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Una Granada “indignada” estalla en la conciencia de la calle

 

El 12M ha sido esa fecha marcada desde hace meses en el calendario por los indignados de un país, España, que está tocando fondo. Cientos de miles de “indignados” españoles han vuelto a ilusionar a ese medio país que desde hace meses ve cada viernes como sus derechos están siendo fusilados.

Una vez más la Puerta del Sol, ha sido esa entrada principal al Mundo que exige un cambio inminente. Las manos al cielo de una sociedad sometida por políticas pseudo-dictatoriales de gobernantes y bancos han vuelto a ser retorcidas por un sistema donde esos hombres vestidos de azul pueden ejercer libremente su no derecho a dejar cicatrices difíciles de olvidar.

Nadie gana si no ganamos todos / Foto: Omar Havana

Nadie gana si no ganamos todos / Foto: Omar Havana

Medios de todo el Mundo se han hecho eco de las voces indignadas, desde Indonesia a Japón vía Nueva York, con escala en Perú, todos sin excepción han vuelto a acampar junto a vosotros aunque esos otros que dicen tener La Razón sigan empeñados en contar 15 mentiras. Mientras que en Madrid se hablaba con el Sol, en Granada se gritaba Carmen cuando casi diez mil indignados empezaron la marcha desde las Batallas al Triunfo.

Y sí señores, sí, esto si fue una manifestación, y no esas organizadas por sindicatos que representan sus propios intereses, no esas que acaban en mítines donde politicuchos del tres al cuarto se llenan la boca con utopías que ni ellos mismo se creen. Sí señores sí, una vez más el 15M ha demostrado que si alguien puede enderezar el rumbo de este país son ellos. Sí señores sí, que aunque el 15M sea criticado, vilipendiado, o atacado, ellos son los que gritan verdades, y sí señores sí, que aunque muchos les hayan llamado perroflautas, guarros, degenerados y otros miles de adjetivos, son ellos los únicos en este país de princesas de pueblo y panderetas capaces de volver a iluminar la apagada conciencia de una calle necesitada de voz.

El perro del flautista lleva indignado un año / Foto: Omar Havana

El perro del flautista lleva indignado un año / Foto: Omar Havana

Sé que en este momento muchos estarán pensando, ¿pero este no es el mismo Omar que el año pasado los criticó con dureza? Sí lo soy, y no he cambiado, sigo con la misma ilusión apoyando a un colectivo de ciudadanos que lograron hace un año que mi vuelta a España estuviera llena de esperanza, el mismo que criticó aquellos movimientos políticos internos que pocos vieron y que el tiempo ha demostrado que existían, el mismo que recibió amenazas de esos que se suben siempre al carro cuando este va en cabeza por decir que no era el momento de intentar legalizar la marihuana sino el momento de luchar por nuestros derechos, el mismo fotógrafo que fue confundido con un medio de comunicación, el mismo que lleva pensando que el cambio de un país no se puede hacer excluyendo o alejando aquel al que crítica sino escuchando e incluyendo a aquel que no lo apoya. El mismo que nunca criticó al movimiento pero sí a aquellos que querían controlar el movimiento Sí, señores, el mismo. Y por supuesto que sacando punta al lápiz se puede seguir criticando ciertos aspectos de un movimiento que solo lleva un año organizándose, pero como criticar a los únicos individuos a los que no les crece la nariz al hablar de futuro, ¿cómo?

Dentro de unas horas volverá a ser 15M, habrán pasado 365 días desde que una marea amarilla sorprendiera a un país más preocupado porque sus equipos de fútbol asciendan o desciendan que por luchar por esos derechos que cada viernes son robados. Mañana el Sol volverá a lucir con fuerza, y en Granada, mi Granada, Carmen se volverá a vestir de gala, a alzar sus manos al cielo y a gritar “¡que no que no, que no nos representan!

"Carmen" se volvió a vestir de gala / Foto: Omar Havana

“Carmen” se volvió a vestir de gala / Foto: Omar Havana

Todavía hay mucho camino que recorrer, aun resta mucho por conseguir, pero sin duda, sin ninguna duda, si alguien en este país lo puede conseguir sois vosotros 15M, vosotros sin olvidaros que todos, con algunas excepciones como todo en la vida, periodistas, pijos, policías, trabajadores, gente en paro, estudiantes, sobre todo estudiantes, estamos de vuestro lado, porque todos sin excepción soñamos con un país donde los bancos no desahucien, donde los políticos nos escuchen, donde los Gobiernos nos representen, donde los hombres vestidos de azul cambien las porras por abrazos y donde todo ser humano tenga el derecho a que su dignidad no se vea en paro.

Adelante 15M, adelante, y bravo por volver a ilusionar a un país que os necesita, desde que aquí os mando mi apoyo incondicional, ese mismo que desde hace 365 días nunca os he retirado a pesar de mis críticas del año pasado, palabras que no tuvieron otra intención que la de expresar los pensamientos de un “fotero indignado” con un país de equipos de primera y sociedades de tercera. Dentro de poco vuelvo a mi Mundo Olvidado, esa otra realidad donde los críos pasean entre toneladas de basura sus sonrisas eternas, pero no dudéis en ningún momento que desde ese país de rima fácil estaré con vosotros gritando ¡Resistencia!.

¡Resistencia! / Foto: Omar Havana

¡Resistencia! / Foto: Omar Havana

España me duele

“Me duele España” – decía Unamuno -; “¡soy español, español de nacimiento, de educación, de cuerpo, de espíritu, de lengua y hasta de profesión y oficio; español sobre todo y ante todo”.

España sigue doliendo, quizás más que nunca. Casi cinco millones de españoles sufren día a día las consecuencias de unos pocos sin vergüenzas que han hecho que este país se parezca más a la España que Unamuno recitaba que a esa “España va bien” de la que presumían esos políticos que comenzaron la burbuja en la que se encerró nuestro futuro.

España duele al ver que los que deben representarnos, nos utilizan para su propio beneficio. España duele cuando personas de la casa real eligen el “talonmano” como deporte olímpico. España duele cuando los jornaleros andaluces son humillados al romper el “alba” sobre sus cosechas. España duele cuando la mayoría no votante es gobernada por la minoría absoluta de un sistema donde uno más uno nunca hacen dos. España duele, España duele.

Me duele al ver que compañeros son ninguneados cuando se juegan la vida, me duele a leer que la información vale menos de un euro, me duele al escuchar las críticas a las imágenes de la realidad mientras nos rodeamos de gigantes posters de héroes en pantalones cortos que ganan El Mundial, me duele al ver que El ‘nuevo pelo’ de Hilario Pino hace furor en El Mundo y que lo que pasa en el “otro” mundo es mejor no contarlo.

España me duele al ver que la educación se paga con violencia, que la sanidad depende de los años que vivas, me duele que se pida un esfuerzo a los que más necesitan nuestra ayuda, que un elefante tenga que morir para poner en entredicho a esos chupópteros bautizados como realeza.

Me duele escuchar a una víctima de la dictadura afirmar que entonces se vivía mejor que ahora, sí, como un gran compañero me afirmó en esa “Primavera” de la que aquí deberíamos aprender: “España me duele”.

Pero sobre todo, me dolerá en unas pocas horas, entonces España gritará de alegría, no por haber conseguido la libertad que se nos está robando, no porque se haya reducido el número de parados, no porque los bancos hayan dejado de jugar con nuestras vidas, no porque el Gobierno haya por fin escuchado al pueblo al que debe representar. En unas pocas de horas España me dolerá en cada Gol que esos millones sin libertad celebrarán como si su vida por fin se hubiera solucionado…Y es que señores y señoras, España tiene lo que se merece, un país donde hemos confundido el estado de bienestar con el diseño de una televisión de plasma, donde pensamos que luchar por la libertad es colgar una foto de Rajoy haciendo el idiota en un muro de Facebook, donde comparamos una primavera donde chavales de corta edad preferían morir antes de vivir sin libertad, con un invierno donde las manifestaciones eran utilizadas para el beneficio de sindicatos que rara vez defienden al ciudadano.

Pero mañana ese GOOOOOLLLLLLLL!!!!!! de un argentino bajito o de ese chulo portugués hará olvidar esos otros goles por la escuadra de un Gobierno empeñado en acabar con el futuro de un país del que un día me sentí orgulloso. Hoy somos el chiste de Europa, ese país donde no te puedes quejar, un país de princesas de pueblo en el que la mayoría solo grita: Sálvame.

Sí señores sí, España me duele……me duele España.

España me duele / Foto: Omar Havana. All Rights Reserved

España me duele / Foto: Omar Havana. All Rights Reserved

Adela, una niña de la Guerra

En sus ojos azul cielo se refleja la historia de un país, en sus palabras se lee el descontento con un Mundo que bajo su opinión a perdido el rumbo. Esta es la historia de Adela, un ser humano de 88 años, una mujer que ha sobrevivido a una Guerra Civil, que se ha alimentado del miedo de una dictadura, un ser cuyas tortillas de patatas han sido famosas hasta en el programa “Pekín Express”, una persona que por encima de sus historias, es mi abuela.

Mi Abuela / Foto: Omar Havana

Mi Abuela / Foto: Omar Havana

Nació en un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz en una fecha de la que tuvo constancia 22 años después de que sus ojos vieran la luz del día por primera vez. La vida desde muy pequeña se empeñó en mostrar la dureza de un Mundo que se estaba preparando para el horror de varios locos enfermos que por algunos años se creyeron Emperadores Romanos. Hija de un ferroviario y un ama de casa, su infancia estuvo marcada por el estallido de una Guerra Civil que separo a hermanos y familias. Cuarta hermana de un total de cinco, pronto tuvo que experimentar el sabor amargo de la despedida, cuando con tan solo 13 años de edad vio a su hermano partir con el bando republicano hacia el sinsentido de la España de los años treinta.

En un paisaje en fuego, su infancia transcurrió a galope por las calles de una incendiada Madrid buscando todo aquello que poder llevarse a la boca. El miedo nunca fue un agradable compañero para esta guerrillera de la paz, más preocupada por el bienestar de su  familia que por el suyo propio. Con un semblante de resignación cuenta como a los tres meses del estallido de los primeros obuses en las calles de la capital española tuvo que escapar hacia su pequeño pueblo, dejando a su padre detrás, en busca de una paz que no llegaría hasta casi cuarenta años después.

Fue la época del hambre, “comía tantos tomates que la boca me amargaba” cuenta con una sonrisa de niña pilla. “Pasábamos las noches enteras haciendo cola para poder conseguir una barra de pan que compartíamos entre todos, esa era la única comida que podíamos tener durante dos o tres días”.  Pronto la paz que se respiraba en ese pueblo con nombre de cabeza de animal se vería alterada por la llegada de las tropas nacionales, suceso que obligó a su familia a emprender la huida de nuevo hacia una sierra cercana, de la que cada noche bajaban en busca de un mendrugo de pan que llevarse a la boca. “Si la mañana nos pillaba de vuelta, teníamos que escondernos en alcantarillas para no ser alcanzadas por los disparos de las avionetas que pasaban arrasando a todos aquellos que se atrevían a salir a la calle”, me afirma mientras sus ojos se empiezan a mojar al recordar el día que llegó su padre en su búsqueda, “cuando los militares tomaron Cabeza del Buey, mi padre volvió a buscarnos, ese día pudimos disfrutar del mejor manjar que nunca he tenido. En una maleta vieja, él había estado acumulando durante más de dos semanas “chuscos” de pan, ese día fuimos felices al ver tanta comida junta y disfrutar por fin de la compañía y protección de mi padre, con él estuvimos refugiados en unos túneles hasta que tuvimos la suerte de subirnos a un tren con destino Madrid”, ese viaje sin duda alguna marcó su vida para siempre.

Adela (izquierda) con 7 años junto a dos de sus hermanos / Foto: Omar Havana

Adela (izquierda) con 7 años junto a dos de sus hermanos / Foto: Omar Havana

Esos 229 kilómetros que separan su pueblo natal de su ciudad de adopción supusieron 8 días de viaje, varios trenes fueron sus medios de transporte, y la clandestinidad su mejor aliada. Su entrada a Madrid a bordo de ese camión, una epopeya más propia de El Fugitivo que de una niña de tan solo 14 años de edad, “cuando el ejército rojo nos encontró a bordo del tren no echo sin mediar palabra, entonces tuvimos que esperar hasta poder subirnos a bordo de un camión donde nos tuvimos que refugiar dentro de unos grandes tubos de cemento, así atravesamos la línea de fuego. Como mercancías veíamos como las bombas caían del cielo, pero al fin pudimos llegar hasta la que sería nuestra última “choza” antes del final de la guerra”.

Mientras los soldados rojos, bando al que ella apoyaba, se batían en retirada, la salud de Adela se resquebrajaba, la tensión de ese pasado hostil había hecho que con 17 años no hubiera tenido su primera menstruación, la sangre empezaba a acumularse en su estómago, llegando a temer incluso por su vida. Fue precisamente eso, el final de esta barbarie, lo que probablemente salvo la vida a esta niña. El diagnostico de un doctor que trató su “extraña” enfermedad insufló esperanza en una vida marcada por el temor, la incertidumbre y la cobardía mientras se preguntaba ¿qué será de nuestro futuro bajo la dictadura del General Francisco Franco?

Desde entonces su vida discurrió a caballo entre su querida Madrid y su pequeño pueblo extremeño, donde al poco tiempo conoció al amor de su vida, Juan. Empezó a trabajar por cinco pesetas al día (0,03€) planchando los uniformes de los soldados del bando ganador, mientras pasaba el mayor hambre que nunca ha sentido. En uno de esos bailes que tanto le gustaba, conoció a este apuesto extremeño que acababa de salir de la cárcel por pertenecer al ejercito republicano, pronto volverían a detenerle cuando una rica mujer le señaló como “rojo”, fue trasladado al campo de concentración de Castuera, donde fue juzgado y sentenciado a seis meses de cárcel. Su fusilamiento hubiera sido seguro de no haber pertenecido a una familia más o menos acomodada y franquista hasta la médula, la cual vendió un olivar para poder salvarle la vida, cifrada en 20.000 pesetas (120€), este era Juan un rojo empedernido, hijo de una familia facha hasta las cejas. Al poco tiempo, Adela recibió una de las mejores noticias que recuerda, su hermano del que no sabían nada desde el comienzo del conflicto, aparecía en casa, tras ser liberado de otro campo de concentración, el de Vallecas, por fin la familia estaba reunida. “Pasé temor por todo lo que estaba pasando, por las noches cuando estaba en mi pueblo, escuchaba a los soldados nacionales cantar y tocar el violín, borrachos a mas no poder, después de fusilar en el cementerio a los prisioneros rojos que tenían detenidos, aunque supe que nunca matarían a mi Juan, ya que su padre era un miserable de derechas”.

Su boda fue un momento feliz, aunque el júbilo se convirtió en llanto el día que se vio “secuestrada” con un hijo de tan solo tres meses de vida, y una nueva familia que determinaba su existencia. Sus “ovarios” extremeños dijeron hasta aquí hemos llegado, y cargando a su pequeño vivió nueve años separada de un marido que no la hacía caso. Fue una época donde limpio oficinas, comedores, y donde gracias a su buen hacer la hicieron encargada de un almacén de vivieres de la RENFE, su sueldo le parecía una fortuna, 325 pesetas en el año 1953, esto unido a los “sablazos” que le metía a las existencias le parecía el equivalente al tesoro de las minas del Rey Salomón , “al día vendía unos 50 litros de vino a los obreros, pero yo lo mezclaba con agua, con lo que pagaba menos por el vino, el dinero que me ahorraba al bolsillo, del jamón que comían los jefes, las mejoras lonchas iban para mi casa, si me hubieran pillado sisando a diestro y siniestro no hubieran dicho nada, porque ellos mangaban mucho más que yo. El sisar ha sido mi trabajo favorito, y lo será hasta el día que me muera”. Al poco tiempo, su marido volvió con el rabo entre las piernas, y Adela, le dio una segunda oportunidad que duraría hasta la muerte de este hace casi once años. El deseo de un futuro sin hambre para su pequeño la llevo a alquilar una habitación donde ejerció un oficio que nunca le gustó, la peluquería. A 10 pesetas el corte de pelo y 25 las permanentes, su sueldo se veía incrementado poco a poco, y así el futuro se empezaba a despejar para esta luchadora.

Adela con 20 años / Foto: Omar Havana
Adela con 20 años / Foto: Omar Havana

En 1957, nacería la otra razón de su felicidad, la pequeña “Adelita”. Fue el momento donde dejó de trabajar para cuidar de su hija recién nacida. Aunque al poco tiempo, y tras comprar su casa, se vio obligada a hincar la rodilla en tierra para fregar las escaleras de los señores de los que habla con un respeto impoluto. Al mismo tiempo, Juan ascendía en su trabajo en RENFE, en pocos años pasó de ganar 3000 pesetas al mes a 20.000, en ese momento, la paz llegó a su existencia. Vinieron los nietos y desde entonces el recuerdo de la guerra y del hambre marca su día a día, “yo he pasado mucha hambruna y ninguno de mis nietos pasará hambre mientras yo tenga dos manos con las que poder alimentarlos” reza su filosofía de vida.

El final de Franco, el “hijo de puta criminal mayor de España” como ella le ha bautizado, llegó por fin, y el mundo empezó a girar en un sentido que no le gusta. “El mundo está que da lástima, solo hay guerras, armas nucleares, terrorismo, y esto no me gusta, que mundo va a tener esta juventud que no respeta a los mayores y se piensa tener libertad para hacer todo aquello que quieren”, afirma.

En su mirada se refleja la historia de un país que vivió tiempo revueltos, aunque el presente como ella misma afirma no es menos tumultuoso que el pasado. De Bush opina que es un “criminal igual que su padre”, de la Iglesia “lo peor del Mundo es el clero”, de la política actual mejor ni habla, aunque suelta la coletilla, “Zapatero es un tonto sin firmeza y Rajoy un mentiroso al que solo le interesa La Moncloa y no la gente, Bono es el mejor político de España y la Chacón tiene dos cojones”. Adela no deja a títere con cabeza cuando abre la boca, en esta entrevista ha hecho un repaso a todas aquellas figuras que han marcado la España post-Franco, “Adolfo Suarez, un buen político en un mal periodo, Calvo Sotelo un fascista, Felipe González miró por el obrero pero fue un malnacido porque me quitó la paga, Aznar un desgraciado que ha machacado al pobre”, respiro un poco, me hace falta. “Soy del Real Madrid, pero solo veo los partidos de la selección española, Iniesta y Casillas son dos fuera de serie”.

Esta es la vida de Adela, mi abuela. Todos tenemos dos, y poco conocemos de ellas, nos creemos que por su vejez sus palabras están vacías de significado y nos olvidamos de que en sus ojos está escrita la historia más reciente de nuestro país. Sus vidas no deben de ser un Mundo Olvidado, más bien un reflejo donde aprender de dónde venimos y analizar a dónde vamos. Esta mujer de 88 años que se recorre con minifalda y carmín rojo en los labios las calles de Granada tiene muchas más voz que esta juventud empeñada en quemar sus problemas en drogas y alcohol.

Adela, Juan y sus dos hijos, en 1964 / Foto: Omar Havana

Adela, Juan y sus dos hijos, en 1964 / Foto: Omar Havana

Ella nunca pudo ir a la escuela, escribe y lee con dificultad, pero incluso en estas condiciones abre el libro que narra la vida de su heroína por excelencia, Mariana Pineda, y sueña con una vida que por desgracia nunca pudo tener. “Me hubiera gustado ser policía criminalista o médico forense”. A pesar de haber vivido una guerra, de haber perdido a casi toda su familia, de haber pasado hambre, y ser abandonada por su marido su cara sonríe cuando afirma “el momento más feliz de mi vida fue el nacimiento de mis dos hijos, el más triste, umm, el más triste, ninguno, si yo he trabajado como una burra, triste, ninguno”.

La “Spanish Revolution” llega a Granada

El Mundo la ha bautizado como la “Spanish Revolution”, una revolución que pide democracia, que aboga por la paz, que grita libertad. Ciudades de todo el país acampan, la fiebre de justicia se contagia rápidamente por toda Europa, ciudades como Roma, Londres, Paris imitan esta demostración de hermandad, de creencias, de filosofía, de consenso, de ganas de cambiar un Mundo que hasta ahora les ignoraba.

Poco pan para tanto chorizo a las puertas del Ayuntamiento de Granada / Foto: Omar Havana

Personas de todas las edades, niños, mayores, mujeres, hombres reclaman eso que un día llamaron como los derechos humanos, esos en los que se dice que todo ser humano tiene derecho a vivir una vida digna, algo que hasta ahora en España solo podían ejercer unos pocos. La ola de democracia que acecha en estos días al viejo continente nació en las personas, en esos mismos que no pueden llegar a final de mes, esos seres humanos que lloran al ver que sus vidas no son vidas, que sus frigoríficos están vacíos y sus estómagos hambrientos. Cinco millones de parados, otros tantos de mileuristas y solos unos cuantos que siguen predicando despropósitos contra unos seres humanos que han dicho BASTA YA.

La plaza del Sol madrileña es hoy esa plaza de la liberación, los rincones de la capital respiran libertad, cambio, justicia, será un camino largo, pero tendrá un buen final. Las demás ciudades se contagian de este efecto dominó, Barcelona, Valencia, Toledo, Vitoria,…, Granada, mi Granada.

Casi 2000 personas acampados en la Plaza del Carmen de Granada / Foto: Omar Havana

Tan solo hace dos días, se vivía el lamentable desalojo de la plaza del Carmen, lugar elegido para esta acampada pacifica, algunos policías empleaban una violencia injustificada contra unos doscientos acampados, con sus libros por escudos se defendían del autoritarismo practicado durante muchos años por las fuerzas del orden de este país. Tan solo 48 horas después, son ellos, los mismo policías quienes confiesan que están deseando quitarse ese uniforme azul y sentarse en esa plaza donde todo es hablado, discutido, compartido, en ese lugar donde el “buen rollito andaluz” luce con su máximo resplandor.

Hoy, casi 2000 personas, según fuentes de la policía local, llenaban un lugar que se ha convertido en el símbolo de la democracia de esta ciudad, todo es dialogo, consenso, corrillos donde todo se habla, se vota, y se acuerda. “Esto no hay quien lo pare”, confiesa uno de los acampados allí, “estamos haciendo historia”, afirma otro. Y entre tanto, parece que a algunos de esos señores “entrajados” que tanto han mandado en este país les ha entrado una repentina diarrea. Hace dos días todo era despropósitos, descréditos, hoy sin embargo, todos quieren subirse al carro de esta democracia creada por el pueblo, hoy esos señores politicuchos quieren no perderse esa foto donde sonreír dando el apoyo a ese pueblo que no hacía tanto ignoraban, olvidaban, dañaban.

Ahora la historia la escribimos los seres humanos / Foto: Omar Havana

Granada sigue gritando democracia, Granada sigue pidiendo libertad. España ha empezado esta revolución, Europa empieza a caminar en la misma dirección. Quedan tan solo tres días para unas elecciones que prometen ser históricas, para unos comicios donde tendrán que cambiar su forma de gobernar. Quedan tan solo 48 horas para la jornada de reflexión, y las manifestaciones están prohibidas para esas fechas. Desde sus tronos de poder quieren obligar a España a reflexionar, haciendo oídos sordos a que España ya ha reflexionado, y ya ha llegado a una conclusión: no hay pan para tanto chorizo. Es la hora de la indignación, es la hora del cambio, es la hora de Granada, de Castellón, de Santander, de Pontevedra…Es la hora de España.

Indígnate / Foto: Omar Havana

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