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Españoles en la Cochinchina. Parte Final, La Guerra de Vietnam y Luis Roldán

De todos los episodios sucedidos en esta parte del Mundo, quizás sea la Guerra de Vietnam el más presente en nuestras mentes. Como no conocer la visión yanqui de este conflicto, miles de veces narrado por la industria cinematográfica americana. Una mirada patriótica, cargada de fervor e ignorancia por la mayoría de los occidentales, quienes olvidan las historia de todos aquellos vietnamitas, laosianos o camboyanos que sufrieron las consecuencias del horror americano.

Muchas de estas historias son solo recuerdos que necesitan ser olvidados, como me afirmaban los conductores de “rickshaw” de Saigón, mucho de ellos son ex combatientes vietnamitas olvidados en las fauces del capitalismo que cada día inunda más esta parte del continente asiático.

Algunas de esas historias fueron contadas por españoles….

La Guerra de Vietnam

En agosto de 1965 Franco envió una carta al presidente americano Johnson en la que le manifestaba sus simpatías por la guerra de Estados Unidos en Vietnam. Pero el dictador español también le anunciaba la derrota americana: “Política y militarmente su guerra la tienen perdida debido a que el comunismo social agrada al pueblo vietnamita ya que ofrece más posibilidades que su sistema liberal occidental” sentenció el Caudillo. La carta de Franco finalizaba con unas sorprendentes frases de admiración hacia el líder comunista Ho Chi Minh. Paradójicamente, la pesimista opinión de Franco no fue óbice para que autorizara satisfacer la petición norteamericana de que un contingente de médicos militares españoles acudieran echar una mano en aquella guerra perdida.

El 16 diciembre de 1965 el Secretario de Estado, Dean Rusk, se preparaba para apremiar a Franco. Las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, necesitaban con urgencia total que médicos españoles acudieran a la provincia de Go Cong, en pleno delta del Mekong, donde, calculaban, cubrirían las necesidades sanitarias de 60.000 personas, según se desprende del informe personal y confidencial que le entregaron a Rusk en la fecha indicada. Rusk insistió y finalmente un contingente de médicos y sanitarios militares españoles fueron reclutados para una misión que no se descubriría hasta mucho tiempo después, dando paso a la intensa historia humanitaria de los españoles en Vietnam que La Vanguardia reveló el 11 de enero de 1998.

En total participaron tres equipos. El primero partió en 1966 y regresó a finales del 67. Luego fueron relevados por otro, y éste por un tercero. Participaron 30 militares, y la presencia española en Vietnam se prolongó durante dos años, puesto que el segundo y el tercer destacamento sólo permanecieron en el país asiático seis meses. A todos ellos los reclutaron aquí y allá, en secreto. Tanto es así que varios estaban destinados en el desierto del Sáhara y unas horas después se vieron caminando en plena vegetación vietnamita acompañados del continuo tableteo de los helicópteros y del olor a napalm.

Como habían solicitado los mandos militares norteamericanos, el destino de los médicos españoles fue la localidad de Go Cong, en pleno delta del Mekong, a 45 kilómetros al sur de Saigón y a apenas a siete kilómetros de las playas del mar de la China. El local asignado fue un pequeño, deteriorado e insuficiente hospital de 150 camas aproximadamente, en estado semirruinoso y pintado de color amarillo.

Casa española en Go Cong, Vietnam

Al llegar a Vietnam, los españoles se cuidaron de distinguirse de los estadounidenses. Los vietnamitas les bautizaron “tai-ba-nha”, que significa precisamente “los españoles”. Las relaciones con la población civil fueron tan buenas que los habitantes de Go Cong nombraron a uno de los puentes que cruzaban los brazos del delta del Mekong “can tai-ba-nha”, que significa “puente de España”.

Pero, no hay que llevarse a engaño. Go Cong no era un lugar cómodo. Estaba cerca de la “ruta Ho-Chi-Minh”, por donde cruzaban los Vietcong y el delta del Mekong era uno de los lugares donde se combatía más ferozmente. Cuando los españoles viajaban a visitar enfermos, lo hacían en jeep y a toda velocidad, “por si disparaban desde entre los arrozales” en palabras del coronel Faúndez, uno de los médicos que vivió la experiencia.

El capitán Faundez y el brigada Pérez desciende de un helicóptero de la companía Air America

El “pequeño, deteriorado e insuficiente hospital” como se describe en un informe oficial del Ejército español el dispensario de Go Cong, era una de las pocas esperanzas en la zona contra el paludismo, el tétanos, la metralla y el napalm. Pero los medios eran muy escasos. Había 150 camas y la media de ingresados era de 400. Lo más frecuente era que varios pacientes compartieran cama y que debajo se acomodaran los acompañantes. Los medicamentos y el plasma eran escasos, pese a la extendida idea cinematográfica de que la logística de U.S.A. era capaz de llevar helado de postre a los combatientes en primera línea. El relato de un oficial americano revela cómo se paliaban las carencias los españoles: “Parece increíble, pero vi cómo el doctor español insertó un tubo de transfusión en su propia vena, mientras seguía operando a una mujer vietnamita que padecía un tumor”.

El comportamiento humanitario de los militares españoles fue reconocido por el enemigo de EE. UU. Ocurrió durante la fiesta del Tet. La residencia española fue atacada por el Vietcong con fuego de mortero, ametralladoras y fusil. Al día siguiente se produjo otro ataque de mortero. Un trozo de metralla hirió a uno de los oficiales españoles y mató a ocho vietnamitas que hacían de guardia en el centro. En el informe sobre el incidente consta que tras estos hechos, soldados del Vietcong detuvieron los vehículos en los que se viajaban por la región los médicos de la misión española y les pidieron perdón por los daños, porque la guerra no iba contra ellos. Había razones para la disculpa: el 70 por ciento de la población atendida en la misión española eran Vietcong.

El entonces teniente médico Antonio Velázquez, hoy general en la reserva, tras una defensa de sacos terreros y junto a un soldado vietnamita en el delta del Mekong. 1969

El 30 de abril de 1975, el Vietcong tomó Saigón y puso fin a treinta años de conflagración bélica, primero con los franceses y luego con EE. UU. Fue una guerra extraña, la primera guerra post moderna, donde nadie sabía muy bien dónde estaba el frente y en la que los soldados americanos no tenían las ideas muy claras de por qué estaban allí. Drogas, rock, ficción y terror en la jungla, la guerra de una época que marcó con sangre a la sociedad estadounidense. Fue el conflicto de tres presidentes, de la eclosión de los hippies, del movimiento de derechos civiles, de Jimi Hendrix, de MC5, de The Doors (“This is the end… My o­nly friend”) y de grandes manifestaciones pacifistas.

Fue la primera guerra televisada: las familias estadounidenses podían ver morir a sus hijos casi en directo en los telediarios. Hasta el cine recreó con profusión el conflicto del Sudeste Asiático, y por ello conocemos los burdeles de Saigón o la tragedia del regreso a casa de soldados de los que nadie quería saber nada. Unos ex combatientes que a la humillación de la derrota tenían que unir un rechazo social que no comprendían. Vietnam fue también un conflicto en que las fuerzas armadas de EE. UU. no tuvieron el control de los medios de comunicación (nunca volvieron a cometer tal error), y no supieron evitar que centenares de periodistas se mezclaran con sus soldados y enviasen al resto del mundo crónicas y fotos nada alentadoras. Vietnam continúa siendo hoy una cicatriz dolorida para U.S.A. Quizás por eso, en el imaginario colectivo norteamericano se sigue buscando respuestas a través del cine y la literatura.

Mientras las historia de los médicos españoles en el delta del Mekong son ignoradas por la mayoría de los que solo conocen esta guerra a través de películas como “Platoon” o “La Chaqueta Metálica”.

El primer grupo de españoles que llego a Vietnam en 1966 estaba compuesto por:

Comandante Medico Argimiro García Granados, Capitanes Manuel Vázquez Labourdette (del Cuerpo de Intendencia, encargado de la parte administrativa y logística), Médicos José Linares Fernández, Luciano Rodríguez González, Francisco Faúndez Rodríguez, Teniente Practicante Manuel García Mejias, Subtenientes Practicantes José Bravo López-Baños, Francisco Pérez, Brigadas Practicantes Ramón Gutiérrez de Teran, Joaquín Baz Sánchez, Juan Pérez Gómez, Juan Outon Barahona.

Los Doce de la Fama

En los últimos años, el sudeste asiático se ha convertido en el destino preferido de millones de turistas, en busca de unas vacaciones baratas en lugares paradisíacos. Playas donde el sexo es la moneda de intercambio, bares repletos de mochileros “puestos hasta las trancas” de cócteles y chupitos, o mercados repletos de todo tipo de viajero en busca de la ultima ganga que llevar de vuelta a casa, son imágenes comunes de esta parte del Mundo con una historia cargada de violencia e intereses.

De los últimos visitantes españoles, quizás llame la atención Luis Roldán. El 28 de Febrero de 1.995 el ex-director de la Guardia Civil fue entregado a la policía española en el aeropuerto de Bangkok, la capital de Tailandia, la entrega fue efectuada con una documentación falsa del gobierno de Laos que nada sabía de su extradición, por mediación de Francisco Paesa.

Muchos son los españoles que visitan la Cochinchina, un nombre que en nuestra tradición se usaba para definir a aquellas personas que estaban muy lejos de nosotros, “es que te vas a la Cochinchina”, me solía decir mi abuela cuando empezaba a viajar por esta zona del Mundo. Personas anónimas o famosas, como Rafa Nadal quien estuvo no hace mas de dos semanas en Bangkok por primera vez, disputando el torneo de la capital tailandesa, o como el individuo Coto Matamoros, quien no hace muchos meses, apareció en un programa de telebasura española, previo pago de una buena suma de dinero, afirmando no haber estado en Phuket ( Tailandia) de putas, aunque este tipo de periodismo de otro color se lo dejamos para que otros los cuenten en sus llamadas “crónicas periodísticas”, en “Mundo Olvidado” preferimos hablar de la historia de aquellos españoles que ayudaron en cierto modo a la construcción de esta parte del Mundo, como los médicos españoles que habitaron en el delta del Mekong durante la guerra de Vietnam, o como los aventureros españoles que hace ya casi 500 años, como hacemos los españoles expatriados en esta zona en la actualidad, llegaban a las costas de la Cochinchina en busca de un “Nueva Vida”.

Me gustaría cerrar esta serie de “Españoles en la Cochinchina”, con una frase del doctor Faúndez, uno de los cuatro médicos de aquella primera expedición, “Cuando llegamos a Saigón (el 8 de septiembre de 1966) aquello era un hervidero. Las bombas caían continuamente sobre la ciudad, los coches volaban y el ruido era ensordecedor. Pero la gente andaba por la calle como si tal cosa. Intentaban hacer su vida normal. Se habían acostumbrado”. A sus 70 años, un jubilado Faúndez afirmaba, “¿Recuerda aquella escena de Apocalypse Now? ¿El despegue de los helicópteros con la música de Wagner? Lo veíamos todo el tiempo. Era exactamente igual. La labor que teníamos era imposible de acometer. La población civil sufría un porcentaje elevadísimo de tuberculosis crónicas, casos que no merecían la pena desde el punto de vista americano. Enfermos de paludismo, disentería y hepatitis compartían las camas, a veces dos y tres personas, con civiles heridos por las minas, y comían lo que sus familias les llevaban. Los niños con paludismo cerebral llegaban por docenas. Aunque los tratamientos existían, esos críos entraban ya en coma. Morían a montones. A veces, también ingresaban Vietcong. Un día trajeron a uno, de 30 años. Le habían atado con alambres los pulgares de los pies. Su hermano ciego le visitaba. Se sentaban en la cama, espalda contra espalda, y hablaban. De vez en cuando, uno lloraba”.

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Tenemos que remontarnos a 1936 para volver a encontrar alguna nueva relación entre España y la Cochinchina. Años de dominación francesa en la zona, declarada como la “Indochina Francesa”.

 

Mapa de Indochina

 

En ese maldito 36 para nuestro país, año del fracasado intento de Golpe de Estado del 17 de Julio que dio lugar a la Guerra Civil Española, los republicanos crearon una falsa embajada de Siam en la calle Juan Bravo nº 12 de Madrid, que servia de señuelo para atrapar falangistas, y donde un “conocido estafador”, Antonio Verardini Díez, comandante del Ejército Popular, se hacía pasar por embajador para atraer a personas de buena posición económica a las que supuestamente iba a dar asilo, pero a quienes, en realidad, asesinaba y robaba. Esta casa de la calle Juan Bravo era conocida como la “checa de los servicios”.

Al compás de las guerras fratricidas de la península, aumentaban las filas de la Legión Francesa. El gobierno francés se aprovechó de los exiliados españoles para sus intereses militares fuera del viejo continente y de paso evitó los problemas que pudieran generar dentro de su territorio. Políticamente, la Legión Francesa sirvió de pago en la “Cuádruple Alianza”. Durante la Primera Guerra Mundial, los nacionalistas catalanes vieron en ella un instrumento útil para sus objetivos independentistas y miles de españoles engrosaron los batallones de la Legión. El último alistamiento masivo, aunque condicional, lo constituyó el contingente republicano al concluir la Guerra Civil.

La Batalla de Dien Bien Phu

De los republicanos españoles que pasaron a Francia terminada la Guerra, unos 15.000 se alistaron en la legión extranjera, algunos de ellos terminada la Segunda Guerra Mundial fueron llevados a combatir en Vietnam y estuvieron en la batalla de Dien Bien Phu. Algunos, como Robert Pujol, pasaron a Indochina, y en Dien Bien Phu luchó y cayó prisionero el legionario José Cortés. Otro ejemplo es Antonio Palanco Pérez, un onubense de Valverde del Camino, alistado en 1950, que tras su estancia de dos años en Indochina, regresó a Argelia, donde consideró que la vida de instructor legionario era muy monótona y solicitó volver por otros dos años… En total, serían más de mil los españoles que estuvieron a lo largo de la campaña militar en Indochina, más de mil historias, unas trágicas y otras heroicas, pero todas apasionantes…

 

Los primeros heridos y muertos en Diên Biên Phu del II/1° RCP (Regimiento de Cazadores Paracaidistas). Fecha 04/54.

 

Con la derrota francesa en Dien Bien Phu en 1954, la Indochina Francesa fue borrada del mapa, creándose cuatro estados independientes: Camboya, Laos, Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. Se calcula que unos doscientos españoles lucharon en Dien Bien Phu, la mayoría pertenecía al 2ª Batallón Extranjero de Paracaidistas del comandante Liensenfelt. Se conoce la existencia de algunos desertores entre nuestros compatriotas, españoles que se unieron a luchar con las tropas del Viet Minh de Ho Chi Minh (quien, a modo de curiosidad, hablaba un casi perfecto español).

 

2ª Batallón Extranjero de Paracaidistas en Dien Bien Phu

 

En un ejemplar de la revista de Interviú, a principios de los ochenta, apareció un reportaje sobre un español, canario, ex legionario, que había luchado en Dien Bien Phu y que después de la guerra no había regresado con los franceses y terminó instalándose en el norte de Tailandia, según informa Joaquín Mañes Postigo en su libro “Españoles en la Legión Extranjera Francesa”.

 

Españoles en la Legion.../ Autor: Joaquín Mañes

 

Como informa Mañes en su libro, durante la guerra de Vietnam, se repatriaron unos dieciséis españoles, ya desertores o prisioneros del Viet Minh, que al finalizar la guerra en 1954, optaron por quedarse allí, integrándose en ese entorno, casándose y teniendo hijos. El coste de la operación lo asumió la CIA para obtener información. El caso más sorprendente fue el del médico Ripoll, quien luchó en la guerra como legionario destinado en una antena quirúrgica de campaña y después se instaló en Phnom Penh, capital de Camboya, asociándose con una de las esposas del rey Norodom Sihanouk para montar una clínica.

El “Doctor” Ripoll

El Doctor Ripoll Fonte, catalán, veterano de la Legión Extranjera y Cruz de Guerra Francesa, fue de los últimos en salir de Hanoi antes de que se convirtiera en la capital del Vietnam del Norte. Se instaló como médico en la capital de Camboya, Phnom Penh, donde hizo muchos y buenos contactos. Amigo del General Camboyano Susten Fernandez, Comandante de la Región Militar Sur y posteriormente Jefe del Estado Mayor del Ejercito Camboyano.
El General Fernandez era un militar católico, no muy habitual en Camboya, y amante de todo lo hispano, varias veces había viajado a España, lo que mas le sorprendió es la cantidad de Fernandez que había, su apellido era de lo más raro del mundo en su país. Sus antepasados habían llegado a Camboya a finales de siglo XVI desde Filipinas, en una expedición española que pretendió conquistar el país jemer.

Dien Bien Phu, supuso la primera gran victoria para las tropas del “tío Ho” como le llaman cariñosamente los vietnamitas. Batalla que supuso el final de la dominación francesa de esta parte olvidada del Mundo. Pero pronto, otro de los nuevos países con ansias colonizadoras pondría sus ojos en los campos de arroz que cubren el paisaje de lo que fue la Indochina Francesa.

La Guerra de Vietnam, supuso el primer gran fracaso del capitalismo americano. Una guerra sin sentido, que muchos años después sigue sumando victimas. Una guerra recordada millones de veces por las películas de gran presupuesto de Hollywood, pero olvidada para las miles de personas que han perdido la vida desde su final, victimas de las minas y restos de bombas esparcidos por toda la zona.

Un capitulo mas de la historia de la humanidad con presencia española, como veremos en la última parte de “Españoles en la Cochinchina”.

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Como hemos puesto de manifiesto en la primera parte de “Españoles en la Cochinchina”, queda claro que el afán aventurero de unos cuantos de nuestros compatriotas ha enriquecido la historia del país de la piel de toro.

Aunque por desgracia, como sucedió en la conquista de América y posteriormente se repitió con el “mercenario” Blas Ruiz, el ansia de expansión de los antiguos monarcas españoles siempre estuvo impregnado de la sangre de las personas a las que se quería convertir al cristianismo. La religión siempre fue la perfecta escusa para poder campar a sus anchas en los nuevos territorios. Aunque, como también demuestra la historia, estos primeros aventureros fueron pagados a menudo con la misma medicina, esta vez, administrada en los brazos de una justicia que casi nunca era justa.

Son muchas las referencias, como afirmábamos antes, de españoles que emprendieron su aventura en esta parte del continente asiático. Después de que la Cochinchina no fuera más interesante para el Gobierno de Filipinas, tuvieron que pasar decenas de años para encontrar nuevas narraciones de españoles en esta parte del Mundo.

Expedición franco-española

La situación interior y exterior de nuestro país no puede decirse que fuera muy prometedora; España permanecía a la sombra de las grandes potencias europeas, se sentía deslumbrada por su desarrollo capitalista y el afán imperialista y expansionista que aun entonces persistía en las mentes de nuestros dirigentes, lo que les llevó a firmar el “Tratado de la Cuádruple Alianza” con Francia, Inglaterra y Portugal, un Tratado que resultó ser mucho más ventajoso para Francia e Inglaterra que para los países de la península Ibérica.

 

Mapa de Tonkin

 

El 31 de Agosto de 1.858 se presento en Vietnam conjuntamente, la flota hispano-francesa bajo el mando del almirante francés Rigault de Genouilly, y el coronel español Ruiz de Lanzarote. Fueron victorias tras otras. Después de la muerte, en septiembre de 1857, del vicario apostólico del Tonkin central, el dominico español José María Díaz Sanjurjo (Melchor de San Pedro para sus fieles), una expedición de castigo de unos 3.000 soldados franceses, españoles y filipinos conquistó Danang, la principal ciudad de Vietnam central, en septiembre de 1858. De los trece buques que participaron inicialmente en la expedición de Indochina, solo uno era español. Se trata del Elcano, que, además, era el que tenía menor capacidad de fuego, con solo dos cañones y 75 tripulantes, mientras que la fragata francesa Némesis, por ejemplo, tenía 52 cañones. Más tarde el Elcano fue sustituido por el vapor Jorge Juan, con seis cañones y 175 tripulantes. Unos meses después, se dirigieron hacia Vietnam del Sur, en aquella época conocida como la Cochinchina, y tomaron la ciudad de Saigón, que ya entonces tenía más de 100.000 habitantes. Finalmente, en mayo de 1862, el emperador vietnamita Tu Duc pidió que se iniciaran las negociaciones de paz que se concretaron en el Tratado de Saigón. Era el nacimiento de la Indochina francesa, en el que España colaboró de forma significativa.

 

Conquista de Saigón, 18 Febrero 1859 / Autor: Antoine Léon Morel-Fatio

 

Tras conquistar Danang, en el Vietnam central, la coalición europea rehusó atacar el corazón del imperio de Vietnam en el norte y miró hacia el sur, a la Cochinchina y a su capital. Saigón eras entonces una ciudad fronteriza, situada en la fértil desembocadura del Mekong, ganada a los camboyanos, y en donde vivían los recelosos de la autoridad central del reino de Annam. París temía atacar de entrada Huê, la capital vietnamita, y veía más factible sitiar Saigón, a pesar de las presiones de los misioneros, que preferían que la expedición arremetiera contra el norte (porque allí se concentraba la mayor parte de los cristianos vietnamitas) y de los españoles, que querían ir a Tonkin, por su cercanía a las Filipinas.

 

Hue / Foto: Omar Havana

 

El gobierno de Napoleón III recelaba de los misioneros españoles, “más ardientes y fanáticos que los franceses”. El primer gobernador de Cochinchina, el contralmirante Bonard, los acusó de ser antiguos guerrilleros e incluso de carlistas. Pero, en cualquier caso, España apenas incordió a los franceses ni hizo valer su presencia en Filipinas para conseguir mejores resultados; había confiado ciegamente en Napoleón III y había embarcado a sus tropas con la única ambición de castigar la muerte del dominico, sin exigir garantías y sin apenas coordinación entre la península y el gobernador de Filipinas.

Además la expedición contó con aliados locales. Por un lado, el reino de Siam (la actual Tailandia), un enemigo tradicional de Vietnam que siempre estaba dispuesto a colaborar con los europeos contra su vecino. Por el otro, Camboya, con un poderío mucho menor, pero que también ha buscado siempre contrarrestar la hegemonía de sus vecinos. Francia fue un mal menor para los camboyanos, que se echaron en manos de los franceses para luchar contra el dominio vietnamita, como hubieran hecho contra los thais de Siam.

Un año después, los franceses ocuparon Camboya y una década más tarde, el norte de Vietnam. En 1902 habían conseguido unificar toda Indochina y España apenas había sacado beneficio de la campaña. Las tropas regresaron a Filipinas y la historia oficial española empezó a olvidar la expedición.

 

Soldados Filipinos

 

Han pasado varias decenas de años, y de toda la presencia de españoles en la Cochinchina, solo resta un pequeño cementerio franco-español del siglo XIX, en el que están enterrados decenas de soldados de ambos países, un camposanto en el olvido en el centro de Vietnam, engullido por la creciente industria de los alrededores. En el interior sólo destacan entre los muros vacíos un sobrio altar blanco de escayola y otra placa, también en francés, en la que se lee:”a la memoria de los combatientes franceses y españoles de la primera expedición Rigault de Genouilly, muertos entre 1858 y 1860 en estos lugares”.

 


Cementerio de soldados españoles en Vietnam

 

Alrededor del edificio, asoman entre la maleza las lápidas de los soldados, la mayoría anónimas, aunque en algunas todavía se pueden leer inscripciones, como la dedicada en español ‘a la memoria de Juan Mauhorat y Soriell’, o a la del teniente Juan Román, muertos en combate en mayo de 1859.

Efe Nguyen Van Khoan, miembro de la Academia de Historia y Ciencias de Vietnam, de 80 años y quien de joven ejerció varias veces de intérprete de Ho Chi Minh, relata en un delicado francés aprendido en la escuela cómo algunos lugareños siguen llevando obsequios a las tumbas abandonadas en fechas del Tet o Año Nuevo Lunar vietnamita, “les regalan flores e incienso porque piensan que todos los muertos necesitan ser cuidados, no les importa que sean de extranjeros ni que vinieran a hacer la guerra contra Vietnam, para los vietnamitas son sólo almas que flotan en el cielo”.

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Desde que llegué al país del Angkor Wat, la búsqueda de personas o realidades que me recuerden a mi madre patria siempre ha sido una de mis prioridades. Quizás sea la gran distancia que separa España del país asiático, pero ha sido aquí donde más he sentido la necesidad de reencontrarme con mis raíces latinas.

Camboya es el séptimo país donde vivo, y las escasas posibilidades de entablar una conversación en el idioma de Cervantes, es una más de las frustraciones que añadir a las muchas que he encontrado en los tres años que llevo residiendo en este país olvidado. La comunidad española en este momento se compone de varias decenas de personas, la mayoría de ellas residentes en la capital Phnom Penh. Sin embargo, en la ciudad de los templos de Angkor, se pueden contar con los dedos de una de las manos las personas que provienen de la Península Ibérica.

Cual fue la sorpresa que me llevé a los pocos meses de llegar a este país, cuando alguien me comentó que pocos años después de la “Invasión Asesina de América” por las carabelas de Cristóbal Colón, un tal Blas Ruiz llegó a ser nombrado Gobernador de una de las provincias de la Cochinchina. No hace muchos días esta historia volvió a mí, con el libro de Javier Nart, “Viaje al Mekong”.

 

Mapa de la Cochinchina

 

Blas de Ruiz y el descubrimiento de Angkor

Aunque no es hasta mediados del siglo XIX, cuando en Occidente se supo de la existencia de los templos de Angkor, gracias al explorador francés Henri Mouhot. 300 años antes, los españoles ya habían desvelado la belleza y majestuosidad de los legendarios templos. El honor de ser los primero europeos en poder admirar la grandiosidad de Angkor, perteneció a los misioneros españoles, Gabriel Quiroga de San Antonio y Diego Aduarte, quienes ya narraban en sus cartas dirigidas al rey Felipe III a principios del siglo XVII, las experiencias vividas en Camboya por aventureros españoles llegados a ese reino a finales del XVI en busca de fortuna y nuevos territorios para la Corona de España.

Corría el año 1567, cuando los primeros misioneros llegaron a Siam (Tailandia), fueron los dominicos Jerónimo de la Cruz y Sebastiao do Canto, aunque fueron asesinados solo dos años después de su llegada. Pero fue en 1592 cuando encontramos al que probablemente es el español más famoso de los que hemos intentado buscar una nueva vida en este país tan alejado de nuestros hogares.

Se llamaba, Blas Ruiz de Hernán González y había nacido en La Calzada, provincia de Ciudad Real. Blas de Ruiz, marchó a América de muy joven donde se casó con una mujer muy adinerada. Con la fortuna pero sin la mujer, se desplazó a Filipinas, donde compró un navío, reclutó una tropa con su dinero, y se marchó a Camboya en busca de riqueza y poder. En su primer viaje Ruiz marchó a Lovek (antigua capital de Camboya al sur de Phnom Penh) donde conoció a Diego Veloso, un mercenario portugués, nacido en Amarante, al servicio del rey Satha de Camboya. Mientras estaban allí, Lovek fue invadido por tropas del reino de Ayutthaya, Siam.

 

Reproducción de Lovek / Autor: Francois Valentyn

 

Detenidos por las tropas siamesas en 1593, fueron separados y Veloso se convirtió en rehén real mientras los otros tres fueron encerrados en un “junco chino” con destino Odia, antigua capital de Siam, con parte del botín del saqueo de la ciudad de Phnom Penh . Ambos convencieron a la tripulación china para robar el botín del barco, ayudados por prisioneros camboyanos exterminaron a la guardia siamesa y pusieron rumbo a Malaca (Malasia). Allí intercambiaron luchas y opiniones con los chinos y tras su victoria enfilaron hacia Manila, con un valioso botín y muchas menos personas para repartirlo.

 

Junco Chino

 

Mientras tanto, el Rey de Siam, viendo que no llegaba el junco con los tres prisioneros se dejó convencer por Diego Veloso, para despacharlo a Manila y que averiguase el paradero del junco desaparecido. Al llegar a Manila se encontró con Ruiz donde urdieron la idea de volver a Camboya para restaurar al rey Satha en su trono de Lovek. Así ambos convencieron al gobernador de Manila, Luis Dasmariñas, para fletar una expedición a Camboya, y así zarparon el 19 de enero de 1956, con un barco al mando de Juan Juárez Gallinato, y dos juncos gobernados por Ruiz y por Veloso con 120 hombres y tres dominicos en tarea evangelizadora: fray Alonso Jiménez, fray Diego de Aduarte, futuro cronista de la empresa, y el lego Juan de Deza, barbero y cirujano. Subieron por el río Mekong hasta Chordemuco (hoy Phnom Penh, capital de Camboya), donde encontraron un país dividido en distintas facciones y gobernado por un nuevo rey, Anacaparan. Al ir a desembarcar, los soldados les amenazaron con matarles, pero Ruiz y Veloso no se dejaban asustar fácilmente, esperaron a la noche, saltaron a tierra, incendiaron el palacio, matando a un gran número de personas entre las que se encontraba el nuevo Rey.

 

Mapa de Siam ( año 1686)

 

Veloso y Ruiz perseguían la idea de seguir en la conquista de Camboya, por lo que pidieron a Juárez Gallinato que les desembarcaran en la costa de Cochinchina, Juárez Gallinato accedió y ambos aventureros se dirigieron por tierra a Alachan (Lant-Chang, hoy Vientiane, capital de Laos). Al llegar allí supieron que Praincar Langara el rey Camboyano en el exilio y sus dos hijos mayores habían fallecido, quedando el hijo pequeño su madrastra, su abuela y sus tías.

Convencieron a la familia real para ir a la conquista y recuperación del trono de Camboya, con la ayuda del Mandarín Ocuña-Chu, 6000 laosianos, y los jefes Lacasamana, y Cancona. Bajo el mando de Ruiz y de Veloso, consiguieron poco a poco someter las distintas provincias y sujetar a los mandarines, acabando por coronar y restituir al rey legitimo en su trono. En premio a su audacia y valentía la familia real les nombró gobernadores de las provincias de Tran y Bapano.

Aunque pronto las luchas por el poder volvieron, las envidias por la posición política de Ruiz y Veloso dieron lugar a ataques contra los españoles, hasta que un día las fuerzas de Laos atacaron el cuartel español, matando a un fraile y algunos de los japoneses que habían venido con ellos desde Manila. Ruiz y los suyos decidieron vengarse matando a Cancona y a algunos mandarines.

La situación política y el poder de los dos “mercenarios”, condujo a frecuentes enfrentamientos entre españoles y malayos. El conflicto se generalizó, los malayos y la muchedumbre se lanzaron sobre españoles portugueses y japoneses. Acorralados, murieron todos a excepción de Juan de Mendoza que consiguió hacerse al mar y huir a Manila para dar cuenta de lo sucedido.

Después de muertos los españoles, el rey fue asesinado y el país quedo en la absoluta anarquía. Y así, sin haber obtenido al final ninguna ventaja política o comercial, acabaron las expediciones españolas al reino de Camboya.

Muchas son las historias y leyendas en torno a Angkor, sirviendo de inspiración para algunos versos del insigne poeta español Luis de Góngora, incluso se dice que estos relatos de los primeros aventureros españoles en la Cochinchina, sirvieron de base para uno de los episodios del Quijote, de Miguel de Cervantes.

A los historiadores les sorprende que inscripciones y documentos hallados en Camboya, donde reina  la pauta oriental de la indiferencia hacia la historia, recojan las aventuras de Ruiz y Veloso, a quienes presentan como «hijos adoptivos de Satha». En recuerdo de los españoles un grupo de camboyanos levantó en 1934, en la salida de Neak Luong, ubicada en la carretera que une Phnom Penh con la frontera vietnamita, un sencillo monumento en honor de aquellos aventureros capitaneados por Ruiz y Veloso.

 

Monumento a Ruiz y Veloso

 

Haciendo de nuevo referencia al libro de Javier Nart, y reproduciendo con exactitud sus palabras, “Hay una novela escrita por Ruydiard Kipling de la que se ha hecho una notable película: El hombre que pudo reinar. Esa hubiera podido ser también la historia de Blas de Ruiz y su amigo portugués”.

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