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España me duele

“Me duele España” – decía Unamuno -; “¡soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo”.

España sigue doliendo, quizás más que nunca. Casi cinco millones de españoles sufren día a día las consecuencias de unos pocos sin vergüenzas que han hecho que este país se parezca más a la España que Unamuno recitaba que a esa “España va bien” de la que presumían esos políticos que comenzaron la burbuja en la que se encerró nuestro futuro.

España duele al ver que los que deben representarnos, nos utilizan para su propio beneficio. España duele cuando personas de la casa real eligen el “talonmano” como deporte olímpico. España duele cuando los jornaleros andaluces son humillados al romper el “alba” sobre sus cosechas. España duele cuando la mayoría no votante es gobernada por la minoría absoluta de un sistema donde uno más uno nunca hacen dos. España duele, España duele.

Me duele al ver que compañeros son ninguneados cuando se juegan la vida, me duele a leer que la información vale menos de un euro, me duele al escuchar las críticas a las imágenes de la realidad mientras nos rodeamos de gigantes posters de héroes en pantalones cortos que ganan El Mundial, me duele al ver que El ‘nuevo pelo’ de Hilario Pino hace furor en El Mundo y que lo que pasa en el “otro” mundo es mejor no contarlo.

España me duele al ver que la educación se paga con violencia, que la sanidad depende de los años que vivas, me duele que se pida un esfuerzo a los que más necesitan nuestra ayuda, que un elefante tenga que morir para poner en entredicho a esos chupópteros bautizados como realeza.

Me duele escuchar a una víctima de la dictadura afirmar que entonces se vivía mejor que ahora, sí, como un gran compañero me afirmó en esa “Primavera” de la que aquí deberíamos aprender: “España me duele”.

Pero sobre todo, me dolerá en unas pocas horas, entonces España gritará de alegría, no por haber conseguido la libertad que se nos está robando, no porque se haya reducido el número de parados, no porque los bancos hayan dejado de jugar con nuestras vidas, no porque el Gobierno haya por fin escuchado al pueblo al que debe representar. En unas pocas de horas España me dolerá en cada Gol que esos millones sin libertad celebrarán como si su vida por fin se hubiera solucionado…Y es que señores y señoras, España tiene lo que se merece, un país donde hemos confundido el estado de bienestar con el diseño de una televisión de plasma, donde pensamos que luchar por la libertad es colgar una foto de Rajoy haciendo el idiota en un muro de Facebook, donde comparamos una primavera donde chavales de corta edad preferían morir antes de vivir sin libertad, con un invierno donde las manifestaciones eran utilizadas para el beneficio de sindicatos que rara vez defienden al ciudadano.

Pero mañana ese GOOOOOLLLLLLLL!!!!!! de un argentino bajito o de ese chulo portugués hará olvidar esos otros goles por la escuadra de un Gobierno empeñado en acabar con el futuro de un país del que un día me sentí orgulloso. Hoy somos el chiste de Europa, ese país donde no te puedes quejar, un país de princesas de pueblo en el que la mayoría solo grita: Sálvame.

Sí señores sí, España me duele……me duele España.

España me duele / Foto: Omar Havana. All Rights Reserved

España me duele / Foto: Omar Havana. All Rights Reserved

Una voz desde Tahrir

Una voz, un nombre, una persona que sigue soñando con poder gritar libertad, esa sensación que entre lágrimas me describía pocas horas después de la caída de Mubarak, esa utopía por la que arriesgó su vida buscando testimonios que contar al mundo.

Un joven bloguero egipcio que hoy, prefiere ocultar su nombre para dar protagonismo a una amiga, hoy él prefiere mantener su identidad bajo un halo de misterio, mientras me recuerda que pronto compartiremos ese “café libre”, como él lo bautizó, que me prometió cuando cayó Mubarak.

Hoy, no puedo entender sus palabras, se nota su nerviosismo, su miedo, según me cuenta sus manos no paran de temblar, probablemente debido a una reacción provocada por la inhalación de los enigmáticos gases que el ejército egipcio está utilizado contra los manifestantes.

Hoy, mi amigo solo me pide que yo solo sea el traductor de un email que una amiga suya ha escrito al mundo, unas líneas llenas de emoción, de incertidumbre, de cambios de sentido en las vidas de una juventud que vuelve a ocupar la plaza Tahrir de El Cairo.

Voces bajo el velo / Foto: Khalil Hamra

 

Una Voz desde Tahrir

Queridos amigos,

En primer lugar, hace tiempo que yo quería escribir sobre el día que pasé en frente del hospital copto en Abbasiyya. Esa terrible mañana del lunes 10 de octubre, cuando nos despertamos rodeados de pura maldad en medio de una brutal y despiadada masacre. Yo desperté en el momento en que mi amigo Ali rompió a llorar al ver a cientos de familias coptas rotas de dolor por la pérdida de sus hijos, amigos y parientes a manos de nuestras fuerzas armadas, me sentí vacía.

Poco después, quise escribir acerca de un maravilloso viaje que hice durante dos semanas a Aswan. Un viaje que confirmó lo que todos ya sabíamos, que las tribus en Egipto siguen marginadas, y que los nubios son las personas más nobles de la tierra.

Después pensé en escribir sobre las próximas elecciones y mi participación en un grupo llamado “Guarda tu voz”, que tiene como objetivo garantizar los derechos de los votantes y la creación de un bloque viable de pensamiento libre dentro del parlamento para oponerse a la legislación anti-democrática sugerida por las fuerzas no democráticas.

Pero hoy, me encuentro escribiendo de nuevo sobre Tahrir. La gente ha estado luchando desde hace cuatro días, su resistencia es admirable. El gas lacrimógeno es insoportable, por lo que nos hemos visto forzados a comprar máscaras de gas en la calle Gumhuriyya, una máscara de gas especial, porque el gas que se está utilizando en esta ocasión es 10 veces peor que el que se utilizó en enero. Nosotros también compramos los suministros médicos, ya que se han creado cinco hospitales de campaña  por los propios manifestantes y estos necesitan constantemente medicinas, agujas, jeringas, etc. Estamos también organizando puntos de encuentro para la que la pueda donar mantas, alimentos y otros suministros, para que sean transportados a Tahrir. Hemos creado equipos de rescate y comprado chalecos reflectantes, para que estos equipos de ayuda puedan siempre estar visibles para atender a los heridos.

Algunos de nosotros están en la línea del frente, otros, como yo, estamos en la parte posterior, quizás presos del miedo. Cantamos “Yasqut Hukm al A’skar” (Abajo el gobierno militar) con toda nuestra mente y con todo nuestro corazón, porque no podemos comprender lo que los militares han hecho con nosotros. Y a veces nos enfrentamos a los que por más de 60 años nos han dicho que el ejército es sagrado, cantando mi lema favorito: “. Askar Aiwa Binihtif ded el ‘” (¡Sí! Estamos cantando en contra de los militares)

En realidad no tenemos ni idea de qué demonios estamos haciendo aquí. Sólo queremos que aquellos que están en la línea del frente, que aquellos que perdieron sus ojos, aquellos cuyos pulmones hayan sido envenenados, que estén seguros. Se trata de asegurarse de que tienen suficiente gente para que no se atrevan a acabar con todos aquellos que están en primera línea luchando. Es solo una cuestión de números. Pero sin mirar más allá, todo esto que hacemos juntos es un milagro que no puedo describir, solo vivir.

Anoche, cuando mi amigo me dio un sándwich de mantequilla de cacahuete, de todas las cosas que pasaban por mi cabeza, solo pensé en lo surrealista de ese momento. No sé qué significa todo esto, pero quiero pensar que estamos en una posición mucho mejor de lo que estábamos hace dos semanas. Estamos muy cerca de declarar el principio del fin de una dictadura militar de 60 años de edad, por lo menos esto es lo que esperamos.

Estoy a punto de regresar a la plaza, pero de todos los días que he querido escribir, este es el momento perfecto, el momento donde el mundo debe saber que Tahrir es una misma voz, y que solo queremos para nuestro país lo mismo que muchas personas tienen en sus países, libertad.

Solo espero que todos estén bien y de tan buen humor como yo estoy en este momento, minutos antes de volver a soñar con un Egipto libre, es hora de volver a la plaza Tahrir.

Las palabras de este email emocionan mientras dibujan una imagen muy diferente a la que durante mucho tiempo medios y gobiernos mundiales nos han querido describir de la mujer árabe, una mujer que en muchos casos sigue escondida bajo un velo de censura, bajo una tela de machismo, prisionera de un pasado que la ha mantenido apartada de la sociedad. Pero es hoy, y a partir de hoy cuando sus voces se escuchan más que nunca y ha sido en esta primavera árabe,  cuando la lucha por los derechos de las libertades que cualquier ser humano, mujer u hombre, merece por el hecho de ser humano ha florecido más fuerte que nunca. Mujeres como la misma Shahira Amin, o como Malika Boussouf, Nadia Hindi, Meryem Demnati, Hayat Zirari, como Naima, Malak, como millones de mujeres que han decidido que esta es su primavera, que es hora de que el mundo escuche la voz que se escondía bajo el velo del silencio.

La voz de la mujer / Foto: Tara Todras-Whitehill

Mujeres valientes y humildes que como la autora de este email luchan alejadas del protagonismo, voces sinceras que sonríen cuando les afirmas que son valientes: “en realidad no. Hay personas que son mucho más valientes que yo, las personas que todavía están allí. Yo salí corriendo, cuando empecé a oler el gas, pero muchos han seguido allí, ellos sí son valientes”.

Soy un refugiado

El Informe de ACNUR “Tendencias globales 2010” calcula que unos 7,2 millones de refugiados viven así en situación prolongada (un mínimo de cinco años), la cifra más alta desde 2001, repartidos en un total de 24 países diferentes. Pakistán fue el año pasado el país de acogida para el mayor número de refugiados en todo el mundo (1,9 millones), seguido de Irán (1,1 millones) y Siria (1 millón), indica este trabajo. África subsahariana acogió a una quinta parte de los refugiados. Otros lugares de acogida destacados son República Democrática del Congo, Kenia, Chad, Etiopía, Bangladesh y Uganda.

Soy un refugiado / Foto: Omar Havana

Los refugiados ascienden a 15,4 millones de personas en todo el mundo. Respecto al origen, los refugiados afganos e iraquíes representaban casi la mitad de quienes estaban bajo la responsabilidad de ACNUR. En Europa, los grupos más numerosos proceden de Serbia y Turquía, mientras América acoge al 8% de los refugiados, sobre todo, colombianos. La situación no es la misma en todos los casos. En la actualidad, el foco de atención radica en el Cuerno de África por ser una de las zonas en crisis. En otras regiones, la situación se considera estabilizada y muchos refugiados permanecen en los campos desde hace años, en un esfuerzo por mantener ciertas rutinas, si bien los campos no siempre llegan a considerarse un verdadero hogar.

Soy un Refugiado / Vídeo: Omar Havana

 

Afganistán olvidado

Mientras las historias de guerra en Afganistán han ocupado durante años todos los titulares alrededor del Mundo, el país de las mujeres invisibles guarda otras realidades que la mayoría sigue ignorando. Poco sabemos del sonido de los gritos de dolor que retumban en los maltrechos hospitales afganos.  Nada se ha publicado sobre esas cicatrices de guerra que no se ven. Nadie nos ha narrado los lloros y lamentos de aquellas para las que el suicidio es la única salida.

Pocas son las oportunidades que un periodista tiene de poder sacar a la luz aquellas historias vacías de sangre y destrucción. “En el mundo del periodismo actual, por desgracia, lo que vende es eso. Precisamente eso. Muerte. Heridos. Violencia. Sangre… Y cuanta más mejor. Mejor un niño hecho polvo por un bombazo que una persona que ha perdido su casa por una inundación… ¿Qué tipo de periodismo quiero hacer? No lo sé… Pero sé cuál no quiero seguir haciendo”, estas palabras las escribió Antonio Pampliega, un periodista sumergido en el Mundo Olvidado de Afganistán.

Afganistán / Foto: Diego Ibarra

Afganistán / Foto: Diego Ibarra

Son historias como la “locura de la guerra” las que hacen que a miles de kilómetros las palabras duelan. Es allí, más allá de la guerra, donde Pampliega nos cuenta la vida y la muerte de un país, oculto, que nunca sale en los medios de comunicación porque a nadie- o a casi nadie- le interesa mostrar su realidad agonizante y en estado de coma.

En Objetivo Afganistán, este periodista lucha para que las voces de los olvidados afganos no sean silenciadas, aunque muchas veces solo sean una treintena de personas quienes se interesen por lo que desde allí escribe. Pampliega es parte de esos que se unen a que este loco planeta no sea un Mundo Olvidado para la mayoría, es de los que se arriesga para que en el Mundo Occidental el sabor del café de las mañanas venga acompañado de historias llenas de humanidad y dolor.

Mientras Antonio nos narra ese Afganistán olvidado, el objetivo de Diego Ibarra nos hace más visible las diferentes realidades que se esconden bajo el burka de la opresión. Sus historias mínimas describen a la perfección la realidad extrema de unas vidas  dominadas por la sinrazón de la guerra. Sus esquinas del otro Afganistán son melodías fúnebres de las que nadie puede escapar.

Quemarse vivas para huir del infierno / Foto: Diego Ibarra

Quemarse vivas para huir del infierno / Foto: Diego Ibarra

Son periodistas como Pampliega e Ibarra los que hacen grande este oficio. Ellos son de los que siguen poniendo un granito de arena para ser los ojos de aquellos que no pueden ver y la voz de los que no pueden hablar. Su locura de la guerra es una ventana a esas personas cuya única salida es quemarse viva para huir de del infierno que supone ser mujer en Afganistán.

 “Los talibanes entraron en el valle de Bamiyán y mataron a mis padres. Me quedé completamente solo. Durante ocho años viví escondiéndome de la gente. Apartado de todos y de todo. Cuando veía a un desconocido le atacaba con todas mis fuerzas porque pensaba que venía a matarme. Mi vida era una auténtica pesadilla porque no podía distinguir lo que era real y lo que no lo era. Un amigo de mi familia me encontró y me trajo a este centro”, extraído de La Locura de la Guerra, escrito por Antonio Pampliega.

Blogs y enlaces recomendados:

Objetivo Afganistán. Diario de Guerra de Antonio Pampliega

Historias Mínimas de Diego Ibarra

La vida más allá de la batalla de Antonio Pampliega

Diego Ibarra Photographer

Artículos Destacados de Antonio Pampliega y Diego Ibarra:

La locura de la Guerra, por Antonio Pampliega

Quemarse viva para huir del infierno, por Diego Ibarra

Ser mujer en Afganistán, por Antonio Pampliega

Esclavos del Siglo XXI, por Diego Ibarra

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