Tag Archive | Libya

2011

Desde Mundo Olvidado me gustaría agradecer a todos que este año el blog haya triplicado el número de visitas. Llevo meses lleno de palabras vacías así que prefiero que sean mis fotografías y vídeos los que resuman este año que está apunto de acabar.

Nos vemos en 2012

Un abrazo

Omar Havana

Misrata: Vencer o Morir

Momentos de reflexión, minutos de incertidumbre, no saber reaccionar cuando algo te toca profundamente, mientras, siguen retumbando una y otra vez esas palabra: “Allah U Akbar, Allah U Akbar”, ese es el sentimiento que queda después de visionar Misrata: vencer o morir, realizado por Alberto Arce y Ricardo García Vilanova, dos compañeros, dos periodistas con mayúsculas, dos seres humanos que han arriesgado sus vidas para ser, una vez más, nuestros ojos de la guerra.

En Misrata: vencer o morir, se refleja una realidad desconocida, vidas inocentes forzadas a empuñar un fusil para alcanzar el sueño de la libertad. Este documental no puede dejar indiferente a nadie, ataca a las conciencias de todos aquellos que siguen preguntando por qué los reporteros de guerra solo reflejan la muerte; mientras ellos, seres humanos antes que periodistas, siguen batallando con palabras e imágenes para que el mundo se pregunte: ¿por qué tanta gente sigue muriendo?

Todo comienza a bordo de uno de los barcos que transportan ayuda humanitaria desde el puerto de La Valeta en Malta, allí atraviesan el bloqueo marítimo de la OTAN rodeados de kilos de spaghettis hasta llegar a su destino, Misrata. Desde su llegada los continuos bombardeos que asedian a la población de esta ciudad libia sirven como banda sonora a un documental donde ambos periodistas recorren innumerables escenarios hasta llegar a Tawarga, primera ciudad donde los rebeldes expulsan a las fuerzas de Gaddafi tras la liberación de Misrata.

Misrata: Vencer o Morir / Foto: © Ricardo Garcia Vilanova

Alejados del protagonismo típico del periodista en este tipo de documentales, Alberto y Ricardo han conseguido no solo mostrar el horror de los bombardeos, sino también el lado más humano de la guerra, ese donde el desayuno es un bocata de atún y un café con leche, ese donde el estudiante cambia las aulas por las trincheras, un mundo donde la libertad es el sueño de los que han sido prisioneros del miedo, un universo que es imposible entender si no se ha vivido, donde la juventud abraza las lágrimas de los más ancianos, donde la humanidad se refleja en cada mirada llena de pánico.

Alberto y Ricardo han conseguido que muchos se asomen al infierno de una guerra desde el calor y la comodidad de sus hogares. Pocos han sido los que han llegado a reflejar una realidad tan desconocida por la mayoría de esta forma tan cercana. James Natchwey lo consiguió en “War Photographer”; Walter Astrada nos narró los recuerdos que nunca dejan de doler; Manu Brabo demostró el coraje de alguien que por encima de todo ama su trabajo; Guillem Vallé estuvo en el momento preciso para que el mundo confirmara el final de una dictadura; Amaia López de Munain y Víctor Pozo lucharon contracorriente para que el planeta mirara hacia Costa de Marfil; Antonio Pampliega y Diego Ibarra nos mostraron la muerte en vida del infierno afgano; y en Misrata: vencer o morir, Alberto y Ricardo han luchado para que en la guerra la verdad no sea la primera víctima.

Acompañando a los rebeldes, ambos periodistas se adentran hasta líneas enemigas, viven en primera persona los saqueos y ataques de las fuerzas gadafistas, caminan junto a esos seres humanos que luchan por la libertad, y nos muestran esa cara oculta que tienen todos los conflictos. Sus grabaciones en primera línea de fuego dejan sin respiración a todos los espectadores, tienen un valor especial el momento donde queda al descubierto la inexperiencia de los rebeldes en el cuerpo a cuerpo, la entrevista realizada en el hospital-cárcel a un joven gadafista y las palabras sobre política internacional de los rebeldes libios, donde comparan a Gaddafi con ETA. Pero no todo en Misrata en vencer o morir, también hay lugar para compartir un desayuno, para reflejar esos sentimientos femeninos ocultos bajo el velo de la religión, para conocer los pensamientos de un chaval de 16 años perteneciente a las fuerzas gadafistas, para adentrarnos en el nerviosismo de aquel que arriesga su vida para informar.

Con una narración impecable, unas imágenes cuidadosamente seleccionadas, y testimonios estremecedores, este documental, sin duda, se ha ganado un puesto en la historia del periodismo de guerra. Quizás no sea valorado como debe en este país de panderetas y famosas del tres al cuarto, pero seguro que en esos otros lugares donde el periodismo no ha perdido su esencia, donde el periodista no es ninguneado por chupatintas y mequetrefes, Misrata: vencer o morir, ocupará el lugar que se merece.

Pasaran los años y la guerra de Libia será completamente olvidada, aparecerán otros conflictos, y se volverá a repetir el mismo escenario, ese donde unos pocos valientes volverán a arriesgar sus vidas para que el mundo siga informado, y ese mismo mundo volverá a preguntar: ¿por qué los periodistas siguen mostrando tantos muertos? Ese, sin duda, será el momento de volver a recordar este trabajo donde premia la vida, donde se narra el miedo, donde se respira el valor, donde se entristece el alma, donde se dan las pistas para entender que el periodismo no es solo sangre y muerte, donde dos periodistas han demostrado que en la guerra también hay humanidad. Ese, sin duda, será el momento para volver a Misrata ese lugar donde vencías o morías, pero donde también un niño de corta edad nos despide enseñándonos que la vida sin libertad es una muerte no deseada.

Misrata: Vencer o Morir / Foto: © Ricardo García Vilanova

Mientras la noche cae sobre nuestros hogares, sigo sin poder reaccionar ante las imágenes de Misrata, ellas han traído muchos recuerdos que inundan mis pensamientos, aquel hombre tranquilo con su sombrero de John Wayne, Malak con su mano vendada, Moussa con sus preguntas, esos rebeldes heridos, Naima y su “mala leche”, el hotel Mabrouk, Bright y los refugiados africanos, Fathi y sus lecciones de vida, Youssef, los empleados del hotel Sangho, las mentiras del ACNUR, el “club” de los refugiados en Tataouine, los llantos de esa profesora, el temblor de las manos de las ancianas, Azru y su sueño de convertirse en periodista, Badis narrando el secuestro de su padre, Massin y su trabajo incansable, esa túnica blanca acompañando a la ceguera de unos ojos que narraban el sufrimiento de una dictadura, ese atardecer de piedras rojas, y solo deseo que Misrata y Libia sea ese lugar donde el único lema sea “Vivir y Soñar”.

Hace tan solo unos minutos he tenido el privilegio de hablar con Alberto, él, desde Guatemala, me dice que es provocador, algo con lo que no estoy de acuerdo ya que la verdad solo provoca a aquellos que no quieren escucharla. Ricardo y él vencieron, a pesar de que en Misrata también podrían haber muerto, que mejor despedida que la respuesta del propio Alberto, a mi pregunta:

“¿qué es Misrata para ti, Alberto?”

En las trincheras de Dafnie, un día cerré los ojos, me concentré y durante varias horas, sentí que lo que veía a mí alrededor me llegaba en blanco y negro. Rodeado de tenderos, estudiantes, trabajadores del metal o taxistas que discutían sobre si atacar por la derecha o la izquierda, ya mismo o media hora más tarde a un enemigo del que no conocían ni el número ni el armamento ni la posición mientras se repartían cuatro balas por cabeza, pensé en muchos de nuestros abuelos, en el Frente de Aragón y en la revolución que se perdió en España. Me dije a mí mismo “Que la ganen. Esta hay que ganarla.” Y comencé a imaginarme también cómo babearían los cuatro irreductibles miembros del Comité Central, sentados y enfadados en sus cafés, en los cafés de siempre, tratando de que la realidad se adaptase, una vez más a sus posicionamientos, y no a la inversa. Diseñando sobre el papel la respuesta que querían escuchar de Omar y la de Mohammad y la de Ali a sus aburridas preguntas, y comenzando a definir los adjetivos con los que, como siempre, desde que se sentaron en aquel café, trataron de eliminar a los disidentes.

En Misrata confirmé algo que ya sabía. Que España no es el lugar en el que debía buscarme la vida como periodista. Aprendí a que dejase de dolerme pensar en la negativa categórica y sistemática con la que los medios españoles reciben el periodismo que les envían los freelances. Comencé a interiorizar que el problema no lo tenía yo sino ellos, que nunca tienen 300 euros para pagar una crónica desde el frente pero sí tienen miles de euros para pagar conexiones en directo vía satélite de gente que lo cuenta desde la azotea de un hotel y leyendo teletipos por internet. Aprendí también que más allá de los negociantes que tiran su dinero en periodismo basura, están los pufistas que publican tu trabajo y nunca te lo pagan y las estrellas que lo hagan bien o mal, ya han labrado su futuro en mesas bien servidas de la capital y recibirán premios por no estar, o equivocarse, o llegar tarde o copiar a los demás. Aprendí también que el periodismo se hace pese a la prensa, sin dinero y con ganas. Aprendí que Manu, Guillem, Pradilla, Ricardo, Eduardo, Omar y compañía somos más, tenemos más paciencia y nos traten como nos traten, siempre encontraremos nuestro espacio. Lejos, a ser posible, y en el extranjero, para que no nos salpiquen con su periodismo agradecido. El sano resentimiento de trinchera y la pasión por el trabajo con amigos y compañeros del metal. Eso fue Misrata para mí. Alberto Arce, Periodista y Ser Humano

Misrata: Vencer o Morir se estrenará el próximo día 10 de Noviembre en La Casa Encedida de Madrid, una cita que sin duda nadie debe perderse.

Trailer Misrata: Vencer o Morir, por Alberto Arce y Ricardo García Vilanova

Enlaces Relacionados:

Blog de Alberto Arce

Ricardo García Vilanova Photojournalist

Soy un refugiado

El Informe de ACNUR “Tendencias globales 2010” calcula que unos 7,2 millones de refugiados viven así en situación prolongada (un mínimo de cinco años), la cifra más alta desde 2001, repartidos en un total de 24 países diferentes. Pakistán fue el año pasado el país de acogida para el mayor número de refugiados en todo el mundo (1,9 millones), seguido de Irán (1,1 millones) y Siria (1 millón), indica este trabajo. África subsahariana acogió a una quinta parte de los refugiados. Otros lugares de acogida destacados son República Democrática del Congo, Kenia, Chad, Etiopía, Bangladesh y Uganda.

Soy un refugiado / Foto: Omar Havana

Los refugiados ascienden a 15,4 millones de personas en todo el mundo. Respecto al origen, los refugiados afganos e iraquíes representaban casi la mitad de quienes estaban bajo la responsabilidad de ACNUR. En Europa, los grupos más numerosos proceden de Serbia y Turquía, mientras América acoge al 8% de los refugiados, sobre todo, colombianos. La situación no es la misma en todos los casos. En la actualidad, el foco de atención radica en el Cuerno de África por ser una de las zonas en crisis. En otras regiones, la situación se considera estabilizada y muchos refugiados permanecen en los campos desde hace años, en un esfuerzo por mantener ciertas rutinas, si bien los campos no siempre llegan a considerarse un verdadero hogar.

Soy un Refugiado / Vídeo: Omar Havana

 

Libia: La guerra de la desinformación

Es fácil hacer conjeturas desde el calor de una casa granadina y casi imposible imaginar la situación de esos compañeros que se la están jugando en Trípoli, a ellos todo el apoyo y fuerzas para luchar por esa verdad que está siendo aniquilada en las últimas 48 horas. Tras dos días de batalla en la capital de Libia, todo parece haber salido de una novela en la que cada página contradice a la anterior, visto así el panorama no cabe duda que imaginarse el final puede parecer incluso más difícil que descifrar la fórmula de la Coca-Cola.

La madrugada del domingo nos despedíamos con la sonrisa impidiéndonos dormir, sabiendo que la caída de Gaddafi estaba más cerca que nunca. Tres de los hijos del “líder de la revolución” habían sido detenidos por los rebeldes libios, y varias ciudades de Libia se iluminaban por las luces de los fuegos artificiales. Hoy sin embargo, altas dosis de impotencia han impedido a muchos colegas de oficio conciliar el sueño con facilidad. Este lunes que ya acabó, amanecía con la noticia de la “fuga” de Mohammed Gaddafi de su propia casa, donde según publicaban ayer varios medios de “reconocido” prestigio permanecía bajo arresto domiciliario por los “luchadores de la libertad” libios. Horas más tarde saltaban las imágenes que publicaba CNN de Saif Gaddafi, otro de los hijos detenidos, en plena libertad y afirmando “Ahora daremos una vuelta por la ciudad de Trípoli por más de una zona, las cuales han comentado que hubo guerras y enfrentamientos…”.

Saif Gaddafi en Libertad / Foto: Reuters

Desde el principio, para muchos de los que hemos estado presente en este conflicto la desinformación ha sido la nota predominante en una guerra donde cada vez se ven más claros los intereses de malos y menos malos. Personas cuyos nombres eran unos y a la semana son otros, ciudades que eran asediadas por misiles gadafistas mientras en su interior pintaban tranquilamente calles en ruinas, agencias de protección al refugiado que pedían dinero para luego gastárselo en hoteles de lujo en ciudades tunecinas, y mensajes y más mensajes  cruzados entre los grandes medios de comunicación presentes en la zona, razones que han hecho que la mayoría de los que estuvimos allí desconfiáramos hasta de la azafata del avión que nos traía de vuelta a España.

Y ya que esa gran cadena de un emirato anuncia a bombo y platillo las detenciones de personas que se pasean libremente por Trípoli a las pocas horas, creo que un blog como este no hará daño a la opinión de una población cansada de titulares de prensa sin contrastar, y por eso me y por el insomnio que desde hace años padezco me mojo en la actual situación de Libia.

Mientras medio mundo, entre los que me incluyo, ha vivido las últimas horas pegado a sus ordenadores siguiéndolas noticias que llegaban desde Libia por redes sociales, televisión online, periódicos mundiales y demás, una pregunta sigue sin contestar: ¿dónde “coño” está Gaddafi?

Rebeldes libios en Trípoli / Foto: Sergey Ponomarev/AP

Aunque ya circulan rumores por la red que los de Marina D’Or tienen una habitación reservada a su nombre y que quizás Mourinho lo contrate como relaciones públicas para los partidos contra el Barcelona, la verdad es que la respuesta probablemente solo la sabrá el propio Gaddafi.

Muchas son las historias que cobran sentido en este momento de incertidumbre. Pero voy a quedarme con las que parecen más probables bajo mi humilde opinión de fotoperiodista jodido porque no le han publicado ningún artículo durante años de esa otra guerra olvidada llamada “pobreza”.

1. Una salida negociada pactada con la OTAN y USA a cualquier lugar del Mundo: No soy ningún experto en asuntos políticos ni diplomáticos pero hay cosas que como el hablar son instintivas, y cada vez que los Estados Unidos están por medio, y si ya encima se apunta su amigo Sarkozy todo lo imposible se vuelve un juego de niños. Así que no descartaría esta opción en ningún de los casos que no sea la muerte de Gaddafi o una condena por largos años. Muchos han sido los destinos que se han rumoreado, Venezuela, Angola, Zimbabwe o Argelia, pero sin duda el rumor que más ha cundido en estos días ha sido el de dos aviones sudafricanos en el aeropuerto de Trípoli en las pasadas fechas, una opción que según el diario Telegraph han confirmado varios miembros de la OTAN y de la RAF.

2. Permanece en su complejo de Bab Alazizia en Trípoli rodeado de los rebeldes libios: para muchos la opción más posible, y probablemente la más esperada por todos, incluido los Estados Unidos quienes afirman que el dictador sigue en su país. Desde la Guerra de Irak que George Bush padre declaró, los espectadores quieren ver sangre, esto es lo que vende, lo que da titulares, y no hay mejor noticia que un dictador masacrado por su propio pueblo a pedradas en la plaza principal de la capital. No hay fuentes que puedan confirmar esto, aunque sin duda es una opción muy posible también, el mismo Gaddafi ha repetido hasta la saciedad que moriría luchando, y eso es precisamente lo que está moviendo en este momento la información desde Trípoli. Las ansias por muchos medios de tomar la primera foto del dictador muerto está propiciando que noticias como la detención de Saif Gaddafi hayan sido publicadas por medios sin haber contrastado su veracidad anteriormente.

3. Permanece escondido en alguna parte de su país: En este caso, su ciudad natal de Sirte, ciudad todavía en manos de los pro-Gaddafi, sería la más probable de todas, dadas las noticias que llegan desde Libia. En las últimas horas varios misiles scud han sido lanzados por parte de las tropas gadafistas desde esa ciudad, noticia confirmada por fuentes de la OTAN. Una opción que de momento no goza de mucho fundamento, pero que no sería imposible si recordamos que Libia es un país con gran presencia de tribus que tendrán un papel importante en la reconstrucción del país.

4. Trípoli es la nueva ciudad de “Troya” y los medios de comunicación internacionales el caballo que Gaddafi está utilizando: De todos es sabido que las tropas del dictador estaban perdiendo terreno en casi todo el país. Durante las dos últimas semanas las pocas noticias que llegaban desde Libia contaban el rápido avance de los rebeldes. Pero sin duda alguna, la rápida entrada en Trípoli ha sorprendido al Mundo entero. Hace días la BBC informaba que según fuentes gubernamentales que quedaban más de 65.000 soldados de Gaddafi dentro de Trípoli. No sería de extrañar que dado el cariz que estaba tomando la lucha en las demás regiones del país, Gaddafi hubiera replegado las tropas para defender Trípoli, permitiendo a los rebeldes entrar con facilidad utilizando a los medios como testigos de un Mundo que espera su caída. Quizás una idea loca surgida de mi cabeza y mal desarrollada, como digo no soy un analista político, pero si quizás una persona que cada día se muestra más incrédula acerca del devenir de este Mundo.

No quiero con esto desprestigiar en ningún momento el trabajo de los compañeros allí presentes, todos me merecen el mayor respeto y toda la admiración de uno que sabe lo que es estar en esos lugares, pero si quizás quejarme en voz alta de los grandes medios de comunicación que en los dos últimos días han dado prioridad a mantener lleno el feed de Twitter más que a comprobar la veracidad de las noticias. En este mundo donde el segundo no tiene premio, una noticia como la caída del régimen del más que popular dictador libio es un pastel muy apetecible como para dejarlo en manos de la verdad y del periodismo de antaño. Y si alguno de los lectores, sean colegas o no, se sienten ofendidos por lanzar mis ideas al aire, pido perdón públicamente a través de este blog mediante el cual simplemente quiero ofrecer un punto de vista propio y diferente con la verdad como insignia.

Sea cual sea la respuesta, en estos momentos parece que el paradero de Gaddafi puede convertirse en el mismo culebrón que por años rodeo la vida de Bin Laden. Quizás cuando Libia deje de ser noticia, nos despertaremos alguna mañana con la el photoshop de un cadáver parecido al de Muamar, para luego saber que ha sido arrojado al fondo del mar. Esperemos por la tranquilidad del pueblo libio que el final de este dictador tenga las horas contadas tras un avance rebelde que parece ya imparable, y que el periodo que empiece tras su muerte sea pacífico y democrático, aunque esto viendo los intereses que muchos tienen en este país parece una utopía incluso pensarlo.

“La primera víctima de la guerra es la verdad”, dijo el congresista demócrata estadounidense, Hiram Johnson, en 1917.

Artículos Relacionados:

La detención de Saif al Islam evidencia la caída del régimen de Gaddafi, de Maite Rico para El País

NATO intercepts Gaddafi scud missile attack in Libya’s Sirte, por Al Jazeera

Gaddafi’s son Mohammed flees house arrest, por Reuters

A %d blogueros les gusta esto: