmente obligado a tener relaciones sexuales con los amigos más cercanos de su dueño, quien incluso puede llegar a venderlo si recibe una buena oferta. Muchos de estos niños por desgracia han aparecido asesinados al día siguiente. Como el caso de Hafik, de 15 años, asesinado por un barón de las drogas y señor de la guerra afgano. Hafik era uno de los chicos más deseados de Tahar, apoyado por su hermano logró escapar de su propietario, quien comenzó a amenazarlo día tras día. Un día cuando caminaba solo por su poblado, fue secuestrado, un policía llamado Ahmadulah ayudó proporcionando la pistola con la que Hafik fue asesinado, el policía fue condenado, encarcelado y puesto en libertad a los pocos meses sin cargos.

Si no les entretienes, te golpean y algunos son asesinados / Foto: Najibullah Quraishi

En una sociedad donde el acceso a las mujeres está totalmente restringido pero el acceso a los niños de la calle como algo cotidiano, la pobreza extrema lleva a muchos de estos niños a adentrarse en esta práctica prohibida por el Islam. Los sociólogos y antropólogos dicen que el problema es consecuencia de la interpretación perversa de la ley islámica. Las mujeres son simplemente inaccesibles. Los hombres afganos no pueden hablar con una mujer ni mantener ningún tipo de relación hasta después de proponerle matrimonio. Antes de eso, no pueden ni siquiera mirar a una mujer, excepto tal vez sus pies. Es por eso que ellas son cubiertas de la cabeza a los tobillos. “¿Cómo se pueden enamorar si no pueden ver su rostro?”, dice Mohammed Daud de 29 años a los periodistas. “Podemos ver a los chicos, así que podemos decir que son hermosos”. Incluso después del matrimonio, muchos hombres mantienen a sus chicos, lo que sugiere una vida sin amor en el hogar. Un refrán afgano quizás lo explique: “Las mujeres son para los niños, los niños son para el placer”.

Mientras los países occidentales siguen invirtiendo millones en Afganistán, y  compañías extranjeras como DynCorp se encargan de formar a los policías afganos, empleados de esta empresa contrataron a un chico danzante para animar una de sus fiestas en la provincia de Kunduz, como desvelaba un cable de Wikileaks, y un posterior artículo del periódico The Guardian.

La policía afgana en el norte de Afganistán dice estar haciendo todo lo que pueden para erradicar este problema del país y detener a los propietarios de estos chicos, quienes pueden ser condenados a penas de hasta 15 años de prisión. “Es triste que este tipo de prácticas lleven años practicándose”, afirma el General Asadollah Amarkhil, jefe de seguridad de la provincia de Kunduz. Aunque la posesión de chicos danzantes es ilegal en Afganistán, y la edad de consentimiento es de 18 años para los chicos y 16 para las chicas, las leyes no son aplicadas al bacha bazi, como demuestra la presencia en las primeras filas de las celebraciones de los mismos policías encargados de proteger a los niños de las calles afganos.

Afganistán sigue ocupando titulares pero la pobreza habla de historias desconocidas que obligan a chavales de corta edad a buscar un futuro en el “bacha bazi”, la desesperación de sus vidas les guía hacia un destino donde el abuso sexual es el premio a su excelente técnica de baile. “Bailé toda la noche” contaba un exhausto niño de 14 años cuando su dueño le obligaba a hablar. “He hecho esto durante el último año, no tengo otra elección, soy pobre. Mi padre está muerto, y esta es la única fuente de ingresos para mí y mi familia. Intento bailar bien, especialmente en las fiestas más grandes. Los hombres me lanzan dinero, y yo lo recojo. Algunas veces me llevan al mercado a comprarme ropa bonita”.

“Tenía 14 años cuando mi propietario me forzó a tener relaciones sexuales con él, luego abandone a mi familia, y me convertí en su secretario. Llevo ya 10 años con mi dueño, he crecido, pero él todavía me ama y yo sigo durmiendo con él”, confiesa Shir Mohammad, un niño danzante de Afganistán, un chico del Bacha Bazi.

Me han destrozado la vida / Foto: Najibullah Quraishi

“En una de las celebraciones, uno de los chicos se tumbó en un coche, mientras todos estábamos disfrutando de la fiesta, todos los que querían podía entrar en el coche y hacer con el niño lo que desearan, el chaval tendría 13 o 14 años”, declaraciones de Destager, un antiguo comandante de la región de Tahar, que dispone de protección policial, y que ha tenido más de 3000 niños danzantes en propiedad.

Enlaces de Interés:

Afghanistan’s dirty little secret, por Joel Brinkley para el San Francisco Gate

Bacha Bazi: Afghanistan’s darkest secret, por Zach Ammerman para RAWA News

Vídeos de Damboora Qatghani, ( mejor chico danzante de Afganistán ) en Youtube

Trípoli: la última batalla de Gaddafi

El próximo día 1 de Septiembre se cumplirán 42 años de tiranía y miedo en Libia. Desde ese día del año 1969, el autoproclamado “Líder de la Revolución”, Muamar el Gaddafi ha gobernado a su antojo un país que está a punto de conseguir la libertad.

Desde hace horas, Trípoli está viviendo la última batalla de Gaddafi. Los “luchadores de la libertad” como ellos mismos se denominan se han adentrado en la capital libia y como informa en directo Al-Jazeera, varias partes de la ciudad están ya totalmente tomadas por los bautizados como rebeldes por el mundo occidental.

Desde el comienzo del asedio a Trípoli, las redes sociales y muy especialmente Twitter se han llenado de rumores difícilmente contrastables, algunos hablan de la huida de Gaddafi a Venezuela, otros cuentan como hondea la bandera de la libertad en el aeropuerto de la capital, rumores y más rumores que solo hacen más que confirmar el nombre con el que muchos periodistas han bautizado a este conflicto: “la guerra de la desinformación”.

Es en este mismo momento cuando la sana envidia nos corroe a los que hemos estado allí en algún momento del conflicto, este es el instante que todos queremos vivir, ninguno de nosotros queremos perdemos el segundo cuando las caras de los que allí conocimos se iluminen por la esperada luz de la libertad, algo difícil de imaginar cuando hace poco más de un mes, sentado en el asiento de un destartalado coche escuchaba Wild World de Cat Stevens mientras me dirigía a conocer al mejor jugador de fútbol libio de todos los tiempos.

Mientras en las montañas de Nafusa se escuchan fuegos artificiales, en Trípoli ha empezado la última batalla, esa de la que tanto nos hablaban los que allí soñaban con volver a sus hogares, mientras Gaddafi se dirige al mundo vía telefónica, los “freedom fighters” libios han comenzado una lucha que no cesará hasta que la bandera roja, negra y verde no domine el horizonte del futuro de Libia. Ha comenzado la hora cero en Libia.

Inshalah Libia. Inshalah.

Gracias Malak, Gracias Moussa, Gracias Badis, Gracias Youssef, Gracias Fathi, Gracias Sefao, Gracias Massin, Gracias Naima, Gracias Azru……Gracias a todos. Libertad para Libia.

Libertad para Libia / Foto: Omar Havana

Emocionantes imágenes de la liberación de Zliten

Adela, una niña de la Guerra

En sus ojos azul cielo se refleja la historia de un país, en sus palabras se lee el descontento con un Mundo que bajo su opinión a perdido el rumbo. Esta es la historia de Adela, un ser humano de 88 años, una mujer que ha sobrevivido a una Guerra Civil, que se ha alimentado del miedo de una dictadura, un ser cuyas tortillas de patatas han sido famosas hasta en el programa “Pekín Express”, una persona que por encima de sus historias, es mi abuela.

Mi Abuela / Foto: Omar Havana

Mi Abuela / Foto: Omar Havana

Nació en un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz en una fecha de la que tuvo constancia 22 años después de que sus ojos vieran la luz del día por primera vez. La vida desde muy pequeña se empeñó en mostrar la dureza de un Mundo que se estaba preparando para el horror de varios locos enfermos que por algunos años se creyeron Emperadores Romanos. Hija de un ferroviario y un ama de casa, su infancia estuvo marcada por el estallido de una Guerra Civil que separo a hermanos y familias. Cuarta hermana de un total de cinco, pronto tuvo que experimentar el sabor amargo de la despedida, cuando con tan solo 13 años de edad vio a su hermano partir con el bando republicano hacia el sinsentido de la España de los años treinta.

En un paisaje en fuego, su infancia transcurrió a galope por las calles de una incendiada Madrid buscando todo aquello que poder llevarse a la boca. El miedo nunca fue un agradable compañero para esta guerrillera de la paz, más preocupada por el bienestar de su  familia que por el suyo propio. Con un semblante de resignación cuenta como a los tres meses del estallido de los primeros obuses en las calles de la capital española tuvo que escapar hacia su pequeño pueblo, dejando a su padre detrás, en busca de una paz que no llegaría hasta casi cuarenta años después.

Fue la época del hambre, “comía tantos tomates que la boca me amargaba” cuenta con una sonrisa de niña pilla. “Pasábamos las noches enteras haciendo cola para poder conseguir una barra de pan que compartíamos entre todos, esa era la única comida que podíamos tener durante dos o tres días”.  Pronto la paz que se respiraba en ese pueblo con nombre de cabeza de animal se vería alterada por la llegada de las tropas nacionales, suceso que obligó a su familia a emprender la huida de nuevo hacia una sierra cercana, de la que cada noche bajaban en busca de un mendrugo de pan que llevarse a la boca. “Si la mañana nos pillaba de vuelta, teníamos que escondernos en alcantarillas para no ser alcanzadas por los disparos de las avionetas que pasaban arrasando a todos aquellos que se atrevían a salir a la calle”, me afirma mientras sus ojos se empiezan a mojar al recordar el día que llegó su padre en su búsqueda, “cuando los militares tomaron Cabeza del Buey, mi padre volvió a buscarnos, ese día pudimos disfrutar del mejor manjar que nunca he tenido. En una maleta vieja, él había estado acumulando durante más de dos semanas “chuscos” de pan, ese día fuimos felices al ver tanta comida junta y disfrutar por fin de la compañía y protección de mi padre, con él estuvimos refugiados en unos túneles hasta que tuvimos la suerte de subirnos a un tren con destino Madrid”, ese viaje sin duda alguna marcó su vida para siempre.

Adela (izquierda) con 7 años junto a dos de sus hermanos / Foto: Omar Havana

Adela (izquierda) con 7 años junto a dos de sus hermanos / Foto: Omar Havana

Esos 229 kilómetros que separan su pueblo natal de su ciudad de adopción supusieron 8 días de viaje, varios trenes fueron sus medios de transporte, y la clandestinidad su mejor aliada. Su entrada a Madrid a bordo de ese camión, una epopeya más propia de El Fugitivo que de una niña de tan solo 14 años de edad, “cuando el ejército rojo nos encontró a bordo del tren no echo sin mediar palabra, entonces tuvimos que esperar hasta poder subirnos a bordo de un camión donde nos tuvimos que refugiar dentro de unos grandes tubos de cemento, así atravesamos la línea de fuego. Como mercancías veíamos como las bombas caían del cielo, pero al fin pudimos llegar hasta la que sería nuestra última “choza” antes del final de la guerra”.

Mientras los soldados rojos, bando al que ella apoyaba, se batían en retirada, la salud de Adela se resquebrajaba, la tensión de ese pasado hostil había hecho que con 17 años no hubiera tenido su primera menstruación, la sangre empezaba a acumularse en su estómago, llegando a temer incluso por su vida. Fue precisamente eso, el final de esta barbarie, lo que probablemente salvo la vida a esta niña. El diagnostico de un doctor que trató su “extraña” enfermedad insufló esperanza en una vida marcada por el temor, la incertidumbre y la cobardía mientras se preguntaba ¿qué será de nuestro futuro bajo la dictadura del General Francisco Franco?

Desde entonces su vida discurrió a caballo entre su querida Madrid y su pequeño pueblo extremeño, donde al poco tiempo conoció al amor de su vida, Juan. Empezó a trabajar por cinco pesetas al día (0,03€) planchando los uniformes de los soldados del bando ganador, mientras pasaba el mayor hambre que nunca ha sentido. En uno de esos bailes que tanto le gustaba, conoció a este apuesto extremeño que acababa de salir de la cárcel por pertenecer al ejercito republicano, pronto volverían a detenerle cuando una rica mujer le señaló como “rojo”, fue trasladado al campo de concentración de Castuera, donde fue juzgado y sentenciado a seis meses de cárcel. Su fusilamiento hubiera sido seguro de no haber pertenecido a una familia más o menos acomodada y franquista hasta la médula, la cual vendió un olivar para poder salvarle la vida, cifrada en 20.000 pesetas (120€), este era Juan un rojo empedernido, hijo de una familia facha hasta las cejas. Al poco tiempo, Adela recibió una de las mejores noticias que recuerda, su hermano del que no sabían nada desde el comienzo del conflicto, aparecía en casa, tras ser liberado de otro campo de concentración, el de Vallecas, por fin la familia estaba reunida. “Pasé temor por todo lo que estaba pasando, por las noches cuando estaba en mi pueblo, escuchaba a los soldados nacionales cantar y tocar el violín, borrachos a mas no poder, después de fusilar en el cementerio a los prisioneros rojos que tenían detenidos, aunque supe que nunca matarían a mi Juan, ya que su padre era un miserable de derechas”.

Su boda fue un momento feliz, aunque el júbilo se convirtió en llanto el día que se vio “secuestrada” con un hijo de tan solo tres meses de vida, y una nueva familia que determinaba su existencia. Sus “ovarios” extremeños dijeron hasta aquí hemos llegado, y cargando a su pequeño vivió nueve años separada de un marido que no la hacía caso. Fue una época donde limpio oficinas, comedores, y donde gracias a su buen hacer la hicieron encargada de un almacén de vivieres de la RENFE, su sueldo le parecía una fortuna, 325 pesetas en el año 1953, esto unido a los “sablazos” que le metía a las existencias le parecía el equivalente al tesoro de las minas del Rey Salomón , “al día vendía unos 50 litros de vino a los obreros, pero yo lo mezclaba con agua, con lo que pagaba menos por el vino, el dinero que me ahorraba al bolsillo, del jamón que comían los jefes, las mejoras lonchas iban para mi casa, si me hubieran pillado sisando a diestro y siniestro no hubieran dicho nada, porque ellos mangaban mucho más que yo. El sisar ha sido mi trabajo favorito, y lo será hasta el día que me muera”. Al poco tiempo, su marido volvió con el rabo entre las piernas, y Adela, le dio una segunda oportunidad que duraría hasta la muerte de este hace casi once años. El deseo de un futuro sin hambre para su pequeño la llevo a alquilar una habitación donde ejerció un oficio que nunca le gustó, la peluquería. A 10 pesetas el corte de pelo y 25 las permanentes, su sueldo se veía incrementado poco a poco, y así el futuro se empezaba a despejar para esta luchadora.

Adela con 20 años / Foto: Omar Havana
Adela con 20 años / Foto: Omar Havana

En 1957, nacería la otra razón de su felicidad, la pequeña “Adelita”. Fue el momento donde dejó de trabajar para cuidar de su hija recién nacida. Aunque al poco tiempo, y tras comprar su casa, se vio obligada a hincar la rodilla en tierra para fregar las escaleras de los señores de los que habla con un respeto impoluto. Al mismo tiempo, Juan ascendía en su trabajo en RENFE, en pocos años pasó de ganar 3000 pesetas al mes a 20.000, en ese momento, la paz llegó a su existencia. Vinieron los nietos y desde entonces el recuerdo de la guerra y del hambre marca su día a día, “yo he pasado mucha hambruna y ninguno de mis nietos pasará hambre mientras yo tenga dos manos con las que poder alimentarlos” reza su filosofía de vida.

El final de Franco, el “hijo de puta criminal mayor de España” como ella le ha bautizado, llegó por fin, y el mundo empezó a girar en un sentido que no le gusta. “El mundo está que da lástima, solo hay guerras, armas nucleares, terrorismo, y esto no me gusta, que mundo va a tener esta juventud que no respeta a los mayores y se piensa tener libertad para hacer todo aquello que quieren”, afirma.

En su mirada se refleja la historia de un país que vivió tiempo revueltos, aunque el presente como ella misma afirma no es menos tumultuoso que el pasado. De Bush opina que es un “criminal igual que su padre”, de la Iglesia “lo peor del Mundo es el clero”, de la política actual mejor ni habla, aunque suelta la coletilla, “Zapatero es un tonto sin firmeza y Rajoy un mentiroso al que solo le interesa La Moncloa y no la gente, Bono es el mejor político de España y la Chacón tiene dos cojones”. Adela no deja a títere con cabeza cuando abre la boca, en esta entrevista ha hecho un repaso a todas aquellas figuras que han marcado la España post-Franco, “Adolfo Suarez, un buen político en un mal periodo, Calvo Sotelo un fascista, Felipe González miró por el obrero pero fue un malnacido porque me quitó la paga, Aznar un desgraciado que ha machacado al pobre”, respiro un poco, me hace falta. “Soy del Real Madrid, pero solo veo los partidos de la selección española, Iniesta y Casillas son dos fuera de serie”.

Esta es la vida de Adela, mi abuela. Todos tenemos dos, y poco conocemos de ellas, nos creemos que por su vejez sus palabras están vacías de significado y nos olvidamos de que en sus ojos está escrita la historia más reciente de nuestro país. Sus vidas no deben de ser un Mundo Olvidado, más bien un reflejo donde aprender de dónde venimos y analizar a dónde vamos. Esta mujer de 88 años que se recorre con minifalda y carmín rojo en los labios las calles de Granada tiene muchas más voz que esta juventud empeñada en quemar sus problemas en drogas y alcohol.

Adela, Juan y sus dos hijos, en 1964 / Foto: Omar Havana

Adela, Juan y sus dos hijos, en 1964 / Foto: Omar Havana

Ella nunca pudo ir a la escuela, escribe y lee con dificultad, pero incluso en estas condiciones abre el libro que narra la vida de su heroína por excelencia, Mariana Pineda, y sueña con una vida que por desgracia nunca pudo tener. “Me hubiera gustado ser policía criminalista o médico forense”. A pesar de haber vivido una guerra, de haber perdido a casi toda su familia, de haber pasado hambre, y ser abandonada por su marido su cara sonríe cuando afirma “el momento más feliz de mi vida fue el nacimiento de mis dos hijos, el más triste, umm, el más triste, ninguno, si yo he trabajado como una burra, triste, ninguno”.

La “Spanish Revolution” llega a Granada

El Mundo la ha bautizado como la “Spanish Revolution”, una revolución que pide democracia, que aboga por la paz, que grita libertad. Ciudades de todo el país acampan, la fiebre de justicia se contagia rápidamente por toda Europa, ciudades como Roma, Londres, Paris imitan esta demostración de hermandad, de creencias, de filosofía, de consenso, de ganas de cambiar un Mundo que hasta ahora les ignoraba.

Poco pan para tanto chorizo a las puertas del Ayuntamiento de Granada / Foto: Omar Havana

Personas de todas las edades, niños, mayores, mujeres, hombres reclaman eso que un día llamaron como los derechos humanos, esos en los que se dice que todo ser humano tiene derecho a vivir una vida digna, algo que hasta ahora en España solo podían ejercer unos pocos. La ola de democracia que acecha en estos días al viejo continente nació en las personas, en esos mismos que no pueden llegar a final de mes, esos seres humanos que lloran al ver que sus vidas no son vidas, que sus frigoríficos están vacíos y sus estómagos hambrientos. Cinco millones de parados, otros tantos de mileuristas y solos unos cuantos que siguen predicando despropósitos contra unos seres humanos que han dicho BASTA YA.

La plaza del Sol madrileña es hoy esa plaza de la liberación, los rincones de la capital respiran libertad, cambio, justicia, será un camino largo, pero tendrá un buen final. Las demás ciudades se contagian de este efecto dominó, Barcelona, Valencia, Toledo, Vitoria,…, Granada, mi Granada.

Casi 2000 personas acampados en la Plaza del Carmen de Granada / Foto: Omar Havana

Tan solo hace dos días, se vivía el lamentable desalojo de la plaza del Carmen, lugar elegido para esta acampada pacifica, algunos policías empleaban una violencia injustificada contra unos doscientos acampados, con sus libros por escudos se defendían del autoritarismo practicado durante muchos años por las fuerzas del orden de este país. Tan solo 48 horas después, son ellos, los mismo policías quienes confiesan que están deseando quitarse ese uniforme azul y sentarse en esa plaza donde todo es hablado, discutido, compartido, en ese lugar donde el “buen rollito andaluz” luce con su máximo resplandor.

Hoy, casi 2000 personas, según fuentes de la policía local, llenaban un lugar que se ha convertido en el símbolo de la democracia de esta ciudad, todo es dialogo, consenso, corrillos donde todo se habla, se vota, y se acuerda. “Esto no hay quien lo pare”, confiesa uno de los acampados allí, “estamos haciendo historia”, afirma otro. Y entre tanto, parece que a algunos de esos señores “entrajados” que tanto han mandado en este país les ha entrado una repentina diarrea. Hace dos días todo era despropósitos, descréditos, hoy sin embargo, todos quieren subirse al carro de esta democracia creada por el pueblo, hoy esos señores politicuchos quieren no perderse esa foto donde sonreír dando el apoyo a ese pueblo que no hacía tanto ignoraban, olvidaban, dañaban.

Ahora la historia la escribimos los seres humanos / Foto: Omar Havana

Granada sigue gritando democracia, Granada sigue pidiendo libertad. España ha empezado esta revolución, Europa empieza a caminar en la misma dirección. Quedan tan solo tres días para unas elecciones que prometen ser históricas, para unos comicios donde tendrán que cambiar su forma de gobernar. Quedan tan solo 48 horas para la jornada de reflexión, y las manifestaciones están prohibidas para esas fechas. Desde sus tronos de poder quieren obligar a España a reflexionar, haciendo oídos sordos a que España ya ha reflexionado, y ya ha llegado a una conclusión: no hay pan para tanto chorizo. Es la hora de la indignación, es la hora del cambio, es la hora de Granada, de Castellón, de Santander, de Pontevedra…Es la hora de España.

Indígnate / Foto: Omar Havana

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